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“Declaración del Encuentro de Santa Rosa”

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Los partidos comunistas argentinos no alineados con la dirección nacional realizaron el primer encuentro en la capital pampeana en el mes de junio. Difundieron un crítico documento en el que ratifican la lucha por el socialismo y cuestionan al gobierno nacional y a la conducción del PCA.

 

El documento lleva por nombre “DECLARACIÓN: ENCUENTRO DE SANTA ROSA”, y dice

Como miembros del Partido Comunista Argentino, los regionales de Cinco Saltos, Santa Rosa y Bahía Blanca, nos hemos reunido en Santa Rosa en el mes de Junio de este año. Esta reunión ha sido consecuencia de la necesidad compartida de poder discutir el rol del partido. Pensarlo en permanente movimiento, con iniciativa y audacia para actuar en la realidad cambiante. Desde nuestra tradición marxista-leninista-latinoamericanista, manifestamos nuestra disconformidad y preocupación con la línea política oficial del partido,al considerar que la misma se ha alejado del rumbo hacia la construcción del socialismo en nuestro país.

Caracterización de nuestra realidad

El Partido Comunista Argentino ha vuelto a posiciones conservadoras y reformistas,similares a nuestra política anterior al XVI Congreso, las que creíamos desterradas, que no confrontan con el poder real y terminan legitimando la reconstrucción económica, cultural, social y política de la hegemonía burguesa que fue puesta en crisis en el 2001.Abandonando al socialismo como perspectiva de una sociedad superior. El estallido social de ese año, fue producto del atropello neoliberal y la indignación popular hacia la gestión de los gobernantes partidos del sistema, los mismos que hoy nos proponen como horizonte posible un capitalismo con rostro humano. El “¡que se vayan todos!”de la Argentina del 2001-2002 no pudo constituirse como una alternativa de poder, pero señaló los límites que ningún gobierno podría volver a traspasar.  La salida represiva a esa consigna al que “se vayan todos” fue posible pero no suficiente. Así es como se entra en esta “década ganada”, donde se buscó el consenso social y se logró la recomposición de la gobernabilidad.

En el plano nacional de estos diez años, encontramos que la matriz de producción y distribución de la riqueza no se ha modificado sustancialmente, basando la política social  en estrategias básicamente asistenciales hacia los sectores más vulnerables que en la práctica no generan verdadera inclusión social. Son más bien intentos de paliar las necesidades populares, y se orientan fundamentalmente a fomentar el consumo, sin modificar demasiado los otros factores que se mantienen y reproducen en una realidad social, con falencias en educación y salud, o la falta de empleo genuino.

Al mismo tiempo, los sectores económicos más poderosos se han visto inmensamente beneficiados en esta década, generando mayor concentración de capital a expensas de una economía centrada casi exclusivamente en la obtención de commodities, y hoy con más firmeza dado que la economía se ha extranjerizado en un mayor porcentaje. Frente a los anuncios discursivos que intentan mostrar un insuperable desarrollo industrial, nos encontramos con la contracara: un modelo que se nutre de la soja, el ensamble de autopartes con financiación internacional, la expansión de la megaminería y la extracción de hidrocarburos no convencionales por medio del“fracking”. Todo lo cual implica la depredación de nuestros recursos naturales,de nuestros suelos, de la soberanía de los bienes  comunes sobre los que todo el pueblo tiene derecho.

La irracionalidad de estos últimos momentos. El gobierno nacional llamó de Soberanía Hidrocarburífera a la ley 26.741, por la cual se reestatizaron el 51% de las acciones de Repsol-YPF. Ahora se anuncia el acuerdo con la empresa norteamericana Chevron para explorar el megayacimiento de hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta  en la provincia de Neuquén. No solo no hay soberanía en esta decisión, hay entrega, saqueo y riesgo ecológico

Encontramos en el gobierno francas incongruencias entre su discurso y sus prácticas, que toman antiguas reivindicaciones del campo popular para aplicarlas de una forma incompleta,superficial o contraria a los principios de las mismas. Los ejemplos son múltiples, como aprobar una ley de medios de servicios de comunicación audiovisual que todavía tiene entre sus principales deudas resolver las demandas del sector que la impulsó, como son los medios alternativos y populares. En sentido contrario, el gobierno se apoya en el sistema de medios tradicional (grupo Vila-Manzano, Telefónica, Grupo Indalo de Cristobal López) y centra el problema de los medios sólo en su disputa con el Grupo Clarín, que poco tiene que ver con la democratización de los medios.

En cuanto al impulso a los juicios a los genocidas de la última dictadura, reivindicación histórica de la lucha del pueblo argentino por la Verdad y la Justicia, nunca vamos a dejar de reconocer su importancia reparadora, porque fuimos parte de esa lucha y de los juicios.Aún así, y por ello mismo, no podemos quedarnos con sólo juzgar y castigar el genocidio y la violación sistemática a los derechos humanos por el terrorismo de estado.La resistencia oficial a poner en el banquillo de los acusados a los integrantes de la triple A, que cegaron la vida de muchos camaradas, entre ellos nuestro recordado y querido Watu Cilleruelo, nos dejan con una deuda histórica. No aceptamos que se aporte a la falacia discursiva oficial, aún en la revisión histórica de los movimientos populares de nuestro país, por lo que se adjudican el monopolio de las reivindicaciones en las luchas por los Derechos Humanos, y el uso muchas veces oportunista de la memoria de los hombres y mujeres que lideraron nuestras luchas y dieron la vida por un país muy distinto al que se nos propone.

No podemos dejar de mencionar que hay desaparecidos en democracia, de los que seguiremos reclamando su aparición con vida y enjuiciamiento a los responsables de estos crímenes. Es preocupante la violencia institucional a través del espionaje delas Fuerzas de Seguridad hacia las organizaciones del campo popular, el accionar de las fuerzas represivas del Estado sobre los más pobres, que se evidencia en las cárceles abarrotadas de jóvenes provenientes de los sectores mas humildes, como así también los violentos desalojos de sus tierras a comunidades originarias que en defensa de sus derechos hacen frente a la expansión sojera y a la mencionada depredación del medio ambiente a través del modelo extractivista.

El actual gobierno hace gala de políticas  magramente distribucionistas que sólo expanden el consumo popular, pero que no alcanzan para una inclusión palpable, justa y real. Nos debemos una profunda reflexión en este sentido,porque lo que podría sobrevenir no es sólo una posible salida política del gobierno hacia la derecha a partir de un ajuste, una devaluación cambiaria, una inesperada fuga de divisas o la aplicación de la represión por medio de la ley antiterrorista. Estas medidas son la apoteosis ante un panorama generalizado de crisis estructural, que no es posible revertir dentro de los marcos del capitalismo, cualquiera sea su etapa.

Como marxistas, no podemos dejar de reconocer que en este período se dieron importantes pasos en el plano internacional. Especialmente en el fortalecimiento de un eje regional que contrarreste el embate imperialista a partir del No al ALCA, en el 2005, junto a la Venezuela de Chávez y la Cuba de Fidel. Esta decisión histórica presagiaba una bisagra en el rumbo de nuestras relaciones internacionales en vistas a la constitución de un movimiento que contenga a los países que plantean otras formas de desarrollo no capitalistas y en algunos casos con procesos socialistas en curso. La Unasur también es un ejemplo de ello, con un horizonte en el que podría haberse revalorizado  el Alba y el Banco del Sur.  Lamentablemente, decisiones en este sentido son contrapesadas por otras que diluyen la importancia que se les da desde el relato oficial. Prueba de ello son las reuniones con el G20, la ley antiterrorista a pedido del GAFI, la entrega de nuestros bienes comunes a transnacionales, el engañoso desendeudamiento con el FMI (para continuar pagando la deuda externa) y el envío de tropas argentinas a Haití como parte de las fuerzas de ocupación imperial de la ONU.

Partido

Es por esto que no terminamos de entender la elección de nuestro partido por esta estrategia, que brinda un apoyo a un gobierno que seduce con un relato de inclusión y expansión de consumo a través de medidas que sólo pueden aceptarse como meros paliativos en el marco de una realidad de plena efusión capitalista.

No lo terminamos de entender, porque a inicios de la era Kirchnerista, el partido advertía acerca de la necesidad de evitar la cooptación por un lado y la marginalidad por el otro. Diez años después, nuestro presente es de seguidismo acrítico, donde prima un posibilismo incapaz de advertir que el “capitalismo serio” es una falacia que no existió, ni podrá existir, porque el capitalismo se organiza en aras del interés económico y de la máxima ganancia.Por lo tanto jamás al capitalismo le preocupará el bienestar del ser humano ni el cuidado de la naturaleza y el medio ambiente. Se ha priorizado el tacticismo por sobre la concepción estratégica de un proceso revolucionario, desgastándose de este modo y hasta roto relaciones con diversos sectores del campo popular, dejando de lado cuestiones que históricamente han sido el basamento de nuestra ética revolucionaria. Este es el rol que nos asigna en esta etapa el proyecto hegemónico del gobierno.

Pensamos que poco sirve un partido fosilizado en conductas cada vez más centralizadas y menos democráticas hacia su interior. Hoy somos una organización carente de iniciativa, capacidad de movilización e injerencia en la realidad política de nuestro país. Limitada a la admiración de los procesos políticos que avanzan en algunos países hermanos de nuestro continente. Que se ha limitado al “apoyo crítico” de un gobierno cuyo horizonte es la administración de la pobreza, manteniendo intacta la estructura económica y garantizando el patrón de acumulación capitalista.

Queremos ser claros: en la crisis que atraviesa nuestro partido no tiene responsabilidad este gobierno, no se resuelve con solo retomar el rumbo perdido. Creemos por el contrario que el problema es propio y de una profunda y necesaria reflexión. Actualmente el centralismo suprimió la participación democrática interna. Las decisiones absolutamente arbitrarias, exclusivamente a través de la Comisión Política Nacional del partido, no hubieran resistido el debate entre compañeros en las instancias formales de decisión y evidencian un distanciamiento cada vez mayor de sus principios revolucionarios históricos.

No escapamos a las contradicciones que solo se superan a través de reconocerlas. Y, porque creemos en el marxismo como herramienta creadora, esto requiere una actitud polémica, clara y abierta,que enfrente los formalismos que intentan justificar y negar toda posibilidad de autocritica. Más allá de algún crecimiento numérico, puesto que  todo lo existente crece, si dicho crecimiento no es producto de la teoría y de una práctica revolucionaria consiente, está destinado a desaparecer más temprano o más tarde.

Por ello no es cierto que el debate crítico dañe al partido. Porque si algo se pierde al decirse la verdad, lo que surja  será pleno y fortalecerá a una fuerza que se pretende revolucionaria. No queremos que nuestros militantes sean empleados que reproduzcan obedientemente la descalificación a todo aquel que ose plantear un problema. Descalificándolo o expulsándolo por decretos hechos a conveniencia de dirigentes, que muchas veces han pasado y pasan gran parte de su militancia en oficinas organizando homenajes e imponiendo acuerdos sin contar con el consenso de la militancia . Por ello, para quienes cuestionan por inorgánico nuestro encuentro realizado en Santa Rosa, les decimos que unidad no es uniformidad, ni la diferencia constructiva significa el fraccionamiento.

La discusión actual en el partido se ha ceñido sólo al aspecto electoral, y a limitar el rol del partido a la difusión de los logros de la “década ganada”, pretendiendo así instalar una impronta de izquierda dentro de la fuerza hegemónica del partido gobernante. Vieja idea del entrismo que de nada sirve. Dolorosas experiencias hemos desarrollado en ese sentido a lo largo de nuestra historia. Hasta llegar a nuestro viraje inevitable que significo el XVI Congreso, donde con mucha valentía asumimos lo equivocado de nuestra línea política, impuesta desde manuales rígidos que nos llevaron a posiciones reformistas. Esa historia hoy se repite al ubicarnos como organización que asume que lo fundamental, en este tiempo es frenar el avance de la derecha relegando las transformaciones profundas que rompan los límites de lo posible dentro del sistema actual. Por eso damos el debate y encaramos el desafío de ver una nueva concepción de lo que debe ser el  Partido Comunista, entendiéndolo como una voluntad colectiva organizada, consciente y con una nueva ética. Que se encuentre en movimiento, dotado de iniciativa y audacia para actuar ante una realidad siempre cambiante. Que se conciba, asimismo, como revolucionario, lo cual requiere de la autocrítica y la superación permanentes. Que pueda reafirmar lo acertado, superar errores propios y, sobre todo, contribuir a crear lo que no existe.

Necesitamos retomar la idea del viraje del partido, entendiéndolo como un camino inagotable y permanente.Porque no se trata sólo de retomar el rumbo de caracterizaciones revolucionarias, se trata también, y fundamentalmente, de asumir que nuestra historia de casi un siglo esta llena de gloria pero también de prácticas dogmáticas, burocráticas y hasta poco éticas que explican la permanente sangría de generaciones de comunistas que, en el mejor de los casos, no dejan de luchar y pasan a formar parte de otras experiencias del campo popular.

Nunca como antes el partido estuvo tan debilitado y ausente de las construcciones sociales como en la actualidad.Nunca como antes estuvo tan ausente el sujeto intelectual en nuestros debates.Referentes sociales e intelectuales fueron asfixiados por una conducción que se muestra rígida y burocrática hacia su interior pero dócil y oportunista en la realidad de la lucha de clases. Hasta llegar a este presente de un partido cuyo rol se limita a ser meros acompañantes acríticos de un proceso de acumulación capitalista que concentra riqueza en desmedro de los que menos tienen.

Por ello reafirmamos las resoluciones que definimos en los XVI, XIX, XXI y XXIII Congresos del Partido.Los lineamientos fundamentales de estos documentos respaldaron la vocación democrática y revolucionaria de innumerables camaradas. Y dan preponderancia al impulso activo y el desarrollo de auténticos desafíos en el plano político,social, sindical y de derechos humanos ante la embestida neoliberal de los ‘90 que hundió en el oprobio y la desesperanza a millones de compatriotas.

En este marco, articulamos políticasque confluyeron en la creación de instrumentos decisivos de organización y desarrollo político, con el objetivo de recomponer la desmembrada rebeldía popular atrapada en la ignominia de la época. Es así como fuimos activos protagonistas del Congreso Patagónico, el último de ellos celebrado en Río Gallegos, con la participación descollante entre otros del camarada Roberto Mandryk. Como también protagonizamos el Congreso de los Trabajadores Argentinos, en Burzaco, predecesores de la Central de Trabajadores de la Argentina. Experiencias de la lucha de millares de trabajadores que combatierona la burocracia sindical oponiéndole un nuevo modelo de organización y construcción entre los trabajadores.  A esto se le suma, la consolidaciónde frentes sociales y políticos como los movimientos territoriales (MTL), el Frente Nacional contra la Pobreza (Frenapo). Pasos dados con el objetivo deaportar a la construcción de un movimiento político, social, cultural y deliberación

Hay que señalar que el partido ha abandonado en los hechos la política hacia el movimiento obrero, sujeto fundamental de transformación de la sociedad, en sus más variadas formas.Agustín Tosco lo dijo muy claro: “el rol de la clase obrera no es participar como socio menor ni subalterno de las esferas de poder; sino impulsar la transformación revolucionaria que cambie en profundidad el sistema de opresión,explotación y miseria…”. Después de tanto esfuerzo aún esperamos el reconocimiento de la personería gremial de la CTA por parte de un gobierno que pregona desde el discurso la inclusión y la igualdad. No se trata de una mera dilatación administrativa. El unicato sindical ha sido un baluarte del sostenimiento de la ingeniería política que se pone en juego a la hora de seguir optando por la acumulación del capital patronal por sobre la dignidad delos trabajadores y sus condiciones laborales.

Ejemplo de esta connivencia son el magro salario mínimo, vital y móvil, el techo a las paritarias salariales,cuyos frutos terminan siendo subsumidos por la inflación que recompone rápidamente las ganancias empresariales, la nueva legislación que versa sobre los accidentes laborales, el impuesto al salario, la falta de implementación de políticas para desterrar definitivamente el empleo precario y la explotación infantil. En materia de libertad sindical el gobierno no es parte de la solución, sino parte del problema.

Las resoluciones tomadas en el XXIV Congreso (en el cual a muchos camaradas se les negó el derecho a debatir) y las decisiones posteriores resignaron el curso de estrategias para generar,articular y fortalecer nuevos frentes. Fundamentalmente a partir del 2008, bajo el pretexto de sumar a una correlación de fuerzas que enfrente el avance de la derecha representada entonces por el lock-out de la patronal agraria, han neutralizado el potencial de nuestra fuerza, acotándola a acciones improvisadas que sólo brindan incondicional soporte al proyecto político hegemónico que hoy conduce el peronismo a través del kirchnerismo.

También es imperioso avanzar  más allá de los límites del relato que encierra y minimiza la política entre dos extremos antagónicos e irreductibles:“oficialismo-oposición” o “kirchnerismo-anti-kirchnerismo”. De este modo, se busca anular convenientemente cualquier propuesta política alternativa, y se evade la posibilidad de desbordar esa falsa disyuntiva por el costado de las transformaciones profundas. Superar esta encrucijada es la tarea pendiente que tiene por delante el campo popular en la Argentina.

Por esto es necesario discutir el rol de nuestro partido, y lejos de tener posturas extremistas, consideramos que el Partido Comunista, como herramienta revolucionaria no sólo que no está agotado; sino que es necesario. Pero somos conscientes de que la crisis más importante del campo popular se expresa en la ausencia de una alternativa política. Que no alcanza con ninguna fuerza política  y social por separado. Se requiere contemplar las diferentes experiencias, respetando la identidad e historia de cada una de ellas en una disputa franca que nos lleve a avanzar en el camino de lograr otra sociedad. Y eso para nada significa estar supeditado ala fuerza hegemónica que hoy plantea los límites de un capitalismo serio.

Los comunistas nos debemos otra forma de construcción política partidaria que esté acorde a esta época y a la necesidad histórica de la liberación de nuestro pueblo.  Que se encuentre en interpelación permanente, dotado de iniciativa y audacia para actuar ante una realidad siempre cambiante. Un Partido Comunista entendido como una voluntad colectiva consciente y organizada que exprese la ética revolucionaria. Con lugar para la autocritica y la superación permanente. Que contribuya a vislumbrar en nuestro país una fuerza anticapitalista, antiimperialista y por el socialismo, no como calco y copia sino como creación heroica.

Santa Rosa, 17 de Julio de 2013

 
 
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