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¿Quién sostiene a Assange/WikiLeaks? (Parte III - Final)

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¿Quién sostiene a Assange/WikiLeaks? (Parte III - Final)

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info) 

La capacidad monopólica de difundir las filtraciones de WikiLeaks (WL) asignada por el editor Julian Assange a cinco grandes medios se convirtió en el talón de Aquiles de su credibilidad. La alianza entre WL y cinco grandes medios estadounidenses y europeos fue largamente negociada por Assange, mucho antes del destape de las filtraciones del 28 de noviembre. En definitiva, el procedimiento motivó la más obvia de las preguntas: ¿quién controla, decide y supervisa la selección, distribución y edición de los documentos que llegarán al conocimiento del grueso público?.

En los hechos, el control está en manos de medios, como el New York Times y El País, que se hicieron célebres por mentirosas fabricaciones periodísticas. WL terminó subordinándose a los grandes arquitectos de la desinformación, cuya prioridad más relevante es secundar los objetivos de la política exterior de Estados Unidos.

Empero, la cuestión no es tan simple. Principalmente porque la campaña contra WikiLeaks en Estados Unidos puede desembocar en un proceso judicial al editor Assange, invocando la ley "Espionage Act", de 1917, con la mira más bien puesta en el control absoluto de Internet. "Debemos actuar con firmeza para evitar que Julian Assange sea enjuiciado en Estados Unidos", sentenció Michel Chossudovsky en Global Research. Y se trata de uno de los críticos que más desconfía de la alianza con los medios del fundador de WL.

La dos mujeres suecas que denunciaron haber sido “violadas” por su partner nocturno habitual -Assange-, más la condimentada situación legal del editor de WL por asuntos de promiscuidad privada, parecen cortinas de humo que no dejan ver con claridad el boscoso trasfondo de las “revelaciones” que a diario manufacturan aquellos grandes medios que recibieron la valiosa materia prima de los cables del Departamento de Estado que supuestamente les proporcionó WL/Assange.

Los más de 250 mil papeles del Departamento de Estado, cuyo contenido real solamente conocen The New York Time, El País, The Guardian, Le Monde y Der Spiegel, sirven como proyectiles a la pesada artillería contra los principales blancos de la política exterior de Estados Unidos -Corea del Norte, Irán, Cuba, Venezuela, Bolivia, etc.- y preparan el escenario de la próxima guerra, ante el agotamiento político de las aventuras bélicas en Afganistán e Irak.

El incansable complejo militar-industrial-mediático que gobierna al país del norte clama por nuevas conflagraciones para dar salida al material bélico de alta tecnología que produce incesantemente, incluso con financiamiento de terceros países -ajenos a la guerra- que invierten sus reservas en bonos del Tesoro de Estados Unidos. Esta probable movida sofisticada “en aras de la libertad de expresión” tiene garantizada la caja de resonancia de la prensa mundial –sin excluir las radios y estaciones de TV más pequeñas- que repite incesantemente, y sin mayor análisis, las “privilegiadas revelaciones” de los mismos medios que en la última década se consagraron como campeones de la desinformación, principalmente el New York Time y El País.

Las filtraciones difundidas por el sistema mediático occidental explotan el apoyo de los estados del Golfo y Arabia Saudita a organizaciones musulmanas terroristas, un hecho ya conocido y extensamente documentado. Sin embargo, los informes no mencionan lo esencial para comprender "la guerra global contra el terrorismo" y es que los servicios de inteligencia de Estados Unidos canalizan históricamente su ayuda a esas organizaciones terroristas a través de Pakistán y Arabia Saudita (Véase Michel Chossudovsky, America's "War on Terrorism", Global Research, Montreal, 2005).

En estas operaciones encubiertas de inteligencia de Estados Unidos utilizan como intermediarios a agentes sauditas y pakistaníes. Los grandes medios explotan esos “leaks” para mantener la ilusión de que la CIA no tiene nada que ver con redes terroristas y que Arabia Saudita y los estados del Golfo son los principales financistas de Al-Qaida, Talibán, Lashkar-e-Taiba y otros, cuyo financiamiento se provee según lo dispongan los servicios de inteligencia de Estados Unidos. La tanda de documentos dirigidos al Departamento de Estado y a las embajadas de Estados Unidos en Arabia Saudita y los estados del Golfo típicamente describen que adinerados donantes privados -a menudo de manera abierta- apoyan con mucho dinero a los mismos grupos que Arabia Saudita dice combatir (WikiLeaks: Saudis, Gulf States Big Funders of Terror Groups -Defense/Middle East - Israel News- Israel National News).

Sobre Pakistán, "los cables en poder de varios medios periodísticos, dejan en claro que por debajo de los acuerdos públicos existen conflictos profundos entre Estados Unidos y Pakistán respecto a objetivos estratégicos en temas como el apoyo pakistaní a los talibanes afganos y su actitud tolerante con Al-Qaida..." (Wary Dance With Pakistan in Nuclear World, The New York Times, 1 de diciembre, 2010).

La naturaleza de estos reportes otorga legitimidad a los cotidianos ataques secretos de Estados Unidos contra supuestos blancos terroristas en Pakistán. El uso e interpretación que hacen los grandes medios de los cables WikiLeaks perpetúan el mito de que Irán tiene un programa de armas nucleares y representa un peligro para la seguridad global. También enronizan que Arabia Saudita y Pakistán son patrocinadores de Al-Qaida y financian organizaciones terroristas musulmanas que se proponen atacar a Estados Unidos y sus aliados de la OTAN.

Amistades corporativas de Assange

WikiLeaks y el semanario británico The Economist mantienen una vieja relación: Assange recibió en 2008 el premio "The Economist's New Media Award". Esta revista tiene una estrecha relación con las élites financieras de Gran Bretaña, apoyó la guerra de Irak y exhibe la impronta de la familia Rothschild, que se encuentra entre sus accionistas relevantes. Sir Evelyn Robert Adrian de Rothschild fue su director desde 1972 hasta 1989 y su cónyuge, Lynn Forester de Rothschild, pertenece a la junta directiva actual. ¿Por qué Assange recibiría el apoyo de uno de los medios de prensa británicos más destacados en la continua campaña de desinformación?, preguntó Michel Chossudovsky.

Para el analista canadiense “si no se trata de un caso de ‘disidencia manufacturada’, apoyar y premiar a WL por sus acciones por la libertad de información constituye una manera de controlar y manipular ese proyecto y, a la vez, captarlo para los medios corporativos”.

En otra conexión importante, el abogado londinense de Assange, Mark Stephens -de la firma de abogados de la élite londinense Finers Stephens Innocent (FSI)-, es consejero legal de Rothschild Waddesdon Trust. Este dato no prueba nada, pero debería ser examinado en el contexto del entorno social y corporativo de WikiLeaks: el NYT, el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por su sigla en inglés), The Economist, Time Magazine, Forbes, Finers Stephens Innocent (FSI), etc.

Michel Chossudovsky apeló a una cita de Aldous Huxley para sugerir la identidad y naturaleza de quienes respaldan a WK- Assange: "Los grandes banqueros, al mover algunas simples palancas que controlan el flujo de dinero, pueden determinar el éxito o el fracaso de la economía de un país. Al controlar los comunicados de prensa sobre las estrategias económicas que delinean tendencias nacionales, la élite es capaz no sólo de tomar las riendas de poder de la estructura económica de esta nación sino también de extender el control a todo el mundo. Aquéllos que poseen un poder tal quieren lógicamente permanecer en un segundo plano, ser invisibles para los ciudadanos comunes".

Identidad de objetivos

Cuando WikiLeaks delineó sus objetivos anunció que sería "una versión sin censura de Wikipedia para la filtración y análisis de documentos de procedencia secreta” centrada “principalmente en los regímenes opresivos de Asia, el antiguo bloque soviético, África subsahariana y Oriente Medio, aunque también esperamos ofrecer un espacio para aquéllos que en Occidente deseen revelar comportamientos antiéticos de sus propios gobiernos y corporaciones" (CBS News - Website wants to take whistleblowing online, 11 de enero, 2007).

Julian Assange confirmó estos propósitos en una entrevista con The New Yorker en junio de 2010: "Nuestros objetivos principales son aquellos regímenes extremadamente opresivos de China, Rusia y Eurasia Central, aunque esperamos ofrecer un espacio para quienes deseen revelar en Occidente conductas ilegales o inmorales de sus propios gobiernos y corporaciones". Advirtió que "exponer secretos" podría hacer caer gobiernos que ocultan la realidad, incluyendo al gobierno de Estados Unidos.

El enfoque geopolítico de WikiLeaks en los "regímenes opresivos de Eurasia y Medio Oriente” resultó "atractivo" desde el inicio para las elites estadounidenses, pues parecía coincidir con los objetivos de la política exterior de Washington. La inclusión en su equipo de disidentes chinos, más los propósitos de "exponer secretos" de gobiernos extranjeros sintonizaba con las operaciones encubiertas de Estados Unidos y el interés de Freedom House por desencadenar "cambios de régimen" y promover "revoluciones de colores" en diferentes partes del mundo.

Chossudovsky: Si WL se propone combatir en serio la censura, surge otra pregunta obvia: ¿Cómo es posible que esta batalla contra la desinformación de los medios se lleve a cabo bajo la batuta de los arquitectos corporativos de la desinformación? La convocatoria a los arquitectos de la desinformación mediática para luchar contra esa desinformación resulta un procedimiento incongruente y autodestructivo.

"Los medios corporativos de EE.UU. y específicamente The New York Times, son una parte integral del establishment económico, conectado a Wall Street, los "think tanks" de Washington y el Consejo de Relaciones Exteriores.

Maquiavelismo corporativo

Para Chossudovsky, WL ofrece características de “disidencia manufacturada”. Se las ingenió para exponer mentiras gubernamentales y filtró información de crímenes de guerra de Estados Unidos. Pero una vez que el proyecto se legitimó, fue vertido en el molde del periodismo corporativo para ser utilizado como instrumento de desinformación.

"Las élites corporativas deben aceptar por su propio interés el disenso y la protesta como características del sistema, siempre y cuando no amenacen el orden social preestablecido. El propósito no es reprimir la disidencia sino al contrario: manipular el movimiento de protesta para fijar los límites del disenso. Los medios mantienen su legitimidad y las élites económicas limitan y controlan las formas de oposición... Para ser eficientes, quienes concitan el movimiento de protesta deben regular y controlar cuidadosamente tales protestas (M. Chossudovsky, "Manufacturing Dissent": the Anti-globalization Movement is Funded by the Corporate Elites, septiembre 2010). Los mecanismos de propaganda del aspecto militar del "Orden del Nuevo Mundo" se vuelven cada vez más sofisticados.

En el “nuevo orden” los políticos son prescindibles; pueden ser reemplazados. El orden ya no descansa en la supresión abierta de conocimientos sobre crímenes de guerra de Estados Unidos-OTAN. Ni requiere que se proteja la reputación de los funcionarios de alto rango del gobierno estadounidense, incluyendo al Secretario de Estado. Lo que se debe proteger y reforzar son los intereses de las élites económicas, quienes controlan el aparato político desde la sombra.

Los hechos descritos por las filtraciones están, teóricamente, en un banco de datos. Muchos documentos sirven a los intereses de la política exterior estadounidense, en particular aquellos que aluden a gobiernos extranjeros, mientras otras descripciones tienden a desacreditar al gobierno. En el ámbito de la información financiera, la filtración de datos de un banco específico, eventualmente suministrada a WL por una institución rival, podría desencadenar el colapso o la bancarrota del banco afectado.

Todos los wikileaks conocidos fueron redactados selectivamente, además "analizados" e interpretados por grandes medios corporativos al servicio de las élites económicas. Aunque todo el banco de datos WL estuviera disponible "on line" -y no es el caso-, el grueso público no se tomaría el trabajo de consultarlo. En el imaginario colectivo sólo quedan las visiones elaboradas e interpretadas por los grandes medios corporativos. El público puede tragarse su parcialidad según su fe en el sello de "fuente confiable", que a menudo auto-proclaman medios tan poco confiables como CNN en Español. En rigor, todo lo que aparece en los principales periódicos y cadenas de TV es una distorsión de la verdad cuidadosamente manipulada.

Según Chossudovsky, el orden tolera algunas formas limitadas de debate crítico y "transparencia", siempre y cuando refuercen el apoyo del público a las premisas básicas de la política exterior de Estados Unidos, incluyendo la "Guerra Global contra el Terrorismo". Esta estrategia ha sido exitosa en grandes segmentos del movimiento antibélico ("Estamos contra la guerra, pero apoyamos 'la guerra contra el terrorismo'"). Para el autor, la verdad en los medios de comunicación sólo se alcanza desmantelando el aparato de propaganda, es decir, combatiendo la legitimidad de los medios corporativos al servicio de los intereses de las élites económicas y del aparato militar global de Estados Unidos.

 recibido en koepyahu

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