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El precio por salvar el euro es alto

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El precio por salvar el euro es alto

XINHUA

Salvar el euro de la actual crisis de la deuda soberana que está hundiendo Europa está siendo muy costoso, según se ha demostrado.
Seis meses después de destinar 110.000 millones de euros (145.000 millones de dólares) en un paquete de rescate para la apurada Grecia, los países europeos se vieron obligados la semana pasada a reunir otro paquete de ayuda de 85.000 millones de euros (112.000 millones de dólares) para salvar a Irlanda.

Irlanda es la segunda víctima europea que ha tenido que buscar ayuda exterior para hacer frente a su deuda, pero, por desgracia, puede que no sea la última.

La mayor preocupación que tienen ahora por delante los líderes europeos es que la enorme cantidad de dinero invertido ha provocado una gran inestabilidad al euro.

La semana pasada, el euro cayó constantemente, los mercados de valores temblaron y las tensiones se elevaron en Portugal, España e incluso Italia. Parece que la contagiosa amenaza no se ha contenido. Con Portugal y España haciendo cola para un rescate, según se rumorea, la factura por salvar el euro sube cada vez más.

Nadie sabe cuánta ayuda se necesitará en el futuro, ya que depende de cuándo se puede parar el efecto dominó. Esto arroja una sombra sobre el futuro del euro.

Se debe decir que bajo las actuales circunstancias, los países de la eurozona no tienen más solución que rescatar a sus compañeros uno a uno.

Pero, ¿es esta receta urgente una cura definitiva para el futuro?

Como han señalado muchos analistas, la crisis está profundamente arraigada en el fallo inherente del euro como divisa de una unión monetaria sin autoridad fiscal. Como resultado, la comunidad de divisa única no cuenta con las herramientas efectivas para evitar que sus miembros la gasten en exceso y pierda competitividad económica.

Cuando surge una crisis de deuda en uno de los miembros, ésta es altamente contagiosa a otras debido a que sus economías están muy correlacionadas.

La eurozona, al no tener medios financieros, no está en una buena posición para respaldar al miembro en problemas, al contrario que el gobierno de Estados Unidos, cuyo presupuesto federal es una garantía natural del sobregasto de sus estados.

Obviamente, miles de millones de euros no pueden resolver los fallos estructurales.

Conscientes de las caras lecciones aprendidas de la crisis de la deuda, los países de la eurozona se embarcaron en una serie de reformas para reforzar el organismo fiscal de la Unión Económica y Monetaria bajo la Unión Europea (UE), mejorando su gobernancia económica.

Según un acuerdo alcanzado por los líderes de la UE en octubre, se reforzará la disciplina fiscal de la zona euro, se introducirá un sistema de supervisión de la macroeconomía, y se mejorará la coordinación de políticas económicas.

Esto es un logro esperado, pero no es suficiente. Incluso el presidente del poderoso Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, expresó su descontento.

El BCE "considera que esta propuestas no son lo suficientemente arriesgadas para consolidar y reforzar apropiadamente el funcionamiento de la Unión Económica y Monetaria", dijo Trichet en una audiencia ante legisladores de la UE el martes.

Trichet ha pedido que se cree una "federación fiscal" en la zona euro, pero la audaz idea encontró oposición por parte del país que acoge la sede del BCE, Alemania, que teme que la "federación" pueda forzarle a asumir la carga de sus endeudados compañeros.

La falta de voluntad política por parte de Alemania, el mayor miembro del "club" del euro, significa que no será posible convertir la zona euro en una unión fiscal. Lo que se puede hacer por tanto es sólo una reforma imperfecta.

Esto refleja la tendencia vista en los últimos años de que los países europeos están un poco cansados de la integración.

Desde que se firmase el Tratado de Roma en 1957, por el que se creó la Comunidad Económica Europea, la predecesora de la UE, la integración europea ha registrado destacables progresos.

La UE, cuyos miembros crecieron desde los seis hasta los 27 desde su creación, es actualmente el mayor mercado único y bloque comercial del mundo.

La introducción del euro en 11 países de la UE en 1999 supuso un gran paso adelante en la integración europea, lo que es en esencia una transferencia gradual de la soberanía nacional a la UE.

A medida que se iba profundizando la integración, sin embargo, los países miembros de la UE se fueron volviendo más sensibles con respecto a sus reservados y normalmente más valorados poderes soberanos.

El cansancio por la integración provocó el fallo estructural del euro, ya que en aquel momento los países europeos quisieron simplemente aprovechar al máximo los beneficios de la moneda única, pero no estaban dispuestos a sacrificar sus poderes nacionales sobre las finanzas públicas, y siguen con la misma mentalidad hoy día.

El cansacio se vio de forma más clara en el panorama político, como se pudo ver en el fracaso del Tratado Constitucional de la UE en 2005, un duro golpe para la integración europea.

El Tratado Constitucional fue sustituido más tarde por el más simplificado Tratado de Lisboa, que entró en vigor hace un año y fue diseñado para agilizar el mecanismo de toma de decisiones de la UE.

Sin embargo, la crisis de la deuda expuso lo poco efectiva que fue la respuesta de la UE. Los intereses nacionales prevalecieron sobre la UE a la hora de tomar decisiones, a pesar de que el Tratado de Lisboa busque una mayor integración política.

De hecho, la crisis promovió las medidas nacionalistas, en lugar de las comunitarias. Las decisiones importantes se tomaron entre Berlín, París y Londres, y no en Bruselas.

La crisis ha demostrado que la integración política de la UE va muy por detrás de su integración económica. Para gestionar una economía integrada, se necesita una postura común europea más sólida.

Tal y como advirtió el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, en septiembre, los países de la UE "o nadan juntos, o se ahogan por separado."

"Esta es la hora de la verdad para Europa. Europa debe demostrar que es más que 27 soluciones nacionales diferentes", afirmó Barroso en su primer discurso sobre el Estado de la Unión. "Sólo tendremos éxito si pensamos en europeo, ya actuemos nacional, regional o localmente."

Desde este punto de vista, la crisis de la deuda no es sólo una crisis económica, sino también política.

Para salvar el euro no sólo se necesita dinero, sino un deseo político de ser más europeos.

 

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