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Las raíces de 1917: Kautsky, el estado y la revolución en el Imperio zarista

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Las raíces de 1917: Kautsky, el estado y la revolución en el Imperio zarista

Eric Blanc 22/10/2016

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En este artículo se vuelven a examinar las perspectivas sobre el estado y la revolución preconizadas por un primer Karl Kautsky y los socialdemócratas revolucionarios de todo el Imperio zarista. Al contrario de un error común, estos marxistas "ortodoxos" rechazaban la posibilidad de un uso pacífico y gradual del estado capitalista para la transformación socialista. Muestro que la “ortodoxia” de la Segunda Internacional resultó ser una base política suficientemente radical para que los bolcheviques y los socialistas finlandeses pudieran dirigir las primeras tomas del poder anticapitalistas del siglo XX.

Introducción

Desde la publicación de El Estado y la revolución de Lenin en 1918, las opiniones del teórico socialista Karl Kautsky sobre este tema se han equiparado a menudo con la defensa de una utilización gradual del estado capitalista para la transformación socialista. El influyente folleto de Lenin ha proyectado una larga sombra posterior, que ha conducido a muchos estudiosos y socialistas a asumir que el defecto fatal del socialismo de la Segunda Internacional fue un enfoque fundamentalmente no marxista del poder del Estado.

El llamamiento del dirigente bolchevique en 1917 a destruir el Estado capitalista, según esas posiciones, constituyó una ruptura pionera con la posición predominante de la socialdemocracia "ortodoxa" (es decir, el marxismo). Según un estudio reciente, "la práctica de estos partidos socialistas [no bolcheviques de la Segunda Internacional] partía de una importante ruptura con la teoría del estado de Marx". Se culpa a Kautsky de este proceso, ya que supuestamente "despreció la crítica de Marx del Programa de Gotha y la crítica similar de Engels del de Erfurt -en el que insistían que era un grave error del partido alemán afirmar que la transición al socialismo se podía llevar a cabo sin romper el viejo estado a través de una revolución". [1]

Como el importante trabajo pionero de Ben Lewis sobre Kautsky ha demostrado con claridad, tal crítica es materialmente inexacta y problemáticamente oscurece las perspectivas sobre el estado de los socialdemócratas revolucionarios en Alemania, la Rusia zarista, y otros países. [2] Apoyándome y desarrollando algunas de las conclusiones de Lewis, voy a mostrar que la "ortodoxia" socialdemócrata inicial representaba una estrategia anticapitalista rupturista que tenía más en común con la orientación de la joven Internacional Comunista que con el reformismo de colaboración de clases post-1914 .

Aunque Kautsky adoptó una postura clara sobre el poder del Estado a partir de 1910, su orientación anterior - es decir, la estrategia que formó a una generación de marxistas revolucionarios, entre ellos Lenin - rechazó la posibilidad de una utilización pacífica del estado capitalista y llamó constantemente a la destrucción de un ejército permanente. En línea con el modelo de la Comuna de 1871 de París, la defensa "ortodoxa" de una república democrática implicaba no sólo la caída de las monarquías, sino al establecimiento de un gobierno de los trabajadores. A diferencia de Kautsky, los marxistas más consistentes en el Imperio ruso defendieron esta postura radical durante la revolución de 1917.

La lectura de la historia pre-1918 a través del enfoque de El Estado y la revolución de Lenin, por otra parte, se ha vuelto problemática al apartar nuestra atención del estudio de los principales debates estratégicos entre los marxistas en el imperio ruso hasta 1917. Bajo el absolutismo zarista, no hubo mayores debates sobre la transformación gradual del estado, ya que prácticamente todos los socialdemócratas creían necesario derrocar violentamente el régimen absolutista zarista. [3] Después de la caída del zarismo en febrero de 1917, la cuestión determinante del poder político se convirtió en si construir o no un gobierno de coalición con la burguesía o para establecer algún tipo de régimen de los trabajadores y campesino independiente. Y sobre esta cuestión - el principal punto de discusión política durante la revolución de 1917 – la socialdemocracia revolucionaria se había comprometido de manera inequívoca con una clara línea de clases.

Fueron los reformistas - incluyendo Kautsky post-1909 – quienes rompieron en la teoría y / o la práctica con la vieja posición "ortodoxa" sobre el estado capitalista y la revolución de los trabajadores durante 1917-1923 [4]. Aunque el enfoque marxista revolucionario hegemónico en relación con el poder estatal evolucionó después de la Revolución de Octubre, las continuidades políticas son mayores que las divergencias con la postura inicial de Kautsky sobre el estado y la revolución. Independientemente de las críticas que se puedan hacer a la socialdemocracia revolucionaria inicial, resultó ser una base política suficientemente anti-sistémica para que los bolcheviques y los socialistas finlandeses pudieran dirigir las primeras tomas del poder anticapitalistas del siglo XX.

La influencia de Kautsky en la Rusia zarista y Alemania

Si la práctica política es el criterio último de la teoría revolucionaria, la estrategia de Kautsky debe ser juzgada a la luz de las prácticas políticas concretas de los partidos que pretendían poner en práctica esa perspectiva. Y para entender lo que un partido dirigido por marxistas "ortodoxos" era, en la práctica, hay que examinar los del Imperio ruso, no en Alemania.

En ninguna parte del mundo fueron los escritos de Kautsky más populares e influyente que en las tierras gobernadas por el zar de Rusia, donde sus obras sirvieron efectivamente como la piedra fundacional de la mayoría de los partidos marxistas radicales del imperio en todas las nacionalidades. Kautsky era particularmente importante en el imperio zarista, sobre todo, porque el interés en la política revolucionaria era extraordinario. Lenin observó este fenómeno en El Estado y la Revolución :

“No en vano algunos socialdemo?cratas alemanes bromean diciendo que a Kautsky se le lee ma?s en Rusia que en Alemania. (Dicho sea entre pare?ntesis: esta broma encierra un sentido histo?rico ma?s profundo de lo que sospechan sus autores. Los obreros rusos, que en 1905 senti?an una apetencia extraordinariamente grande, nunca vista, por las mejores obras de la mejor literatura socialdemo?crata del mundo, y a quienes se suministro? una cantidad jama?s vista en otros pai?ses de traducciones y ediciones de estas obras, trasplantaban, por decirlo asi?, con ritmo acelerado, al terreno joven de nuestro movimiento proletario la formidable experiencia del pai?s vecino, ma?s adelantado)”. [5]

Como se puede inferir de Lenin, los escritos de Kautsky tuvieron un mayor impacto en el Imperio zarista que en el propio Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Es fundamental hacer hincapié en este punto desde el primer momento, porque se ha acusado a las teorías de Kautsky con frecuencia de ser la causa y / o de reflejar el abandono de la política revolucionaria por parte del partido alemán, que culminó en su apoyo a la Primera Guerra Mundial y su estrangulamiento de la revolución alemana de 1918-1923 .

Según Paul Blackledge, por ejemplo, Kautsky "subordinaba toda la política al parlamentarismo para justificar así de manera efectiva la forma en que la socialdemocracia alemana se ató al estado capitalista alemán en las décadas anteriores a 1914" [6]. Tal interpretación es fundamentalmente errónea y malinterpreta el contenido de las políticas iniciales de Kautsky y las razones de la degeneración del SPD. En realidad, la dirección del SPD, desde al menos 1906 en adelante, no se componía de socialdemócratas "ortodoxos", sino más bien de una burocracia a tiempo completo en el partido, los sindicatos y los grupos parlamentarios, cuyos funcionarios desconfiaban cuanto menos de la teoría socialista en general, y de los escritos de Kautsky en particular, .

Como Gilbert Badia ha explicado, "la nueva dirección del partido (y en los sindicatos más aún) demostró indiferencia, de hecho una creciente desconfianza, hacia la "teoría política" y hacia aquellos que la situaban en primer plano" [7]. Hacia1909 - mucho antes de la capitulación histórica del SPD - la influencia política de Kautsky en el partido había decaído mucho. En las palabras del historiador Hans-Josef Steinberg, la historia de la socialdemocracia alemana de 1890-1914 es "la historia de la emancipación de la teoría en general" [8].

El pragmatismo "no-teórico" de la burocracia del SPD, combinado con sus intereses materiales distintos como una casta de funcionarios, facilitó su absorción inconsciente por parte del liberalismo burgués y una integración práctica en el régimen capitalista. Fue sobre todo la aparición de esa burocracia conservadora (y a-teórico), la que transformó el partido alemán, al igual que a muchos de sus homólogos europeos occidentales, en un sostén del parlamentarismo burgués. Para esa dirección sin principios del SPD, poco importaba que su decisión de apoyar la Primera Guerra Mundial en 1914 y encabezar una república capitalista en alianza con la burguesía después de 1918 violase flagrantemente las posturas tradicionales promovidas por Kautsky y el SPD en su conjunto[9]. Kautsky que finalmente cedió a las presiones de la burocracia SPD después de 1909, revisó muchas de sus posiciones anteriores, y se opuso activamente a la Revolución de Octubre, pero ello no tiene por qué llevarnos a ignorar lo que realmente dijo e hizo antes de ese momento.

La clarificación del contenido de la postura de Kautsky sobre el estado y la revolución es esencial para entender por qué la orientación radical de los marxistas de la Rusia imperial no se debió a un malentendido acerca de la naturaleza de la "ortodoxia" de la Segunda Internacional.

 

Kautsky contra el revisionismo

No deja de ser irónico que Kautsky sea hoy en día frecuentemente asociado a una visión gradualista de la transformación socialista, dado que sus contemporáneos lo vieron como el principal defensor de la posición exactamente opuesta. En el debate en curso de la Segunda Internacional entre "ortodoxia" y "revisionismo" en relación con la conquista del poder, Kautsky fue sin duda el teórico más influyente del enfoque rupturista.

La posición de los reformistas era sencilla. Muchos negaban por completo la necesidad de que los trabajadores tomasen el poder: la igualdad social y la justicia, argumentaban, podrían alcanzarse a través de la extensión gradual de los derechos democráticos, los servicios públicos y las organizaciones de la clase obrera (sindicatos, cooperativas, etc.) . Otros "revisionistas" estaban a favor de la conquista del poder de los trabajadores, pero defendían que tal objetivo debía perseguirse pacifica, gradualmente, y a través de elecciones en las instituciones democráticas existentes. En condiciones de libertad política y democracia parlamentaria no había necesidad de revolución. Como declaró el teórico reformista Edward Bernstein: "el objetivo final del socialismo, sea lo que sea, no significa nada para mí; el movimiento lo es todo". [10]

Aunque los marxistas del Imperio zarista no tardaron en acusar a sus oponentes de otras facciones de "revisionismo", los lectores deben tener en cuenta que este debate sobre la transformación del Estado capitalista era en gran medida irrelevante en el contexto del zarismo. En ausencia de libertades políticas o de parlamento, todos los partidos marxistas ilegales de entonces entendían que el estado existente tenía que ser destruido mediante una revolución violenta. En 1903, el Partido Socialista Polaco (PPS) señaló que, a diferencia de Europa Occidental, "los partidos socialistas de todas las nacionalidades en Rusia están de acuerdo en que el primer paso debe ser dirigir una revolución violenta para eliminar el principal obstáculo: el Zarismo" [ 11]. Como Kautsky explicó en 1904, las tácticas particularmente cautelosas que defendía para Alemania no eran necesariamente relevantes en el contexto absolutista de Imperio zarista, donde los trabajadores "se encuentran en un estado en el que no tienen nada que perder más que sus cadenas" [12].

Hasta febrero de 1917, la principal controversia sobre el poder del Estado en la Rusia imperial fue entre el llamamiento socialista a una república democrática a través de la lucha armada y la defensa liberal de una monarquía constitucional mediante tácticas de presión pacíficas. Sólo después de febrero de 1917 y el establecimiento del Gobierno provisional la cuestión de cómo relacionarse con un gobierno burgués se convirtió en un problema acuciante en la mayor parte del imperio.

Frente al absolutismo zarista, no es sorprendente que sólo en el gran ducado autónomo de Finlandia - la única región del imperio ruso con un parlamento, una libertad política relativa, y un partido socialista legal – fueran influyentes las posiciones "revisionistas" sobre el estado y una cuestión de política práctica. Antes de la revolución de 1905, el partido obrero finlandés era abiertamente reformista; los marxistas "ortodoxos" eran una rareza y el colaboracionismo de clase hegemónico. Así, el programa de fundación del Partido Obrero de Finlandia de 1899 (cuyo nombre fue cambiado al de Partido Socialdemócrata de Finlandia en 1903) evitó cualquier mención a la conquista del poder; por el contrario, sus líderes declararon la necesidad de "luchar por la participación en el poder en el ámbito comunitario y estatal" [13].

La "ortodoxia" marxista era frontalmente contraria a tales perspectivas moderadas. La clase obrera, afirmaba, podría liberarse ella y a todos los oprimidos sólo a través de la conquista del poder político. En este sentido, el programa de fundación del Partido Socialista Polaco de 1892 establecía "como su principal objetivo la conquista del poder político por el proletariado y para el proletariado" [14].

De acuerdo con Kautsky, el poder del Estado no podía ser compartido por los explotados y por los explotadores, dado su radical antagonismo de clase. Una progresiva conquista del poder político por el proletariado era imposible: "La idea de la conquista progresiva por los socialistas de los diferentes departamentos de un ministerio no es menos absurda que el intento de dividir el acto de nacer en una serie de actos consecutivos mensuales"[15]. El programa de fundación de la Social Democracia del Reino de Polonia y Lituania de 1900 sucintamente resumía el "consenso ortodoxo ":

“El estado es hoy una organización que está al servicio del capital, todos sus movimientos están dictados por los intereses del capital; los gobiernos sólo aplican actualmente la voluntad de la clase capitalista. La tarea, por lo tanto, de la clase obrera debe ser abolir esta forma de Estado, arrancar el estado de las manos del capitalismo, para transformarlo de tal manera que pueda empezar a servir a los intereses del pueblo. Sólo rompiendo el poder político del capitalismo, solo derrotando al estado político, los trabajadores pueden alcanzar su objetivo: la abolición de la explotación, garantizar el bienestar de toda la masa de los trabajadores” [16].

Al rechazar la defensa de una transición gradual hacia el socialismo de Bernstein, Kautsky y otros radicales argumentaron que únicamente a través de una ruptura revolucionaria podrían los trabajadores tomar el poder del Estado y derrocar el capitalismo. Esa ruptura era imprescindible para derrotar "a través de una lucha decisiva" la inevitable resistencia de la clase dominante [17]. Al igual que muchos otros socialistas en el imperio zarista, el marxista polaco Kazimierz Kelles-Krauz alabó el influyente folleto de Kautsky La revolución social de 1902 por iniciar una discusión seria socialista sobre la conquista proletaria del poder [18]. De hecho, el largo folleto de Kautsky fue traducido casi inmediatamente, publicado de nuevo, y distribuido ilegalmente por los partidos marxistas más radicales del Imperio zarista.

Crítica de la democracia burguesa

La insistencia de Kautsky y sus partidarios en la necesidad de la revolución estaba ligada a su crítica de la burguesía y la democracia capitalista. Según la "ortodoxia" socialista, la clase capitalista había dejado de defender consistentemente (por no hablar de lucha por) la democracia. El marxista "ortodoxo" finés Edward Valpas característicamente declaraba que "la burguesía no tiene ninguna actitud democrática" [19]. En vista de la política cada vez más antidemocráticas de la burguesía, la lucha por la democracia colocaría al proletariado en curso de colisión con el dominio capitalista.

En opinión de Kautsky, las democracias parlamentarias bajo el capitalismo eran burlas corrompidas de la democracia real y del verdadero parlamentarismo. Una razón de ello era que la influencia social y económica de los capitalistas socavaba fatalmente el proceso democrático:

La burguesía está ansiosa por utilizar todos los medios que ofrece la República para suprimir al proletariado. Su cacareada actividad no es otra que la de 'engañar a los trabajadores’ a gran escala ... corrompiendo sistemáticamente a las masas, inundando el país con una prensa comercialmente corrompible, mediante la compra de votos en las elecciones, cooptando a los líderes sindicales más influyentes. ... Estos esfuerzos tienen su mayor éxito en una república”. [20]

No menos contradictoria con la democracia era el crecimiento de la burocracia estatal. Lo que Kautsky llamaba el “parasitismo burocrático". La proliferación de "categorías de funcionarios superfluos" y el creciente poder de la rama ejecutiva y de los organismos gubernamentales no elegidos socavaba el poder de los parlamentos elegidos democráticamente [21]. Por lo tanto, Kautsky argumentaba que "una de las tareas más importantes de la clase obrera en su lucha por la conquista del poder político no es eliminar el sistema representativo, sino romper el poder del gobierno sobre el parlamento" [22 ]. En una línea similar, el Programa de Erfurt - así como los programas marxistas revolucionarios posteriores en la Rusia zarista -, exigían la elección de todos los funcionarios del estado y el desarrollo de una amplia autonomía local [23].

Aún más amenazante para la democracia, de acuerdo con los marxistas "ortodoxos", era la expansión masiva de las fuerzas armadas del Estado, es decir, el "militarismo". Siguiendo el análisis de Kautsky, Marien Bielecki del PPS argumentó que el "crecimiento nefasto del militarismo" impedía la pacífica transformación democrática de los estados europeos [24].

Dado el carácter anti-democrático de los gobiernos modernos, Kautsky llegó a la conclusión de que las principales formas e instituciones estatales existentes no podían ser utilizadas por el proletariado para su propia liberación:

“El proletariado, así como la pequeña burguesía, nunca serán capaces de gobernar el estado a través de estas instituciones. Esto no sólo es debido a los cuerpos de oficiales, la parte superior de la burocracia y la Iglesia, que siempre han sido reclutados entre las clases altas y están unidas a ellas por los vínculos más íntimos. Está en su naturaleza que estas instituciones de poder se esfuercen por elevarse por encima de la masa de la población con el fin de gobernar, en lugar de ponerse a su servicio, lo que significa que casi siempre van a ser anti-democráticas y aristocráticas” [25].

Dos conclusiones tácticas claves se desprendían de este análisis global. En primer lugar, Kautsky no defendía que se podrían utilizar los parlamentos en el capitalismo para empujar gradualmente a través ellos la transformación socialista. De hecho, denunció en repetidas ocasiones la creencia reformista de que la vía hacia el socialismo podía transitar tranquilamente gracias a la elección de una mayoría socialista en el estado tal y como existía. Y a pesar de que el énfasis de Kautsky sobre el parlamentarismo parecía implicar el supuesto de que la revolución socialista requería ganar el apoyo de la mayoría de la población, antes de 1910 no mantuvo en general que los marxistas tuviesen que ganar primero una mayoría en el Parlamento antes de iniciar la transformación socialista [26].

La burguesía, explicó, muy probablemente recurriría a la fuerza para prevenir o anular la elección de un gobierno socialista en el Parlamento, previsiblemente provocando la ruptura política e institucional, la revolución. Argumentando en contra del reformista alemán Max Maurenbrecher, Kautsky escribió: “¿Espera que los explotadores asistan de buen humor mientras tomamos una posición tras otra y nos preparamos para su expropiación? Si es así, vive bajo una poderosa ilusión. Imagine por un momento que nuestra actividad parlamentaria asumiese formas que amenazasen la supremacía de la burguesía. ¿Qué pasaría? La burguesía trataría de poner fin a las formas parlamentarias. En particular, preferiría suprimir el sufragio universal, directo y secreto que capitular en silencio ante el proletariado. Así que no se nos dará la opción de decidir si nos limitaremos a una lucha puramente parlamentaria” [27].

Si la revolución resultante era pacífica o violenta, Kautsky argumentó, dependía de las circunstancias, aunque su esperanza y preferencia era explícitamente la opción anterior. Mientras los socialistas reformistas insistían en que era absolutamente inadmisible que el proletariado llegase a emplear la fuerza armada, Kautsky afirmó consistentemente que los marxistas "ortodoxos" abogaban y deseaban una revolución pacífica, pero debían estar preparados para utilizar medios violentos si fuese necesario. [28] Observó que los capitalistas no renunciarían a la violencia, incluso si los socialistas lo hacían: "Para aquellos que renuncian de antemano al uso de la violencia, ¿que queda más allá del cretinismo parlamentario y la astuta politiqueria de Estado?" [29].

Una revolución socialista pacífica era posible mediante la organización de una huelga general y ganando a los soldados de base del ejercito, Kautsky argumentó [30]. No se podía predecir si la revolución daría lugar a violencia, ya que ello dependería de la respuesta de la clase dominante. De cualquier manera, los trabajadores necesitarían armas, porque:

Ahora, como en el pasado, el dicho de Marx sigue siendo cierto: la fuerza es la partera de toda sociedad nueva. Ninguna clase dominante abdica voluntaria y pasivamente. Pero eso no significa necesariamente que la violencia deba ser la partera de una nueva sociedad. Una clase ascendente debe contar con los instrumentos necesarios de fuerza a su disposición si quiere desposeer a la vieja clase dominante, pero no es incondicionalmente necesario que las emplee”. [31]

Tal orientación no es precisamente reformista, aunque debe tenerse en cuenta que, a diferencia de la estrategia de la joven Internacional Comunista, Kautsky a menudo implicaba que la batalla rupturista tendría lugar sólo después de que la clase dominante actuase contra las instituciones democráticas o las libertades políticas. Una orientación relativamente defensiva, a su vez, que estaba ligada al fuerte énfasis de Kautsky de limitarse en lo posible a las tácticas legales y pacíficas, a fin de no dar al régimen un pretexto para reprimir y destruir el poder acumulado del proletariado antes de que fuera lo suficiente fuerte como para derrotar a sus enemigos. Finalmente se produciría una crisis revolucionaria que plantearía tareas políticas específicas a los socialistas; pero entre tanto el partido debía hacer todo lo posible para evitar cualquier choque prematuro con la clase dominante. De esta perspectiva había desaparecido la comprensión estratégica de la centralidad de la acción de masas y los levantamientos "espontáneos" en los procesos revolucionarios: ideas que, como es conocido, había articulado Rosa Luxemburgo después de 1905 y que los bolcheviques aplicaron en 1917.

También hubo precedentes marxistas previos de divergencia con la posición de Kautsky. Ya en 1904, en una importante pero olvidada polémica, los líderes del PPS Kazimierz Kelles-Krauz y Marien Bielecki argumentaron que el enfoque de Kautsky era excesivamente defensivo y que los marxistas en las democracias parlamentarias (no sólo la Rusia zarista) tenían que alentar activamente y prepararse para las huelgas generales de masas y los levantamientos armados contra el estado capitalista [32].

Una segunda conclusión fundamental táctica preconizada por Kautsky y los socialdemócratas revolucionarios desde 1903 en adelante era que en ningún caso debían los socialistas participar en un gobierno capitalista. Para el contexto anómalo de Rusia, algunos marxistas "ortodoxos" como Kautsky y los bolcheviques se pronunciaron a favor de un gobierno provisional revolucionario de los trabajadores (o de los trabajadores y los campesinos) que, aunque no acabase con el capitalismo como tal, conduciría la revolución democrática a la victoria. Otros, como los mencheviques, en general se opusieron a tal perspectiva, con el argumento de que un gobierno de los trabajadores llevaría necesariamente al derrocamiento del capitalismo, para lo cual las condiciones sociales rusas no estaban maduras. El punto fundamental a subrayar aquí es que todas las corrientes de la socialdemocracia revolucionaria se oponían a la creación de un gobierno de coalición conjunto con la clase capitalista y los partidos liberales [33].

La importancia de esta oposición al "ministerialismo" difícilmente puede ser sobreestimada, ya que fue precisamente este tema el que resultó ser la cuestión central sobre el gobierno en 1917 y después. Mucho más que los debates sobre el uso de la violencia, o la mejor forma de un estado obrero, las divergencias sobre si se debía participar o no en un régimen de coalición con la burguesía constituyó la línea divisoria fundamental entre reformistas y radicales sobre la cuestión del poder estatal durante la oleada revolucionaria de 1917 en el Imperio ruso.

Las raíces de este debate fundamental sobre lo que luego sería conocido como el "Frente Popular" se remontan a 1899. En ese año, después del anti-semita "caso Dreyfus," el socialista Alexandre Millerand se incorporó al gobierno francés alegando la necesidad de salvar la república de la amenaza de la extrema derecha. Los socialistas reformistas como líder francés Jean Jaurès argumentaron a favor de Millerand que los logros democráticos podrían defenderse mejor a través de una alianza con la burguesía progresista; la participación socialista en el gobierno, por otra parte, era un paso estratégico hacia la transformación gradual del estado en la dirección del socialismo. [34]

Una fuerte lucha estalló inmediatamente entre socialistas "ortodoxos" y "revisionistas" sobre esta decisión y sus implicaciones estratégicas. Kautsky, Luxemburgo, y otros radicales argumentaron en contra de la posibilidad de la conquista gradual del poder y defendieron que la democracia sólo podía ser defendida y ampliada por la clase obrera con una línea de clase clara, es decir, mediante el mantenimiento de su independencia política de la burguesía y su estado.

Después de varios años de conflicto y controversia, los radicales consiguieron la adopción de su posición. El congreso de Dresden del SPD alemán de 1903 y el congreso de Amsterdam de la Segunda Internacional de 1904 adoptaron una resolución histórica - escrita por Kautsky – que prohibía a los socialistas la entrada en cualquier gobierno capitalista:

“El Congreso rechaza de la manera más enérgica todos los esfuerzos revisionistas para cambiar nuestra vieja táctica probada basada en la lucha de clases y reemplazar la conquista del poder político mediante la lucha descarnada contra la burguesía por una política de concesiones al orden establecido. La consecuencia de esta táctica revisionista sería transformar un partido que persigue la rápida transformación de la sociedad burguesa en una sociedad socialista - es decir, un partido que es revolucionario en el mejor sentido de la palabra - en un partido que se contenta con la reforma de la sociedad burguesa. Es por ello que el congreso – que en contra de las tendencias revisionistas, está convencido de que los antagonismos de clase, lejos de disminuir, se profundizarán - declara que: 1) El partido rechaza cualquier responsabilidad sobre las condiciones políticas y económicas en base a la producción capitalista y no puede, por lo tanto, aprobar medidas que sirvan para mantener a la clase dominante en el poder. 2) La socialdemocracia no puede aceptar ninguna participación gubernamental en una sociedad burguesa”[35].

En una importante serie de ensayos sobre el marxismo y la república escrito en 1904-1905, Kautsky defendió y se refirió a la estrategia que subyace a esta resolución. Dado que muchos de los puntos clave de estos artículos ya han sido citados más arriba, quiero destacar especialmente el análisis de Kautsky – pionero y profético - del papel indispensable de los reformistas para apuntalar el estado capitalista en un momento de crisis.

Kautsky argumentó que las raíces de la entrada de Millerand en el gobierno se apoyaban en la incapacidad de la débil burguesía francesa para gobernar sin el apoyo de los socialistas:

“El crecimiento colosal del socialismo proletario hizo que 'engañar a los trabajadores’ fuera urgentemente necesario para los republicanos burgueses - más que nunca. ... Pero ya habían renunciado a ganar formalmente a los trabajadores del socialismo a través de estos medios y encadenar a los trabajadores a su ajada bandera. Estaban demasiado comprometidos y habían perdido toda credibilidad entre el proletariado. Solo quedaba una manera de explotar el poder del proletariado para los fines de la burguesía: convencer a los parlamentarios socialistas para que llevasen a cabo esas políticas burguesas que los republicanos burgueses ya se habían vuelto demasiado débiles para hacerlo por sí mismos. Puesto que ya no podían matar el socialismo, trataron de domarlo y subordinarlo”. [36]

Como evidencia histórica de que el bloque de los reformistas con la burguesía en última instancia les colocaría del lado equivocado de las barricadas en una crisis revolucionaria, Kautsky recordó el papel del socialista moderado francés Louis Blanc en el aplastamiento de la Comuna de París en 1871:

“Su creencia ilusoria de que el proletariado tenía que colaborar con las partes más avanzadas y nobles de la burguesía para liberarse a sí mismo culminó en su colaboración con los elementos más atrasados y brutales de la reacción del país con el fin de derrotarlo. Al hacerlo sus puntos de vista teóricos y simpatías apenas habían cambiado. Pero las divisiones de clase eran más fuertes que sus deseos piadosos. Cualquiera que, viniendo del otro lado de la burguesía, no posee el valor y abjure de su clase para unirse al proletariado en la lucha contra la burguesía con todo su corazón y rompa todos los lazos con ella acabará finalmente, a pesar de sus simpatías proletarias, siendo empujado fácilmente al lado de los oponentes del proletariado en el momento decisivo”. [37]

El curso de los acontecimientos en 1917-1923 en Rusia y en toda Europa reivindicó este análisis. Irónica y trágicamente, Kautsky - como Louis Blanc y Alexandre Millerand antes que él - también eventualmente terminó "del lado de los oponentes del proletariado". Kautsky se convirtió, en palabras de Lenin, en un renegado; en otras palabras, renegó de su radicalismo anterior. Al capitular ante la burocracia del SPD y abandonar su anterior postura intransigente, el "Papa del marxismo" después de 1917 defendió un bloque con los capitalistas alemanes y la participación del SPD en su estado[38]. Los resultados demostrarían ser catastrófico para la clase obrera alemana, rusa e internacional.

Seguir o no el camino del "ministerialismo" de Millerand también se convertiría en la cuestión política esencial en el Imperio ruso después de la revolución de febrero 1917. Sin embargo, en los años anteriores, el peso del absolutismo excluyó incluso la posibilidad de una entrada en el gobierno de los socialistas. Sólo en Finlandia se podía plantear este debate como un problema inmediato - y sobre esta cuestión, las alas "ortodoxa" y reformista del socialismo finlandés chocaron brusca y repetidamente. Yrjö Makelin y otros activistas colaboracionistas del partido defendieron que los socialistas debían participar en un gobierno nacional finlandés, alabando y apoyando la entrada de Millerand en el gobierno francés como un ejemplo positivo a emular. [39] En respuesta, el dirigente "ortodoxo" finlandés Edvard Valpas denunció duramente la idea de un gobierno de coalición entre socialistas y la burguesía. La experiencia de Millerand, argumentó, demostraba claramente que era "un engaño" creer que la participación en un gobierno capitalista serviría a la causa de los trabajadores: en la práctica, sólo podría servir para proteger al estado capitalista de la lucha independiente de clase del proletariado . [40]

Esto se convirtió en una cuestión práctica transcendental cuando uno de los dirigentes moderados de la socialdemocracia finlandesa, JK Kari, se unió al gobierno de Finlandia en noviembre de 1905. En respuesta, la emergente ala "ortodoxa" de la socialdemocracia se movilizó con éxito en el siguiente congreso del partido para exigir que Kari fuese expulsado del partido, declarando que unirse a un gobierno burgués contradecía los principios fundamentales del marxismo. [41]

Como ilustra la expulsión de Kari, el Partido Socialdemócrata de Finlandia, a diferencia del SPD alemán, no evolucionó lentamente en una dirección integracionista, de colaboración de clases. La socialdemocracia finesa fue una excepción entre los partidos socialistas de masas europeos que actuaban en contextos de libertad política en el sentido en que se comprometió más con la socialdemocracia revolucionaria después de 1905.

Si Finlandia no hubiera formado parte del Imperio zarista, es probable que la socialdemocracia finesa hubiera evolucionado por un camino acomodaticia similar al de tantas corrientes socialistas occidentales, en las que el aumento de la burocratización y la integración parlamentaria relegaron a los líderes radicales a una minoría interna la víspera de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, a diferencia de todos los demás partidos socialistas legales en Europa, la socialdemocracia finlandesa tomó parte directamente en la revolución de 1905. La huelga general en otoño radicalizó a los proletarios urbanos y rurales en Finlandia, lo que provocó el estallido de una sublevación de masas que barrió a gran parte de la vieja guardia de la dirección del partido y permitió incorporar a un nuevo grupo de marxistas entregados, comprometidos a aplicar una perspectiva de clase independiente estricta.

Así, a pesar de que la propagación de la socialdemocracia revolucionaria llegó relativamente tarde a Finlandia, desempeñó un papel fundamental en la ruptura de una larga tradición de alianzas con la clase dominante del movimiento obrero. De 1905 en adelante, la experiencia del socialismo finés constituye un ejemplo particularmente revelador para el análisis de la dinámica y las posibilidades de la paciente política "ortodoxa" socialdemócrata en un contexto de libertad política y democracia parlamentaria.

La república democrática y el dominio del proletariado

En la sección anterior vimos que los socialistas "ortodoxos" se oponían a los Estados capitalistas existentes por ser insuficientemente democráticos. Pero, ¿con qué se proponían sustituirlos? La respuesta breve es: con una república. Es crucial aclarar lo que Kautsky y sus compañeros consideraban una república democrática, ya que este término se ha asociado a la democracia parlamentaria burguesa y la simple ausencia de una monarquía. Pero para los socialdemócratas revolucionarios, el republicanismo democrático real, el verdadero parlamentarismo, era una perspectiva radical y en última instancia anticapitalista. A diferencia de muchos escritos marxistas posteriores a 1917, los conceptos de "república" y "democracia" en este período no eran vistos como intrínsecamente ligados a la burguesía o el capitalismo. Para Federico Engels, "una cosa absolutamente cierta es que nuestro partido y la clase obrera no pueden llegar al poder y gobernar más que a través de una república democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura del proletariado, como la gran revolución francesa ya mostró". [42]

Mucho más que la simple eliminación de la monarquía, de acuerdo con Kautsky, una verdadera república necesariamente disolvería el ejército permanente, elegiría a todos los funcionarios del Estado, delegaría la administración a las autonomías locales auto-gestionadas, y subordinaría a "todos los miembros de los órganos de representación al control y la disciplina del pueblo organizado". [43] Por lo tanto, Kautsky argumentaba, aunque los gobiernos de EE UU y Francia afirmaban ser repúblicas, no lo eran en realidad. [44] Como modelo de "el ideal de la república democrática," los importantes ensayos de Kautsky sobre la república de 1904-05 señalaban a la Comuna de París de 1871:

“Debido a que atribuimos gran importancia a la forma del estado en la lucha de clases del proletariado, tenemos que luchar contra una forma de Estado como la Tercera República [francesa], en la que la clase actualmente dominante está armada con todos los instrumentos de dominación centralizados de una monarquía. Reducirlos a pedazos, no reforzarlos, es una de las tareas más importantes de la socialdemocracia francesa. La Tercera República, tal como está actualmente constituida, no ofrece ninguna base para la emancipación del proletariado, sólo para su opresión. Sólo cuando el Estado francés se transforme de acuerdo con las líneas de la constitución de la Primera República y la Comuna podrá convertirse en ese tipo de república, ese tipo de gobierno, para lo cual el proletariado francés ha estado trabajando, luchando y derramando sangre desde hace más de ciento diez años”. [45]

Al igual que Lenin en El Estado y la revolución , Kautsky cita explícitamente y alaba la "descripción clásica" de Marx de la Comuna, con su famoso llamamiento a la "destrucción del poder del Estado": "Mientras que los órganos puramente represivos del viejo Poder debían ser amputados, sus funciones legítimas debían ser arrancadas de una autoridad que había impuesto su preeminencia sobre la sociedad misma, y devueltas a los agentes responsables de la sociedad "[46]. Kautsky sacó de su análisis de la naturaleza no democrática de las instituciones estatales existentes la siguiente conclusión:

“La conquista del poder por el proletariado, por tanto, no significa simplemente la conquista de los ministerios del gobierno, para luego, sin más preámbulos, administrar los medios heredados de gobierno - una iglesia estatal establecida, la burocracia y el cuerpo de oficiales - de una manera socialista . Más bien, significa la disolución de estas instituciones. Mientras el proletariado no sea lo suficientemente fuerte como para abolir estas instituciones de poder, hacerse cargo de los distintos departamentos gubernamentales y de gobiernos enteros será en vano”. [47]

Contrariamente a la impresión dada por Lenin en El Estado y la revolución - que omite cualquier mención a estos llamamientos explícitos de Kautsky a disolver las estructuras estatales existentes - no he encontrado ninguna evidencia de que los marxistas de la Segunda Internacional vieran dichos llamamientos a derruir estas estructuras estatales capitalistas como algo novedoso o "poco ortodoxo". Los escritos de Kautsky de 1904-05 sobre la república fueron re-editados como folleto en alemán en 1905 e inmediatamente traducidos y publicados en ruso y polaco.

Mikelis Valters de la Latvijas Soci?ldemokr?tisk?s savien?ba (Unión Social-Demócráta de Letonia) en 1905 así mismo citó explícitamente y alabó la posición de Marx de que "la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente, y utilizarla para sus propios fines"[48]. La liberación social y nacional, según él, sólo podía obtenerse desmantelando el estado capitalista:

“La nueva sociedad en el Báltico sólo puede ser creada a través del trabajo consciente del proletariado nacional letón y este trabajo sólo puede llevarse a cabo si el proletariado gobierna la actividad política en nuestra tierra. Nos esforzamos para mostrar a la clase trabajadora que esto sólo puede suceder mediante la destrucción del estado burgués, que sólo el establecimiento de un estado proletario - es decir, radicalizando y alentando la lucha de clases hasta su conclusión - hará posible la fundación de una nueva sociedad en la tierra de Letonia, donde no habrá explotadores ni explotados. Será una nueva Letonia, un estado de Letonia, una democracia de Letonia”. [49]

Valters, como Kautsky, no afirmaba que estos argumentos suponían una ruptura con la posición predominante de la socialdemocracia revolucionaria. El artículo del socialista letón Janis B?rzi?š-Ziemelis "Viva la república democrática" de manera similar se hizo eco del análisis de la naturaleza del auténtico republicanismo de Kautsky. Su conclusión era que ninguna república occidental "es democrática en el sentido propio de la palabra" y que el ideal socialista era una república siguiendo el modelo de la Comuna de París. [50]

Es cierto que el elogio explícito al modelo de estado de la Comuna no fue un tema importante en los escritos de Kautsky, pero lo mismo no puede decirse acerca de su postura sobre el ejército y el militarismo. Y era en este punto en el que su perspectiva sobre el estado era más radical. Este tema ha recibido sorprendentemente poca atención entre académicos y socialistas, a pesar de que la cuestión del Estado y la revolución, en última instancia, se reducen a qué clase social puede ejercer el monopolio de la violencia en la sociedad. [51]

Un enfoque historiográfico sobre los debates marxistas sobre la forma política de un estado obrero - parlamentario o soviético, centralizado o descentralizado, con o sin funcionarios públicos heredados, etc. - ha oscurecido el punto más fundamental: todos los socialdemócratas "ortodoxos" defendían la destrucción de la máquina militar de la clase gobernante. Era algo más que un punto secundario, porque, en palabras de Kautsky, el ejército era el "más importante" medio de gobierno. [52] Como Marx había subrayado, y Kautsky reiterado de manera explicita, la exigencia de la eliminación del ejército permanente y su sustitución por una milicia popular fue "el primer decreto de la Comuna [de París]." [53]

Los lectores deben recordar que Kautsky y otros socialistas revolucionarios fueron testigos del crecimiento del militarismo como una de las tendencias fundamentales del capitalismo moderno - y la gran amenaza para la democracia. La reivindicación del fin del ejército y el armamento del pueblo era un elemento central del Programa de Erfurt de 1892. Como señala el historiador Nicholas Stargardt, el SPD originario "situaba a la milicia en el centro de su crítica política, social y fiscal". [54] De acuerdo con Kautsky, "el armamento del pueblo" era "el único medio que podría poner fin al régimen de los espadones para siempre"[55]. Luxemburgo escribió asimismo que "el poder y la dominación tanto del estado capitalista como de la clase burguesa cristalizan en el militarismo ... abandonar la lucha contra el sistema militar en la práctica conduce a la completa renuncia a cualquier lucha contra el sistema social actual". [56]

Testimonio del peso de la socialdemocracia revolucionaria en el Imperio zarista, todos los partidos socialistas "ortodoxos" exigían la disolución del ejército permanente y su sustitución por una milicia como una de sus reivindicaciones inmediatas (mínimas). El programa mínimo del Partido Revolucionario de Ucrania de 1903 proclamaba que "hay que destruir el presente ejército permanente y establecer la milicia popular" [57].

En contraste, los "revisionistas" alemanes, defendían que el SPD abandonase esa posición, lo que provocó un gran debate en 1899 sobre la cuestión entre Kautsky y sus oponentes en Die Neue Zeit . Ese mismo año en Finlandia, el programa de fundación reformista del Partido Obrero omitió de manera significativa esa posición. En su lugar, sólo declaraba que la "carga militar debe ser reducida en gran medida y los ideales de paz promovidos y llevados a la práctica" [58]. En 1903, el giro a la izquierda del partido finés se reflejó en su adopción de la posición socialdemócrata típica sobre la milicia y el ejercito. Y en 1917, bajo una dirección "ortodoxa", la lucha por esta reivindicación jugaría un papel central a la hora de empujar la revolución hacia la ruptura anticapitalista.

La experiencia en 1905, 1917, y posteriormente demostraría que acabar con el ejército de la clase dominante constituye una condición previa para el establecimiento de cualquier forma de gobierno de los trabajadores. Aunque los puntos de vista de Lenin y sus camaradas sobre la forma del gobierno proletario y campesino - en lo que se refiere a la utilización de antiguos funcionarios del Estado, los niveles de centralización, el papel de las instituciones parlamentarias, etc. - a menudo evolucionaron de manera espectacular durante y después de 1917, la constante política que subyace a todas sus posiciones era que el aparato represivo del antiguo estado debía ser destruido en primer lugar. Como afirmaba la Resolución de 22 de marzo de 1917 del Partido Bolchevique: "La única garantía de victoria sobre todas las fuerzas de la contrarrevolución y de un mayor desarrollo y profundización de la revolución es, en opinión del partido, el armamento general de la población y, en particular, la creación inmediata de la Guardia Roja de los trabajadores en todo el país".[59]

La posición "ortodoxo" sobre el ejército - y la democracia republicana en general - socava la frecuente afirmación de que el marxismo de la Segunda Internacional fatalmente separó sus programas mínimos y máximos. Pierre Broué, por ejemplo, sostuvo que "esta separación dominaría la teoría y la práctica de la socialdemocracia durante décadas". [60] Tiene mucha razón esta crítica en lo que respecta a los socialistas moderados y las cúpulas burocratizadas de los partidos. Pero no se aplica necesariamente a Kautsky, porque de hecho, a menudo articuló lo que luego sería conocido como un enfoque “transitorio".

Destacando el carácter cada vez más conservador de la burguesía, Kautsky argumentó que con frecuencia las reivindicaciones democráticas del programa mínimo, tales como la eliminación del ejército permanente, sólo podían ser alcanzadas por el proletariado contra la clase dominante y es probable que sólo pudieran conquistarse mediante la revolución. Contra el argumento de Rosa Luxemburgo de que no debía exigirse la independencia de Polonia, ya que era imposible en el sistema vigente, Kautsky respondió que por la misma lógica el SPD tendría que abandonar sus reivindicaciones de una república democrática y la elección de los funcionarios del Estado - "nadie se engaña ni tiene la ilusión de que la elección de las autoridades estatales por el pueblo es alcanzable en las actuales relaciones políticas"[61]. Disolver el ejército permanente en Alemania igualmente implicaba "una transformación radical de las relaciones del estado". [62] Los marxistas, argumentó, debían defender las reivindicaciones de la creación de una milicia armada y del federalismo nacional a pesar de su posible incompatibilidad con el orden existente: "en la elaboración de su programa, la socialdemocracia no pregunta si las clases dominantes y los partidos pueden ganar, sino más bien si es necesario". [63]

De acuerdo con Kautsky, mientras que las reivindicaciones específicas planteadas por los socialistas podrían ser compartidas por otros partidos, y aunque algunas pudieran ser compatible con el capitalismo, "lo que distingue a [la socialdemocracia] de los otros partidos es la totalidad de sus reivindicaciones prácticas" y "los objetivos a los que estas reivindicaciones apuntan"[64]. Ya en 1893, Kautsky había llegado a la conclusión de que "la burguesía en Europa al este del Rin se ha vuelto tan débil y cobarde que parece que el régimen del burócrata y el sable no podrán romperse hasta que el proletariado sea capaz de conquistar el poder político, y que el derrocamiento del absolutismo militar conduzca directamente al proletariado a hacerse con el poder político"[65]. En resumen, para los marxistas "ortodoxos" las lucha por la democracia constituían un puente revolucionario indispensable entre las luchas de hoy y la conquista del poder por los trabajadores.

El estado y la revolución de 1917

Los debates socialistas sobre el poder del Estado en 1917 no giraron en torno a la utilización o la destrucción del aparato estatal existente. La vieja estructura del Estado zarista se rompió en gran medida como consecuencia de la Revolución de Febrero. El nuevo gobierno provisional era una institución muy débil que nunca tuvo un firme control sobre el aparato represivo, y mucho menos el monopolio de la violencia sobre la sociedad; su débil legitimidad popular descansaba en gran medida en el apoyo que se le daban los socialistas moderados.

En tal contexto, la cuestión del Estado se concentró en el tema de si los trabajadores debían formar un bloque con la clase alta o crear algún tipo de poder independiente. En 1917, este problema tendió imponerse sobre los otros grandes debates políticos de la revolución. Para finalizar la guerra, implementar la reforma agraria, conceder la autodeterminación nacional, o satisfacer las apremiantes reivindicaciones económicas de los trabajadores y los campesinos se requería "romper con la burguesía". La coincidencia fundamental en el proyecto estatal y la estrategia de los bolcheviques, los radicales finlandeses, y otros socialdemócratas revolucionarios era un compromiso compartido con la independencia de la clase obrera y su hegemonía en la lucha por el poder político, que se manifestaba sobre todo en un rechazo estratégico de alianzas con los partidos burgueses y un rechazo de los gobiernos de coalición entre clases.

Mientras que la mayoría de los mencheviques, Socialistas revolucionarios (eseritas) de derechas, y otros socialistas moderados no rusos abandonaron la vieja oposición "ortodoxa" de sus partidos a la participación en gobiernos de coalición en 1917, los bolcheviques y otros radicales mantuvieron esta postura. Como el historiador Michael Melancon señala:

“La sospecha de o la franca oposición a un gobierno de orientación burguesa o un gobiernote coalición socialista-burgués no surgieron como consecuencia de la agitación bolchevique, sino que existieron desde el principio como parte de la perspectiva de la mayoría de los socialistas y sus bases trabajadoras. El papel de la agitación bolchevique fue situar a ese partido en condiciones de rentabilizar los beneficios organizativos de las actitudes populares existentes hacia el gobierno provisional cuando defraudó lo que se percibía como reivindicaciones mínimas y cuando los dirigentes SR y mencheviques desastrosamente se alinearon ellos y sus partidos con dicho gobierno provisional”. [66]

La exigencia popular de "Todo el poder a los soviets" concentra el deseo generalizado de una ruptura política con la burguesía. Para citar a Rex Wade: "La exclusión de los elementos de clase alta y media del poder y la reivindicación de un cambio radical se resumen perfectamente en la consigna de "Todo el poder para los soviets", que tanto los bolcheviques como sectores crecientes de la población hicieron suya, pero que los líderes revolucionarios defensistas obstinadamente rechazaron"[67]. La Revolución de Octubre, sobre todo, representó la concretización de esta ruptura anti-burguesa - y la reivindicación del contenido revolucionario de un principio básico de la socialdemocracia "ortodoxa".

A pesar de la continuidad general entre las perspectivas estatales originales de Kautsky y las articuladas por Lenin y los bolcheviques después de 1917, también hubo divergencias incontestables. Sin duda una de las más significativas fue la posición de Kautsky de que un parlamento basado en el sufragio universal sería un componente central de la dictadura del proletariado. En contraste, el modelo soviético (consejos) del poder del Estado en el Imperio ruso excluía a la burguesía y los propietarios del sufragio, y trató de basarse en una participación más directa y representativa de los trabajadores. Al igual que Lenin, muchos marxistas a partir de 1917 argumentaron que esta estructura era más democrático que el parlamentarismo tradicional. Como la dirigente de la izquierda del PPS, María Kozutzka, escribió en 1918:

“El sistema parlamentario actual no permite a las masas a participar activamente en la vida pública. ... Estas deficiencias desaparecen en la nueva organización estatal [de los consejos], que conecta todas las células de la vida social en su conjunto, que elimina las antiguas divisiones artificiales, lo que hace que los órganos de gobierno local sean una parte del cuerpo general del Estado, que establece una estrecha conexión entre las autoridades legislativas y administrativas, que introduce el principio de elecciones frecuentes, y así sucesivamente. La Constitución de la república rusa es el primer gran intento de organizar la vida de la población trabajadora sobre la base de una autogestión. Lo que significa gobernarse a sí mismo, en vez de verse sometido a un gobierno impuesto desde arriba”. [68]

Como una discusión en profundidad sobre el papel de los soviets durante y después de 1917 está más allá del alcance de este trabajo, me limitaré a hacer algunas observaciones. En primer lugar, mientras que los soviets representaban una forma más directa de democracia que lo imaginado, incluso por el primer Kautsky, la amplitud de las diferencias no debe exagerarse. Como hemos visto, Kautsky rechazó asimismo el parlamentarismo burgués como una farsa y pidió una república en la que la separación entre los trabajadores y el estado desapareciera a través de la elección de todos los funcionarios del Estado, el armamento del pueblo, la ampliación del autogobierno local, y la fusión de los poderes ejecutivo y legislativo. Una república parlamentaria proletaria de ese tipo se parecía al modelo soviético mucho más que a cualquier democracia capitalista existente.

En segundo lugar, hay que subrayar que el debate político central en el Imperio ruso en 1917 no fue soviets frente a parlamentos. Aparte del de Finlandia, no había parlamentos nacionales en el Imperio frente a los que se pudieran contraponer los organismos soviéticos: el nuevo gobierno provisional se había autoproclamado, no había sido elegido y perdió gran parte de su apoyo, precisamente, por aplazar constantemente la convocatoria de una Asamblea Constituyente. La "ortodoxia" inicial siempre había sostenido que el contexto distinto del absolutismo zarista implicaba que la revolución en Rusia, y la táctica y la estrategia marxistas apropiada para sus condiciones, serían muy diferentes que en las democracias burguesas occidentales. Este análisis siguió siendo relevante durante los acontecimientos de 1917, que tuvieron lugar en un sistema político que estaba profundamente marcado por el legado autocrático.

En ausencia de parlamentos nacionales, los soviets desde el primer momento representaban la expresión democrática dominante de los trabajadores, que cada vez más participaron y depositaron en ellos sus esperanzas. A lo largo de 1917, los marxistas revolucionarios, tanto en el centro como en la periferia del Imperio ruso, vieron a los soviets y a una futura Asamblea Constituyente como instituciones complementarias para establecer el poder de los trabajadores y los campesinos [69]. Esta postura cambió cuando se hizo evidente que la recién elegida Asamblea Constituyente - que finalmente se convocó en enero de 1918 - estaba siendo contrapuesta por los socialistas moderados y los liberales al nuevo gobierno soviético.

Buscando defender y profundizar la revolución y sus conquistas, los bolcheviques y los eseristas de izquierda disolvieron la Asamblea Constituyente cuando esta se negó a reconocer la autoridad política del régimen soviético. Como han señalado Alexander Rabinowitch y muchos otros historiadores, la razón "más importante" para la victoria del poder soviético sobre la Asamblea Constituyente en 1918 fue la "fundamental indiferencia del pueblo ruso" en relación con la Asamblea. [70] Este contexto político particular ayuda a aclarar porqué la razón de la disolución de la Asamblea no fue, como han mantenido tantos liberales y reformistas, una expresión del "autoritarismo leninista". La práctica ausencia de una institución o tradición parlamentaria fuerte en el Imperio ruso también debe tenerse en cuenta al ponderar el grado en el que la estrategia bolchevique en 1917 marcó una ruptura o continuidad con la socialdemocracia "ortodoxa", que siempre se había acercado a la Revolución rusa como un fenómeno histórico bastante singular.

En última instancia, la importancia internacional post-1917 de Lenin y la postura inicial de la Comintern sobre los consejos es ante todo que planteó un nuevo camino estratégico hacia la conquista del poder de los trabajadores. En contraste con la postura de Kautsky sobre el parlamentarismo y su énfasis en las tácticas defensivas, Lenin y la Comintern defendieron los consejos de trabajadores como la forma necesaria de la dictadura del proletariado al mismo tiempo que su énfasis estratégico sin precedentes sobre la acción de masas extraparlamentaria y la movilización de las capas más amplias de los trabajadores más allá de que estuvieran organizados o no en el partido y los sindicatos. Del mismo modo, la nueva postura legitima una estrategia más ofensiva, más insurreccional para la conquista del poder del Estado. Ya no se vería la revolución socialista esencialmente como una reacción defensiva contra los intentos de la burguesía para eliminar las libertades democráticas o para anular la elección de una mayoría socialista en el parlamento. Para los marxistas que no están dispuestos a posponer la derrota del capitalismo a un futuro indefinido, ganar a la mayoría de los trabajadores organizados en los consejos resultó ser un objetivo más realista para su legitimidad democrática revolucionaria que obtener una mayoría electoral de toda la población en condiciones de dominio capitalista. En 1918, Rosa Luxemburgo señaló la siguiente conclusión estratégica de la Revolución Rusa:

“Los socialdemócratas alemanes han tratado de aplicar a las revoluciones la sabiduría de fabricación casera de la guardería parlamentaria: para conseguir cualquier cosa, primero hay que tener una mayoría. Lo mismo, dicen, se aplica a una revolución: primero seamos una “mayoría”. La verdadera dialéctica de las revoluciones, sin embargo, pone cabeza abajo esta sabiduría de topos parlamentarios: No a través de una mayoría, sino a través de la táctica revolucionaria para construir una mayoría - esa es la forma en la que la vía avanza. Sólo un partido que sabe dirigir, es decir, hacer avanzar las cosas, gana apoyo en tiempos tormentosos”. [71]

Esta postura fue ciertamente distinta de, si no necesariamente contradictoria con, la "ortodoxia" marxista promovida por Kautsky en su período revolucionario. Dicho esto, no se concluye que la posición anterior fuese inherentemente reformista. Aquí la revolución en Finlandia sirve como un importante punto de comparación. En general, la Revolución de Finlandia, al igual que la propia Revolución de Octubre, confirma las potencialidades anticapitalistas de la posición original de Kautsky sobre el estado y la revolución. [72]

En 1917 la dirección de la socialdemocracia finesa estaba hegemónicamente (aunque no de forma homogénea) comprometida con la socialdemocracia revolucionaria y, con algunos errores reales, trató de aplicar este enfoque a lo largo del año. El fuerte parlamento finlandés y la tradición parlamentaria plantearon obstáculos y oportunidades que los socialistas no confrontaron en el resto del Imperio. Al contrario que en las otras regiones del Imperio ruso, había una larga tradición de libertad política y un parlamento de Finlandia; como defendía la doctrina "ortodoxa" para tales condiciones, la socialdemocracia finlandesa ponía un fuerte énfasis en la actividad parlamentaria. De hecho, el partido obtuvo la mayoría absoluta en el Parlamento finlandés en 1916 e intentó (en última instancia, sin éxito) durante gran parte de 1917 utilizar esa institución para satisfacer las reivindicaciones básicas de la clase obrera. En ese contexto, no es de extrañar que ni de los socialistas ni de la clase obrera finlandeses surgiera un impulso para crear consejos de trabajadores en 1917.

A finales del verano de 1917, el Gobierno provisional ruso, en alianza con los conservadores finlandeses, disolvió ilegalmente el parlamento dirigido por los socialistas de Finlandia y convocó nuevas elecciones. En respuesta a este antidemocrático "golpe" burgués, la dirección socialista finlandesa protestó fuertemente - y luego prevaricó durante meses. Aunque las condiciones de crisis y contra-revolución situaban la insurrección a la orden del día, se mantuvo muy reacia a romper con el ámbito parlamentario. Al mismo tiempo, sin embargo, luchó con fuerza contra cualquier intento de la burguesía finlandesa para establecer una fuerza de policía y un ejército para apuntalar su dominio (el antiguo aparato represivo en Finlandia también había sido destruido en febrero de 1917).

Después de un retraso considerable, y bajo la presión tanto de su base radical y de la revolución en Rusia Central, la socialdemocracia finesa finalmente superó sus vacilaciones, producto en gran medida del ala moderada parlamentaria del

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