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Tesis sobre el sujeto de la soberanía nacional

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Tesis sobre el sujeto de la soberanía nacional

por Iñaki Gil de San Vicente - La Haine 

Una de las necesidades perentorias es la de estrechar los lazos entre las naciones oprimidas, entre sus fuerzas revolucionarias.

Nota: Texto elaborado tras el debate realizado en Marin, Pontevedra, el pasado 23 de Julio, sobre el tema Soberanía nacional contra a opresión do capital, organizado por el PCPG y CN do Marin.

1. EL SUJETO, LA CLASE Y EL PUEBLO 
2. LAS TRES FASES HISTÓRICAS 
3. EL OBJETIVO DE LA FASE ACTUAL
4. LO CASI IMPOSIBLE Y LO MUY PROBABLE 
5. LAS TRES REFLEXIONES CRÍTICAS

1. EL SUJETO, LA CLASE Y EL PUEBLO

1. Hablar de la soberanía nacional de un pueblo oprimido exige definir quién es el sujeto que construye y conquista esa soberanía. A la vez, fijar conceptualmente el sujeto exige precisar qué independencia quiere y necesita ese sujeto: es el mismo debate pero con dos áreas unidas. El proyecto social y el colectivo que quiere construirlo, o viceversa, el colectivo y el proyecto que lo materializa con su lucha. La teoría del sujeto es parte de la teoría de las clases sociales, pero también la transciende para entrar en otras áreas del marxismo, como la filosófica, la ética, la política, etc., aunque en el debate sobre las clases también debemos recurrir a estas áreas y a otras, como la crítica de la economía política. Ahora, aquí, no podemos extendernos sobre el sujeto en general, sólo sobre el que practica la lucha independentista y socialista. Nos centramos, por tanto, en la clase obrera o mejor, en la nación trabajadora gallega.

2. ¿Por qué utilizamos el concepto de «nación trabajadora» en vez del de nación a secas? Porque expresa mejor el contenido teórico y político del marxismo originario, dialéctico, y porque en el capitalismo actual, es más necesario recurrir a él que a mediados del siglo XIX. En la literatura marxista abundan conceptos como «nación trabajadora», «pueblo trabajador», «pueblo obrero», e incluso «pueblo militante», «pueblo revolucionario», etc., cuando el simple análisis teórico general y abstracto debe avanzar hacia lo concreto, hacia las sociedades específicas en las que se libra la lucha de clases real, cuando la teoría general y común debe enriquecerse con lo particular de las luchas concretas en las que intervienen activa y conscientemente amplias franjas explotadas lideradas por la clase obrera, por el proletariado.

3. Cometemos un error profundo cuando hablamos de «teoría de las clases» porque para ser fieles al método marxista siempre tenemos que hablar de la «teoría de la lucha de clases» ya que en ella lo históricamente decisivo es la lucha política de clases. Pues bien, la teoría marxista de la lucha de clases relaciona cinco niveles insertos en la totalidad de la lucha: Uno, el que sostiene que nunca se puede definir a la clase obrera sin definir a la vez, en el mismo acto, a la clase burguesa, porque nunca existe explotado sin explotador; es decir, es imposible saber qué es una clase social sin saber cual es su opuesta y cómo luchan entre ellas. Sin embargo, la mayoría de debates, discusiones y «teorías» sólo tratan el problema de la existencia o no de la clase obrera, pero apenas se niega la existencia de la burguesía y de su conciencia política.

4. Dos, el que sostiene que existe una clase trabajadora objetiva aunque no tenga conciencia de ser explotada, aunque no haya desarrollado conciencia-para-sí, sino que durante períodos más o menos largos sólo tiene un sentimiento difuso y muy débil de clase-en-sí, objeto pasivo en manos de la clase capitalista, que sí tiene conciencia de clase-para-sí. La existencia objetiva de la clase obrera no significa que exista sociopolíticamente, como fuerza social consciente con objetivos políticos precisos. Sectores más o menos amplios del pueblo y de la clase trabajadora han apoyado y apoyan abierta o solapadamente a su burguesía imperialista.

5. Tres, el que explica que ambas clases fundamentales se dividen en fracciones, en franjas y en grupos, que varían y cambian al son de los cambios del sistema y de la lucha de clases en su interior; y además, que entre ambas dos clases decisivas -el Trabajo y el Capital, con mayúsculas- existen otras clases, fracciones, castas, élites, etc., intermedias en permanente cambio. La pequeña burguesa vieja y nueva, las llamadas «clases medias», «autónomos», etc., son los fundamentales colectivos intermedios entre el Trabajo y el Capital.

6. Cuatro, el que explica que la definición básica y general de las clases obrera y burguesa sólo sirve a nivel abstracto, siendo necesario a la vez concretar esas abstracciones en las formas particulares que adquieren en cada sociedad, en cada pueblo y en cada momento histórico: siempre hay que utilizar la dialéctica entre lo genético-estructural y lo histórico-genético. En unos momentos deberemos hablar sólo de dos grandes clases unidas a muerte en una lucha descarada, latente o invisible; pero otras muchas veces deberemos precisar con minuciosa sofisticación varias clases, subclases, fracciones de clase, alianzas de clase, etc. Lo más frecuente y lo óptimo en el plano de la praxis, es que siempre desarrollemos esta dialéctica de los múltiples niveles internos de la realidad.

7. Y cinco, el que explica que la extrema y creciente complejidad de las formas de explotación directa o indirecta, de salario oficial u oculto, en la economía sumergida, del trabajo doméstico no mercantilizado pero vital para el capitalismo, de trabajo precario, a tiempo parcial o a destajo, o con el tiempo fijado por convenio, etc., esta realidad actual que nos recuerda al capitalismo manufacturero y de la primera industrialización pero con las condiciones de control, vigilancia y represión de comienzos del siglo XXI, integra obligatoriamente a las mujeres, a la juventud y cada vez más a la tercera edad, a las culturas, pueblos y naciones, a los grupos autoidentificados por su especificidad sexual, cultural y vivencial propia. Y los integra porque son parte objetiva de la fuerza social del trabajo explotada por el Capital, aunque no tenga conciencia de ello, produzcan directamente valor o no.

8. La teoría marxista de la lucha de clases es una teoría relacional, de interacción de realidades móviles, y del papel central de la conciencia política en el conocimiento de las clases en lucha. Es una teoría de relaciones múltiples entre niveles cambiantes que aparecen y desaparecen al son de la evolución general de la lucha de clases en su globalidad, lucha que nunca puede ser reducida esquemáticamente a la lucha fabril, economicista, sino que abarca a la totalidad de conflictos sociales por muy distantes que parezcan estar de esa estricta lucha fabril. La lucha de clases no se libra sólo en el área de la producción, sea en una fábrica mugrienta o en su laboratorio desinfectado, sino también en la de la circulación y realización, y en el entero proceso de la reproducción del capital, lo que quiere decir que las clases sociales también están presentes en estas áreas y en la reproducción en su conjunto.

9. Sintéticamente hablando, todos los conflictos sociales terminan remitiéndonos en último análisis a la lógica burguesa del máximo beneficio que internamente estructura todas las formas diferentes de explotación, opresión y dominación en lo cultural, étnico, nacional, etc.; en lo patriarcal, sexo-género, reproducción biológica, etc.; en la mercantilización de la naturaleza, en lo socioecológico, etc.; de la permanente aparición, cambio y desaparición de formas de explotación, opresión y dominación en la realidad extra-fabril, cotidiana, interpersonal, que generan «nuevos sujetos», «movimientos sociales», en las realidades de las esferas no sólo de la producción, sino también y sobre todo de la circulación y realización del beneficio, no sólo de la producción sino especialmente en la reproducción del capitalismo.

10. Los conceptos de «pueblo trabajador», de «nación trabajadora», etc., son especialmente válidos en estos niveles particulares porque integran en una totalidad concreta precisa y diferenciada de las circundantes, a todas las clases y franjas sociales explotadas, oprimidas y dominadas en situaciones históricas de larga duración, con estructuras políticas y sociales en las que los factores lingüístico-culturales, de memoria popular, de identidad reprimida, etc., juegan un decisivo papel aglutinador y provocador de la conciencia crítica. Estos conceptos sintetizan en un todo a la gran mayoría de la población sometida a dos explotaciones: una, la que sufre por parte de su propia burguesía, y otra la que sufre por parte del Estado ocupante. Ambas, la burguesa autóctona y la extranjera, forman una unidad económico-política pactada a lo largo de la historia. Por ejemplo, el colaboracionismo de la burguesía vasca con los Estados español y francés, o de la galega con el español, sin extendernos más ahora.

11. La evolución del capitalismo está reafirmando la valía de estos conceptos abarcadores e integradores también para los pueblos que oficialmente no sufren opresión nacional porque disponen de su propio Estado reconocido internacionalmente, pero que sí la sufren en la práctica debido a la traición de sus «burguesías nacionales» que aceptan y cumplen las feroces exigencias socioeconómicas y políticas de Estados más poderosos, y de los poderes imperialistas transnacionales. Esta «nueva» opresión nacional cada día más descarada e innegable, ya en germen durante el tránsito del siglo XIX al XX precisamente por las deudas financieras de imperios debilitados y Estados en crisis, descarga sobre los pueblos obreros, sobre las naciones trabajadoras los sacrificios impuestos por poderes extranjeros y por las «burguesías nacionales» oficialmente «independientes», pero que prefieren obedecer al exterior para mantener parte de sus beneficios, que arruinarse defendiendo a sus propios pueblos.

12. Desde luego que existe una diferencia fundamental e insalvable entre las «viejas» y «nuevas» opresiones nacionales: las primeras son cualitativamente más duras e insoportables que las segundas, que las «nuevas», porque las naciones trabajadoras que sufren las «viejas» opresiones ni siquiera tienen un Estado propio en el que reforzar su lucha de clases contra el capital «nacional» y transnacional, una lucha mixta, defensiva en unas cuestiones y ofensiva en otras, pero imprescindible. Los pueblos ocupados por Estados extranjeros están cualitativamente más indefensos que los pueblos que al menos tienen su Estado aunque vendido a poderes transnacionales. Esta diferencia es decisiva para entender la teoría marxista de la autodeterminación de los pueblos, que en el capitalismo mundializado actual, pasa por la conquista del poder independiente y la construcción de un Estado de la nación trabajadora que impulse el internacionalismo socialista contra la uniformidad imperialista.

13. Veamos algunos ejemplos recientes que muestran la idoneidad de estos conceptos: uno, la imposición de la UE contra las ayudas a la industria naval en el Estado español; otro, los aplausos de la UE a la medida del Estado español de anular la vigencia de los convenios colectivos; además, la exigencia implacable de la UE de que los pueblos del Estado español paguen la llamada «deuda»; y por no extendernos, los sistemáticos recortes de derechos y libertades especialmente necesarios para las clases trabajadoras, con la excusa de la llamada «salida de la crisis». En un primer análisis general y formal, todos los ejemplos citados afectan directamente a lo que entendemos como clase obrera en el sentido amplio, a escala del Estado; pero una vez que necesitamos profundizar en la complejidad del capitalismo estatal y de la opresión nacional inherente a él, debemos estudiar cómo se concretizan en cada nación oprimida esos y otros ejemplos, cómo toman forma específica aquí en Galiza, en los Països Catalans, en Andalucía, en Euskal Herria, en Aragón, en Castilla, etc.

2.- LAS TRES FASES HISTÓRICAS

14. Estos ejemplos son actuales, casi de ahora mismo, pero muy fácilmente podemos descubrir sus identidades sustantivas con otras medidas antiobreras y antipopulares del pasado, del mismo modo que podemos descubrir la continuidad y discontinuidad en la lucha de clases dentro de Galiza, y de sus relaciones con la larga opresión nacional que sufre desde, por poner una fecha decisiva, la tenaz resistencia del exterminado reino de Galiza a su «doma y castración» por parte del reino de Castilla. La represión de la Revuelta Irmandiña en la segunda mitad del siglo XV, inaugura una larga historia de permanencia y cambio en las relaciones de clase en su seno, y del papel de la conciencia nacional preburguesa, burguesa y/o proletaria en el seno del pueblo explotado, pueblo que, al tomar conciencia-para-sí durante el capitalismo va dando cuerpo a la nación trabajadora galega presente.

15. Hablar de «conciencia nacional preburguesa» suena a herejía, pero no podemos extendernos ahora. Lo hemos planteado para mostrar que el debate sobre las clases, pueblos y naciones, sobre el sujeto en general porque debemos introducir siempre la explotación patriarcal, sólo tiene solución dentro de una crítica de la historia oficial, la dominante, la escrita por la minoría explotadora. Desde la mayoría explotada la historia es otra cosa, y en su interior destacan los largos y lentos períodos de calma relativa, con los cortos, rápidos e intensos estallidos revolucionarios. Entre la lentitud y la rapidez destacan las reordenaciones globales. La composición de las clases y de los pueblos, de los sujetos todos, en suma, también es afectada por tales reordenaciones.

16. Dicho a grandes rasgos, las reordenaciones sancionan el cierre de una fase global de la explotación y el comienzo de otra, permitiendo al capitalismo lanzarse con todos sus bríos por nuevas sendas una vez puesto orden en su interior. ¿Qué orden? Pues el que atañe a las contradicciones fundamentales del sistema: aplastar a las clases explotadas y trabajadoras; destruir las obsoletas fuerzas productivas y facilitar la aplicación masiva de nuevas tecnologías; derrotar a las burguesías y Estados competidores obligándoles a aceptar las exigencias de las burguesías victoriosas; imponer nuevas monedas fuertes, nuevas leyes económico-financieras y de regulación del mercado internacional, y extender e intensificar la expansión mundial del capitalismo bajo una nueva hegemonía imperialista. Hasta el presente, las tres reordenaciones europeas se han desplegado oficialmente sólo después de atroces guerras internacionales en las que ha vencido un bloque burgués sobre otras burguesías, y la burguesía en conjunto sobre las clases trabajadoras y las naciones oprimidas.

17. Según el resultado de las guerras, las reordenaciones se institucionalizan, adquieren carácter oficial e internacional, bien mediante la rendición incondicional o pactada del bloque social vencido, o mediante algunas negociaciones formales que sancionan legal e internacionalmente las exigencias del vencedor sobre el vencido. No profundizamos ahora en el papel de la guerra en el capitalismo sobre todo en sus momentos de crisis sistémica, pero sabemos que éstas comienzan por contradicciones económicas endógenas, que rápidamente adquieren contenido político acelerando las tendencias objetivas hacia la militarización y la guerra. En la historia de Europa ha habido tres grandes reordenaciones de esta índole: la que tomó cuerpo legal en el Tratado de Westfalia de 1648 tras la guerra de los Treinta Años; la que tomó cuerpo en el Congreso de Viena de 1815 tras las guerras napoleónicas; y la que tomó cuerpo en los acuerdos de Yalta y Potsdam en 1945 tras la gran crisis de 1914-1945. Estamos en la cuarta, pero sin un recurso a la guerra, por ahora.

18. Desde el siglo XVII, dos leyes tendenciales capitalistas destacan, además de otras, en el accionar las reordenaciones Una es la ley de la perecuación que explica por qué los capitales abandonan los negocios menos rentables para ir a los más rentables. Y la otra es la de la concentración y centralización, que explica que los capitales más fuertes se comen a los más débiles a la vez que se reducen los propietarios de capital. Naturalmente, estas dos leyes están a su vez sometidas a las presiones de las contradicciones internas del capitalismo, a la ley de la caída tendencial de la tasa media de ganancia, etc., pero incidiendo sobre ellas. De hecho, las reordenaciones son alternativas desesperadas del sistema para salir de sus periódicas crisis globales.

19. La historia político-económica, diplomática y militar muestra cómo las burguesías se apoyan cada vez más en sus Estados para dirigir esas leyes en su beneficio exclusivo y para debilitar a las burguesías competidoras, obligándoles a aceptar sus condiciones. El capitalismo funciona, durante los períodos de relativa «normalidad», sin mayores ingerencias estatales, pero según aumentan las dificultades de realización del beneficio, las resistencias obreras, la competencia de otras burguesías, y según avanza la crisis, las burguesías refuerzan sus Estados, sus ejércitos, etc., a la vez que exigen sumisión pasiva a las clases explotadas y claudicaciones a las burguesías competidoras. Las burocracias estatales van adaptándose con mayor o menor efectividad a las necesidades socioeconómicas de sus burguesías respectivas.

20. El «libre cambio» exterior y el proteccionismo interior no son una invención reciente del neoliberalismo sino que existían antes del capitalismo y lo encontramos muy activo ya en los siglos XIV y XV. La «libertad de mercado», la «globalización», etc., son tan antiguas y permanentes como la economía comercial y mercantil aunque sea precapitalista, pero sólo con el capitalismo han desarrollado todo su poder expansivo y exterminador. Las reordenaciones europeas han respondido a estas interacciones entre las fuerzas económicas y políticas, que han llegado a plasmarse en guerras internacionales, mundiales, para acelerar así su funcionamiento. A lo largo de estos períodos, la forma-Estado ha ido variando tanto en su interior como en su exterior, pero manteniendo una identidad básica: el monopolio de la violencia, la protección de la propiedad capitalista y la potenciación de los beneficios burgueses. Sin estos y otros cambios burocráticos los Estados más poderosos no podrían presionar con efectividad a otros más débiles, ni a sus propias clases explotadas y pueblos ocupados.

21. Los colectivos explotados, desde las clases trabajadoras hasta los pueblos y naciones oprimidas, pero también las clases propietarias, incluidos los sucesivos modos de integración del patriarcado en los modos feudales y capitalistas de producción, esta extremada complejidad ha evolucionado a su vez dentro de la totalidad arriba descrita, influyéndola. Hemos hablado de la Rebelión Irmandiña y tras este repaso podemos decir que existe una línea roja que recorre aquella lucha con otras luchas posteriores, con la mantenida no hace mucho por las masas trabajadoras de Vigo en defensa de la industria naval, o con las movilizaciones contra el Prestige, o la actual en defensa de la lengua y cultura galega, y con los valiosos esfuerzos por ir acercando en la práctica a todas las fuerzas independentistas, empezando por la juveniles. La historia de Galiza, como la de todo pueblo, también está influenciada y hasta determinada por los vaivenes impuestos por las fuerzas imperialistas desatadas por las reordenaciones.

3.- EL OBJETIVO DE LA FASE ACTUAL

22. Sin embargo, ahora mismo la burguesía europea se encuentra inmersa en una cuarta reordenación que se diferencia de las anteriores por cuatro circunstancias específicas. Una, la definitiva mundialización del capitalismo, de la ley del valor-trabajo en concreto. Dos, la pervivencia de una crisis sistémica con características «nuevas», lo que añade factores de incertidumbre antes desconocidos. Tres, la aparición de competencias interimperialistas nunca existentes lo que dificulta en extremo las estrategias del imperialismo occidental en general y del euroimperialismo en concreto. Y cuatro, la «inconveniencia» de recurrir a una nueva Gran Guerra o guerra mundial para desatascar los obstáculos que impiden aplicar rápidamente las soluciones que se han ido planificando antes incluso de que la cuarta reordenación tomó cuerpo definitivo allá por 1992 en el Tratado de Maastricht, por citar una fecha decisiva.

23. La crisis de 2007 ha supuesto una excusa perfecta para que el bloque de clases dominante en la UE multiplique sus agresiones a los colectivos explotados. Con la excusa de la crisis, la euroburguesía endurece el ataque neoliberal ya iniciado a finales de los ’70, ampliado en los ’80 y multiplicado desde la implosión de la URSS. La experiencia de la clase obrera alemana es totalmente esclarecedora al respecto: el llamado «Estado del bienestar» (¿?) alemán ha sido desmantelado en grandísima parte, y con él ha sufrido un golpe demoledor la estructura interna del proletariado clásico alemán, multidiviéndolo, precarizándolo, debilitándolo. Otro tanto sucede en las clases trabajadoras «centrales» de la UE, como la británica, golpeada a muerte sobre todo desde 1984, por no hablar de las «periféricas».

24. Lo que está sucediendo es que la cuarta reordenación tiene como uno de sus objetivos prioritarios destruir el movimiento obrero y popular que se lanzó a la lucha prerevolucionaria y radical que sacudió a Europa –y a otras partes del mundo- entre finales de los 1960 y mediados de l980, lucha que zarandeó a muchos Estados burgueses y que, sin embargo, es prácticamente desconocida por la juventud actual. Una de las fundamentales tareas que la burguesía encarga al reformismo tras superar una oleada larga de luchas radicales y prerrevolucionarias es la de destruir la memoria combativa, impedir el aprendizaje teórico extraíble de ella, abrir un abismo entre aquellas luchas y el presente para abortar toda insurgencia futura acabando con toda posibilidad de re-radicalización, imponer la «normalidad social», encauzar el malestar popular por las trampas de la politiquería parlamentaria hasta ahogarla en el pesimismo derrotista. El eurocomunismo cumplió esa función, entre otras, como también ha cumplido la de reforzar el nacionalismo imperialista en el Estado español, y el eurocentrismo en la llamada «izquierda europea». Pero como el reformismo es necesario siempre a la burguesía, excepto cuando ésta opta por el fascismo, la industria de la alienación de masas recrea nuevas modas reformistas una vez agotadas las anteriores.

25. La amnesia impuesta desde dentro a las clases trabajadoras, al pueblo en su conjunto, ha logrado que la juventud desconozca lo esencial de la teoría de la lucha de clases, y que proliferen las modas ideológicas de usar y tirar sobre el definitivo final de esa crucial lucha, sustituida por la «movilización ciudadana». En las naciones oprimidas, la desmemoria también azota a bastantes izquierdas independentistas, incluidos sectores abertzales. Precisamente cuando el Capital ataca con una dureza brutal a la misma existencia del Trabajo como colectivo con posibilidad latente de autogenerar conciencia-para-sí, precisamente ahora empezamos a comprender la terrible devastación político-intelectual y ética causada por la lobotomía teórica sufrida desde finales de la década de 1960.

26. En los pueblos trabajadores nacionalmente oprimidos la ofensiva del Capital contra el Trabajo es también ofensiva del Estado ocupante contra la nación ocupada. La amnesia que sufren algunos independentismos socialistas es aquí más grave y peligrosa porque sectores relativamente amplios de sus naciones y hasta de ellos mismos, creen contra toda evidencia que la UE, puede ayudarles a obtener una independencia verdadera, es decir, la que les garantice el no saqueo de sus riquezas y bienes producidos en beneficio de la euroburguesía, la que acabe con la transferencia de valor del pueblo oprimido al Estado ocupante, la que facilite un avance sustancial en las condiciones de vida y trabajo basado inevitablemente en un recorte en los beneficios de la burguesía autóctona y del Estado ocupante, además de en otras medidas que también afectan negativamente a esta burguesía. Una independencia que avance resueltamente al socialismo en la medida de sus posibilidades.

4.- LO CASI IMPOSIBLE Y LO MUY PROBABLE

27. La burguesía es oportunista por excelencia, carece de escrúpulos morales y su lema es el máximo beneficio. Por ello nunca es descartable que en determinadas condiciones la burguesía apoye movimientos nacionales burgueses, pero porque redundan en el aumento del beneficio propio y de su poder político, y porque debilita y hasta puede derrotar para siempre al independentismo popular y obrero. El imperialismo apoyó y apoya nacionalismos reaccionarios allí donde le convenga, incluso los crea artificialmente falsificando la historia popular, organizando gobiernos títeres apoyados con todos los medios, también con las armas. Las llamadas «ciencias sociales», la sociología, antropología, historia, etc., pueden justificarlo todo en beneficio de imperialismo. Por ejemplo, la burguesía europea está muy interesada en «pacificar» Euskal Herria.

28. Pero existe una frontera que la clase capitalista nunca traspasará, un poder que jamás dejará perder: la frontera es la propiedad privada de las fuerzas productivas, y el poder es el Estado. Dependiendo de las circunstancias, la clase dominante puede ceder en casi todo, puede negociarlo casi todo aferrándose a su demostrada sabiduría e instinto mercantil para intercambiar esto por aquello, cediendo en lo insustancial pera reforzar lo sustancial durante el tiempo que necesite para recomponer sus fuerzas y contraatacar para aplastar al pueblo trabajador. Además, el entramado legal, institucional y de poderes diferentes en la UE es tan enrevesado y laberíntico que permite algunas autonomías de funcionamiento que jamás contradicen lo básico del euroimperialismo. Teniendo esto en cuenta, en determinadas circunstancias pueden generarse márgenes de maniobra aprovechables por procesos de liberación, pero siempre que respeten la esencia imperialista de la UE, su contenido capitalista.

29. Tales márgenes pueden ser utilizados por una parte de la UE para reforzar sus posiciones internas contra otra parte, favoreciendo algunos movimientos regionalistas burgueses, conservadores en extremo, e incluso a nacionalismos reformistas que apoyan y aplican severas medidas antipopulares en sus países, movimientos pro-sionistas y eurocéntricos, en modo alguno antiimperialistas, que mantienen relaciones de colaboración socioeconómica práctica con la burguesía estatal ocupante, aunque discrepen en lo nacional. La imaginación es libre, y podríamos imaginar que según fueran las tensiones inter-burguesas, y según los peligros para el sistema en su conjunto por la fuerza de los independentismos revolucionarios, según estos y otros factores, la UE podría apoyar muy condicionadamente determinadas «soluciones regionales» con la condición inexcusable de la derrota de sus fuerzas revolucionarias.

30. La llamada «geometría variable» de los Estados es muy anterior al capitalismo, es tan vieja como los mismos Estados, ha funcionado en todas y cada una de las tres reordenaciones europeas anteriores y ahora mismo es masivamente aplicada en lo relacionado con la soberanía financiero-económica, política, militar, tecnocientífica y de una forma muy sibilina pero perfecta en lo policial y cultural-identitario burgués con la propaganda de la «ciudadanía europea» integradora e incluyente. «Geometría variable» impuesta por las potencias ascendentes en detrimento de las descendentes. En este nivel de elucubración necesaria, que la heurística marxista aplica como parte de su método dialéctico, es admisible la posibilidad de una ayuda de la UE a algunos procesos de «secesión» burguesa, es decir, burguesa, o sea, basada en la explotación interna y en la asunción incondicional por la burguesía autóctona de la nueva dominación exterior: se sale de una vieja cárcel para entrar en otra más moderna.

31. Puede creerse que tal posibilidad casi imposible se transformaría en probabilidad y ésta en necesidad real, realizable, si la izquierda independentista y la nación trabajadora asumieran algunos «sacrificios» reversibles y transitorios que convencieran de sus buenas intenciones a la pequeña y mediana burguesía, incluso a sectores decisivos de la «burguesía nacional», sumando así estas su fuerza de masas a las negociaciones con el Estado opresor y con la UE para avanzar a una independencia formal basada en una «justicia social» y en una «democracia participativa» más desarrolladas. No vamos a exponer aquí la inagotable lista de desastres y derrotas populares que ha originado esta táctica, sí vamos a exponer las contradicciones estructurales que determinan su fracaso.

32. El capitalismo mundial tiene una capacidad productiva instalada que desborda con creces la capacidad de consumo de la humanidad entera. El potencial de la tecnociencia puede reducir al mínimo el tiempo de producción inundando los mercados con bienes que apenas se venderían, incluso aumentando la obsolescencia programada y volviendo a neokeynesianismos insostenibles porque la producción de valor encuentra obstáculos crecientemente insalvables debido a que se multiplica exponencialmente la esencia improductiva del sistema. Cada día masas ingentes de capital excedentario en la esfera de producción de bienes de producción y en la de bienes de consumo se vuelcan en el casino financiero, en el narcocapitalismo, sexocapitalismo y armamentismo, y en la dilapidación suntuaria más obscena y cínica. Los tímidos esfuerzos por controlar el monstruo financiero fracasan uno tras otros, mientras la crisis socioecológica y el agotamiento de recursos lastran los beneficios.

33. Nada de esto significa que el capitalismo vaya a desplomarse en una catástrofe estruendosa similar a la implosión de la URSS. No, si no se acaba con él pervivirá en una huida hacia delante. En este contexto que admite repuntes fugaces y locales de crecimiento económico, el imperialismo occidental liderado por EEUU y obedecido por la UE en lo decisivo, hará lo imposible por dominar a otros imperialismos emergentes, generalizándose una especie de reordenación permanente pero a escala mundial. La burguesía occidental se ve ya en la necesidad imperiosa, urgente, de endurecer todo lo posible en cada momento la explotación interna, el saqueo externo y la supeditación de la tecnociencia al complejo militar-industrial y al control monopólico mundial de la supremacía tecnológica incontestable. Las tendencias al autoritarismo interno, al recorte de las libertades burguesas, al Estado Europeo fuerte y al neofascismo, se refuerzan al calor de estas necesidades de clase.

34. Entre algunos independentistas, también abertzales, se ha instalado la peregrina creencia de que existen condiciones para una especie de «nacionalismo del bienestar» que logre el masivo apoyo de los sectores indecisos y dubitativos de la «ciudadanía» con poca conciencia social, gracias al desarrollo de una política con tintes utilitarios que prime la política racional sobre la emotiva. Dejando de lado la axiología que define los valores empleados en estas tesis, hay que decir que tal cosa sólo es alcanzable en una «soberanía» burguesa sujeta a las exigencias de la UE y que descargue los costos de ese «bienestar» en el propio pueblo y en otros exteriores. Los «sacrificios» que debería realizar la nación trabajadora para convencer a la nación burguesa serían cada día más duros y apenas sin contrapartida por el lado burgués, lo que llevaría, muy probablemente, a una desafección, cansancio y desunión progresiva dentro de la izquierda independentista y del pueblo trabajador, y a un paralelo pero contrario envalentonamiento de la nación burguesa.

35. Dentro del sistema capitalista no existe posibilidad alguna de una «tercera vía», de un camino intermedio que aúne lo bueno del capitalismo y del socialismo en una nación oprimida, echando lo malo al basurero. No existe esta posibilidad ni en la hipótesis de que triunfasen las presiones de la UE en el sentido de «desmembrar» una parte del Estado español porque la UE dejaría bien atada la cuestión de la propiedad privada, la de la pertenencia a la OTAN, la del dominio de la instituciones burguesas, del pago de la deuda correspondiente a ese pueblo, de la presencia en su interior de ciertos aparatos del Estado español, etc., de modo que, como hemos dicho, se saldría de una cárcel para entrar en otra. En el fondo de esta creencia y de otras fantasías, lo que existe es una ignorancia absoluta de lo que es el modo de producción capitalista, y como dijo Spinoza: la ignorancia no es argumento.

5.- LAS TRES REFLEXIONES CRÍTICAS

36. Volvamos a la realidad tras este paseo imaginario. Aplicando el principio de precaución, hemos de convenir que lo más que probable, lo casi seguro es que el Estado español no sea desmembrado por la UE sino mantenido como tal, con su unidad territorial no sólo intacta sino reforzada tras algunos retoques. La UE es la menos interesada en que se extienda el desorden político-institucional y económico que azota especialmente a su flanco sur, y por eso necesita que el Estado español se mantenga y se refuerce incluso mediante dos vías en apariencia opuestas pero con el mismo objetivo para la continuidad del capitalismo: endurecer la opresión nacional y de clase, de sexo-género, etc., a la brava, obligando a las burguesías «periféricas» a nuevas claudicaciones, o maquillar nuevas opresiones con nuevos pactos con esas burguesías, especialmente con la catalana.

37. De cualquier modo, y para ir concluyendo, nos enfrentamos a tres decisivos problemas de larga duración: el primero, una u otra vía dependerá en parte de la debilidad o fuerza del independentismo revolucionario en los pueblos oprimidos, lo que recrudece el debate sobre cómo frenar los ataques contra el sujeto colectivo, contra la nación trabajadora y sobre cómo reforzarla y extender su hegemonía política sobre la pequeña burguesía y las llamadas «clases medias» ya empobrecidas, para enfrentarse al resto de la burguesía. La hegemonía política del pueblo trabajador debe basarse en su fuerza movilizadora y de convicción teórico-política en el establecimiento de alianzas conscientes de todas las clases y sectores explotados, oprimidos y dominados, en vez de en esa ambigua palabrería sobre la «hegemonía civil y cultural de la ciudadanía» inalcanzable dentro de la dictadura de clase y opresión nacional que permanece oculta bajo la fachada democrático-burguesa.

38. Nunca debemos dejar de insistir en que la teoría de la lucha de clases demuestra que por debajo de cada medida exclusivamente económica en apariencia, siempre existe el objetivo sociopolítico de debilitar lo más posible a la clase trabajadora, alterando de alguna forma su composición de clase aunque a simple vista no se aprecie esta intención oculta. Aplicando esta lección innegable a la opresión nacional tenemos que cada medida del Estado y de la burguesía colaboracionista tiene el objetivo de debilitar lo más posible a la nación trabajadora y a la izquierda independentista. Hemos de ser conscientes de que este ataque se va a extender, profundizar y endurecer, y que de su resultado dependerá la derrota o la victoria.

39. El segundo problema es una extensión del primero, ya que trata de la responsabilidad histórica de los sectores de la izquierda independentista que reducen o relativizan la importancia de la lucha de clases dentro de su nación en estos momentos, y que al hacerlo también reducen el papel central y estratégico del pueblo trabajador en la lucha de liberación. Con diversas excusas, generalmente relacionadas con la necesidad de atraer a la «burguesía nacional», que no sólo a la pequeña burguesía -esta diferencia es clave-, y a sectores democráticos de la política estatal y europea, un sector del nacionalismo de izquierdas en el Estado español lleva tiempo supeditando de algún modo la lucha de clases interna al logro de «pactos interclasista» internos y de «pactos políticos» internos y externos. Esta política es suicida porque desanima y debilita a sectores militantes y populares, y porque desertiza teóricamente al movimiento de liberación que opta por esa vía, abriendo dudas en los demás.

40. Uno de los problemas permanentes de las izquierdas revolucionarias desde la mitad del siglo XIX es el de saber explicar pedagógicamente pero con rigor teórico no sólo por qué estallan las crisis, qué son y qué alternativas existen, sino también por qué hay que buscar acuerdos con sectores reformistas duros, con la pequeña burguesía, etc. Hay dos formas de escaparse de este problema: el ultraizquierdismo demagógico, y el paulatino abandono de la pedagogía teórico-política en la militancia, de forma que ésta termine aceptando sin crítica el giro sutil al reformismo. Ambas formas de negar la evidencia histórica son terriblemente desastrosas en los períodos de crisis, y cuanto más larga, destructora y difícil de entender sea esta, peor. Ahora malvivimos en una de esas crisis.

41. Y el tercero es también una profundización de los dos anteriores. En efecto, las crisis facilitan la toma de conciencia, pero también el desconcierto y la duda que tiende a la derecha si la izquierda no sabe explicar a tiempo qué sucede y cómo reaccionar. La opresión nacional facilita la toma de conciencia pero también facilita el que sean el nacionalismo y regionalismo burgueses los que salgan beneficiados si la izquierda independentista no está a la altura de las necesidades. El carácter multifacético, rápido y complejo de la crisis reduce el tiempo de respuesta por parte del independentismo, cuando más necesaria es. Desgraciadamente, no se puede crear de la nada una respuesta global si durante años ha imperado la desidia teórico-intelectual, o si la represión ha dificultado sobremanera el debate enriquecedor. Es urgentemente necesario, por tanto, multiplicar la formación teórica y política.

42. Pero no podemos mantener los criterios formativos de la anterior oleada de luchas, la sostenida entre finales de 1960 y mediados de 1980, y que se ha prologando más en algunas naciones oprimidas a pesar de sus altibajos. No podemos copiar aquella formación teórica porque el capitalismo actual ha agudizado e interrelacionado más sus contradicciones, a la vez que desarrollado nuevos sistemas de contrainsurgencia. También tenemos que responder a las nuevas necesidades del internacionalismo en respuesta a la mundialización y a la existencia de la UE. Podríamos citar más razones que explican por qué debemos aumentar la formación y mejorarla, pero quiero terminar diciendo que una de las necesidades perentorias es la de estrechar los lazos entre las naciones oprimidas, entre sus fuerzas revolucionarias, y desde esta posición y a la par de estrechar los lazos con las izquierdas verdaderamente internacionalistas que con encomiable coherencia luchan en el interior del monstruo imperialista español.

tomado de la haine

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