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Sociedad civil o sociedad burguesa

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Sociedad civil o sociedad burguesa. Ambivalencia o dialéctica de un concepto clave”: Wolfgang Fritz Haug

1. Introducción

Pocos conceptos, sin duda, han sido utilizados en el último siglo y medio de una manera tan ilusoria por unos y equívoca por otros como el de sociedad civil. Pero, ¿qué se sigue de esto? ¿Es así pues inservible como concepto analítico? ¿Habría por tanto que prescindir de él en la elaboración de orientaciones y proyectos emancipatorios? Creo que antes de regalárselo a la ideología neoliberal a la vista de las posibilidades de uso impropio que ofrece, deberíamos detenernos un momento a examinar el catálogo de conceptos de los que más se ha abusado en nuestra época.

Porque resulta que cuando se llevan a cabo guerras de agresión contrarias al derecho internacional en nombre de los derechos humanos y de la democracia, estos mismos conceptos -derechos humanos y democracia- se sitúan justo en el encabezamiento de ese catálogo. O cuando, en nombre de la seguridad, se promueve la “globalización de la inseguridad” (Altvater/Mahnkopf), el concepto de seguridad se hace merecedor también de un lugar muy destacado en la lista, justo al lado del de libertad e incluso del de justicia, concepto este del que se ha hecho una caricatura blasfema con la llamada infinite justice. ¿Y qué pasa con las ideas de “responsabilidad, efectividad, flexibilidad e iniciativa” que adornan el catálogo de virtudes del neoliberalismo?

De todos estos conceptos, y de tantos otros, que designan los llamados “valores”, se ha abusado lo indecible. Pero no podemos renunciar a ellos. Expresan aspiraciones irrenunciables. Justamente porque aquello que designan es deseable y atractivo, no prescinde de ellos ninguna ideología de dominación moderna. Su uso para la legitimación de las relaciones de dominación tiene como finalidad precisamente arrebatar a los dominados el lenguaje en el que éstos expresan sus anhelos de emacipación.

Así sucedió a mediados de los años ochenta con el concepto de “sociedad civil”. Cuando en Polonia se impuso la dictadura militar al proletariado en nombre del proletariado, se extendió como un espectro a través del partido comunista de allí la exigencia rebelde de “estructuras horizontales”. De ahí en adelante, bajo el régimen esclerotizado de los partidos de la revolución institucionalizada de Europa central y oriental, que se denominaban “comunistas”, empezó a brillar en el horizonte la expectativa de la “sociedad civil” como una especie de fata morgana de las relaciones democráticas propias de una “asociación de hombres libres”. Luego, con Gorbachov la dirección soviética asumió esta fórmula bajo el signo de la perestroika.

Democratización era la gran consigna. Había que construir un estado de derecho socialista. Pero el socialismo de estado debía dejar paso a un socialismo de la sociedad civil. Debía estallar una primavera de los pueblos, había que repartir los dividendos de la paz. Un Nuevo Pensamiento debía plantear los problemas de la paz -que afectaban a toda la humanidad- más allá de todos los antagonismos y luchas de clases, sobre la base de una política social mundial y en conexión con un giro ecológico global.

“Desarme para el desarrollo”, era el mensaje que se emitía desde Moscú para el mundo entero. Recordar todo esto es doloroso, como lo es recordar un amor no correspondido. Era demasiado bello para ser verdad. De los gobiernos occidentales vinieron nobles palabras, pero hechos no tan nobles. El golpe contra Gorbachov y el contragolpe de Yeltsin contra ambas partes, la de los golpistas y la del último presidente soviético, desembocaron en una capitulación incondicional ante el neoliberalismo, la llamada “terapia de choque”. El autodesarme soviético se convirtió en entrega, la apertura en toma de posesión. Al estado social paternalista con su omnipresente policía secreta le sucedió un capitalismo asocial con un doble poder compuesto por la policía secreta y la mafia.

Lo que Djilas denunciara en Yugoslavia medio siglo atrás, el surgimiento de una “nueva clase” dominante, iba a tener su epílogo histórico en forma de la transformación de grandes porciones de la llamada nomenklatura del socialismo de estado en la nueva clase dominante de un capitalismo salvaje y mafioso. No todos esos nuevos ricos empezaron tan a pequeña escala como el tesorero de la organización juvenil comunista, que se ha convertido en multimillonario. La fórmula que David Harvey ha acuñado a propósito del neoliberalismo “acumulación a través de la expropiación”- cosechaba grandes éxitos en Rusia. ¡Nitschevo sociedad civil! ¡De sociedad civil, nada de nada! La miseria de masas se extendía por el país, las guerras civiles nutrían grandes fortunas.

Artículo Completo

Ponencia presentada en el XII Congreso Nacional de Filosofía,
“Los desafíos de la filosofía frente al siglo XXI”, Guadalajara
(México), 26-29 noviembre 2003

tomado de marxismo critico: 10 de enero de 2013

 

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