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Portugal: la huelga general y las tareas de la izquierda

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Portugal: la huelga general y las tareas de la izquierda                             

escrito por Brais Fernandez y Xaquin Pastoriza  

lunes, 29 de noviembre de 2010

El 24 de noviembre la clase obrera paralizó Portugal en una huelga general en contra del más reciente plan de austeridad del gobierno del Partido Socialista.

Portugal es uno de los eslabones débiles del capitalismo europeo. Después de que la economía griega quedase bajo el control de la Unión Europea y el FMI desde marzo, la presión ha aumentado sobre Irlanda y Portugal. De hecho, Irlanda acaba de caer ante el chantaje de los mercados que atacaban su deuda, aceptando la intervención de los organismos económicos internacionales. Portugal parece ser el siguiente objetivo. Según el Barclays Capital, citado por el Diário de Notícias, es probable que Portugal tenga que ser rescatado durante los primeros meses de 2011, con un monto aproximado de 34.000 millones de euros, lo que corresponde al 20% del PIB luso. Sus niveles de deuda pública (9,6%) no llegan a los 2 dígitos, como Grecia, Irlanda o España, pero la economía portuguesa vive una situación crítica que invita al ataque por parte de esos tiburones financieros conocidos eufemísticamente como “mercados”. Aunque la deuda pública es del 85% del PIB, cuando la UE permite como máximo el 60%, el problema es que las empresas y los particulares están también muy endeudados, como lo demuestra la cifra de “deuda total” que alcanza el 223% del PIB. La prima de riesgo lusa tocó techo con 406 puntos, muy cerca de la irlandesa y el doble que la española. Además, se acaba de conocer el dato de que la tasa de paro alcanza el 10,9%, un record histórico.

Los buitres han olido la sangre, y tras triunfar sobre Irlanda, los especuladores internacionales se preparan para repetir la experiencia en Portugal, por eso van a incrementar su presión. Y si esto sucede, la probabilidad más alta es que la UE, el FMI y el Banco central Europeo impongan un plan de “rescate” que significará la adopción de medidas draconianas: recortes del gasto público como rebajas de las pensiones y de los sueldos de los funcionarios, suba de impuestos, y reformas para liberalizar la economía. El problema es que llueve sobre mojado: estos ataques, que hacen recaer el peso de la crisis sobre la clase obrera, profundizarán en los sucesivos planes de ajuste que ha aprobado el gobierno portugués desde marzo. Primero fue el llamado Programa para la Estabilización y Crecimiento (PEC), que contemplaba la privatización de bienes públicos, la congelación del salario de los funcionarios y el recorte del gasto social, así como subas de impuestos y el recorte de prestaciones sociales. Este plan pronto se reveló como insuficiente ante los ojos de la burguesía europea y los mercados exigieron más recortes. Así, en mayo, coincidiendo con el plan de ajuste de España, el gobierno Socialista de José Sócrates (que gobierna con mayoría relativa) se vio obligado por la UE a subir impuestos, especialmente el IVA, para reducir aún más el déficit. Pero seguía sin ser suficiente y así, el Parlamento portugués, con los votos a favor del PS y la abstención del PSD (derecha), aprobó el 3 de noviembre dentro de los presupuestos generales, un nuevo plan que recorta entre el 3,5 % y 10 % el salario de los funcionarios, congela las pensiones en 2011, recorta drásticamente el gasto social y aumenta el IVA aún más. Su aplicación daría lugar a una fuerte reducción del poder adquisitivo en un país en el que el salario medio es inferior a 800 euros.

Asistimos a la cesión permanente de un gobierno socialista al chantaje de los mercados especulativos y sus agentes políticos en la UE. Pero los sindicatos portugueses han sido llevados al límite con estas medidas, y se han plantado, negándose a colaborar en esta dinámica en la que las únicas víctimas son los trabajadores. La reacción al último paquete de medidas ha sido la convocatoria por parte de CGTP y UGT de una huelga general el 24 de noviembre, la primera conjunta en 22 años. La huelga general había sido preparada con una multitudinaria manifestación en Lisboa el 7 de noviembre cuya participación los sindicatos cifraron en 300,000 personas.

Según los sindicatos, más de tres millones de trabajadores, de una población activa de 5,6 millones, han secundado el paro. Los trenes de cercanías, los transbordadores que trasladan a ambos lados del Tajo a miles de personas, autobuses y tranvías, apenas han funcionado. El metro de Oporto cerró completamente y en el de Lisboa solo abrió una línea. Se ha producido la paralización casi total de tribunales, escuelas y universidades. Pero la imagen más llamativa ha sido en los aeropuertos, porque el 90% de vuelos han sido cancelados. En el sector privado, el paro ha tenido una amplia adhesión en el polo industrial de Palmela, donde está la gigantesca fábrica Autoeuropa, de Volkswagen, y en sectores como el corcho, metalúrgico y energético. Manuel Carvalho da Silva, líder de la CGTP, de tradición comunista y el sindicato mayoritario en Portugal, declaró:.

"A partir de ahora vamos a ser más exigentes y más fuertes en la defensa de nuestras reivindicaciones como el salario mínimo, el cumplimiento de los acuerdos en defensa de los trabajadores y desempleados, y en la exigencia de políticas diferentes"

En otros sectores, como el de la sanidad, también se vivió una elevada participación. En el caso de los enfermeros, durante el turno de noche, la participación en la huelga fue superior al 73%. Tampoco han ido a trabajar hoy los profesores, provocando el cierre de cientos de escuelas, dejando a miles de alumnos en casa. De hecho, según el sindicato de los profesores, es la mayor participación del personal docente de la historia. Incluso en sectores tan supuestamente alienados, como los tele operadores, donde prima una clase obrera joven y sin tradiciones sindicales, la participación fue del 80 %.

El Gobierno, a través de la ministra de Trabajo, Helena André, ha dado unas cifras bien distintas, y ha asegurado que el 20% de los empleados públicos ha hecho huelga, aunque ha admitido que en algunos sectores, como transportes, la paralización de actividades ha sido casi total. Sin embargo, según el periódico español Público:

"los medios de comunicación lusos desmintieron este optimismo oficial, avalando los porcentajes de los sindicatos. Sólo han funcionado en parte los servicios mínimos estipulados por la ley, tales como urgencias médicas, energía y abastecimiento de combustibles y agua, bomberos, así como las profesiones a las que la legislación no permite hacer huelgas, como jueces, parlamentarios, militares y fuerzas de seguridad."

En un alarde de cinismo, el gobierno ha acusado a los trabajadores de hacerle perder al país 500 millones de euros. Estas declaraciones forman parte del discurso del miedo y de la unidad nacional, es decir, "la nación somos todos y solo juntos saldremos de la crisis". Sin embargo, ha quedado claro que los trabajadores portugueses, al igual que los griegos, han roto radicalmente con ese discurso. Hemos entrado en una fase a nivel europeo donde la clase entra autónomamente en la lucha, con sus propias reivindicaciones. Por ahora, esas reivindicaciones han sido de carácter básicamente defensivas, para conservar derechos adquiridos durante décadas de batallas. Pero el panorama político portugués tiene ciertas particularidades con respecto a otros países de Europa.

La izquierda portuguesa

Uno de los factores más interesantes de Portugal es la existencia de dos fuertes partidos a la izquierda de la socialdemocracia, el Bloco de Esquerda (BE) y el Partido Comunista Portugués (PCP). Entre los dos cuentan con 31 diputados, 16 para el BE (9,8 %) y 15 para el PCP (7,9%), obtenidos en las elecciones legislativas de 2009.

El PCP es un partido con fuerte arraigo social, una militancia importante en las fábricas y con un papel hegemónico a nivel sindical a través de la central CGTP. Esto se refleja en sus resultados municipales, donde saco casi el 10 % de los votos. Sin embargo, su dirección es fuertemente sectaria hacia las bases socialistas y otros grupos de izquierda, lo cual los limita a la hora de ampliar su base social, aunque el propio movimiento impone la unidad, como en el caso de esta huelga general.

El Bloco de Esquerda es un partido diferente. Proviene de una fusión de maoístas, trotskistas y del antiguo sector eurocomunista del PCP en 1999. Cuenta con entre 4000 y 7000 militantes (lo cual supone un 10% de la militancia que dice tener el PCP), y su bases sindicales son más débiles, teniendo sobre todo implantación entre los maestros. Sin embargo se ha mostrado capaz de aglutinar el voto de importantes sectores de la juventud urbana portuguesa. Sus resultados a nivel nacional han sido realmente buenos, aunque bajan al 3 % en las municipales. El Bloco ha tomado decisiones controvertidas últimamente, como votar a favor del plan de ajuste griego en la cámara portuguesa. Una decisión injustificable desde un punto de vista marxista e internacionalista y que a priori, no tiene ninguna lógica. Sin embargo escarbando un poco más, podemos ver que uno de los problemas que arrastra el BE es su incapacidad para transformar sus porcentajes de voto en militancia, lo cual supone una disociación cada vez mayor entre sus bases y su grupo parlamentario, junto con una fuerte orientación electoralista. Sin duda, existen dos pulsiones contradictorias dentro del BE: una reformista, orientada hacia el campo parlamentario, y que sufre fuertemente las presiones de la opinión pública burguesa, y otra más radical, que se refleja en sus votantes, que buscan una alternativa a las políticas pro-capitalistas de la dirección del PS y al estalinismo de la dirección del PCP.

Otra cuestión es el apoyo prestado a Alegre en las últimas elecciones presidenciales. Alegre es un dirigente socialista de izquierdas, que en su momento se opuso a la dirección del PS, pero que ha sido ya recuperado para las políticas pro-capitalistas de la socialdemocracia. La dirección del BE ha decidido apoyarlo en las próximas elecciones presidenciales, con la excusa de evitar la reelección de Cavaco Silva (derecha). El BE se encuentra en una posición política curiosa y cuando menos, extraña: de levantar la bandera de no gestionar el sistema con la socialdemocracia a apoyar al mismo candidato que esta. Esta decisión evidentemente no ha sentado bien a las bases del BE, menos en un momento en el que el PS lidera los ataques contra la clase trabajadora portuguesa. Digamos por otra parte que el PCP tampoco era precisamente partidario de conformar una candidatura de izquierdas unitaria: ambas direcciones han incumplido con su papel de presentar una candidatura obrera unitaria, capaz de plantar cara (y con posibilidades reales) a la burguesía y sus acólitos.

Louça, líder del BE declaraba hace tiempo, tampoco demasiado, en una entrevista a Viento Sur:

"Si un partido participa en las elecciones debe saber ejercer los mandatos que obtiene de forma ejemplar a través de sus propuestas, su capacidad de innovación, la actitud de sus electos, la coherencia de las posiciones defendidas y la fidelidad al programa que ha propuesto a los electores. Debe lograr demostrar una capacidad de conflictividad y de movilización sobre las que las luchas pueden apoyarse. Pero tener cargos elegidos y participar en las instituciones es también aprender: gracias a esto el Bloco es hoy mucho más fuerte, conoce mejor la realidad y está aún más preparado para llevar a cabo la lucha por la hegemonía en todos los terrenos".

¿Han sido coherentes el grupo parlamentario del BE y sus dirigentes con estas palabras? ¿O ahora prima tan solo la rentabilidad electoral cortoplacista? Es cierto que el BE ha apoyado con firmeza la huelga general, junto con el PCP (los líderes respectivos incluso abandonaron el parlamento para participar en los piquetes). También apoyaron la moción de censura presentada por el PCP contra el gobierno Sócrates y se opusieron a todos los PEC. Sin embargo, su presencia en los sindicatos es débil, producto de su falta de orientación sistemática hacia la clase obrera. Siendo serios, la presencia en el seno de la clase obrera tampoco garantiza una organización que luche seriamente contra el capitalismo (ejemplos hay decenas, como el PC italiano o francés). Son los dos factores que deben confluir: ideas correctas que orienten a la organización hacia ganar la mayoría de la clase obrera, y esa clase obrera organizada, única fuerza material capar de llevar a cabo estas ideas.

El enorme potencial de la izquierda portuguesa y las tareas ante el futuro

Esta situación en la izquierda portuguesa, que muestra una fortaleza relativamente alta con respecto a otras homólogas como la española, se fundamenta en unos años bastante agitados desde el punto de vista político, en donde la presencia de un gobierno socialdemócrata no ha supuesto un freno para la movilización de la clase trabajadora, incluso si este gobierno contaba con un amplio apoyo electoral. Estas movilizaciones comenzaron en 2006, y se concretaron en enormes manifestaciones contra Sócrates, 3 en el plazo de un año que sumaron decenas de miles de manifestantes, culminando en una huelga general contra las políticas del gobierno. Estas movilizaciones fueron convocadas y dirigidas por la CGTP. Uno de los factores que explican la incidencia del movimiento obrero es la hegemonía del PCP con respecto a la CGTP-IN. Su orientación hacia el movimiento obrero se concreta en la existencia de cuadros obreros comunistas en las fábricas y centros de trabajo. La importancia de este hecho se pone de manifiesto en los momentos en que el engranaje de las movilizaciones se pone en marcha, a través de la participación en piquetes, asambleas, etc... Esta fuerte interrelación entre partido y sindicato es comparable a la del KKE en Grecia. Curiosamente se trata de los 2 partidos comunistas occidentales que rompieron con el eurocomunismo y que mantienen tradiciones obreras que han perdido en buena medida otras organizaciones de la izquierda comunista y postcomunista, aunque a costa de mantener una estructura e ideología estalinista, tanto a nivel de régimen interno en el PCP como con su diferenciación entre una supuesta “burguesía progresista” y otra reaccionaria.

Esta combatividad sindical ha permitido que la izquierda portuguesa llegue con bastante potencial ante el estallido de la crisis. Esto se ha reflejado tanto a nivel electoral como de organización de base, aunque en este aspecto aún hay un importante espacio que desarrollar. Y sobre todo, romper con la idea de que puede haber salida de la crisis bajo el capitalismo. El BE y el PCP hablan de “capitalismo neoliberal”, pero esto no es problema de un tipo de capitalismo, es el sistema en sí mismo. Además, las salidas de corte Keynesiano están descartadas, pues el crecimiento basado en la especulación y en la destrucción de tejido industrial no suele dejar reservas para cuando llegan las crisis.

Las movilizaciones y su continuidad: por una salida internacionalista

El ejemplo de las recientes luchas en Francia y en Grecia demuestran que en la actual coyuntura es difícil detener los planes de ajuste y austeridad y en general los ataques a la clase trabajadora. La situación económica objetiva del capitalismo empuja a la clase dominante a una política de austeridad permanente. La situación se agrava por la existencia del euro que impide a cada país aplicar una política monetaria acorde con sus necesidades. Los ataques de los “mercados financieros” a las economías más débiles de la zona euro son un reflejo de la imposibilidad de aplicar la misma política monetaria a economías muy diferentes.

En estas condiciones, para enfrentar los ataques del capitalismo es necesario tener una estratégia de lucha seria, que vaya in crescendo. En el caso de Francia vimos cómo la dirección sindical se negó a convocar a una huelga general indefinida que hubiera sido el siguiente paso lógico, después de una serie de jornadas nacionales de lucha muy combativas. En el caso de Grecia vimos como la convocatoria de huelgas generales de 24 h una detrás de otra llevó al desgaste del movimiento. En Portugal, si el gobierno no cede después de la huelga del 24 de noviembre, los sindicatos deberían plantear la convocatoria de una nueva huelga general, esta vez de 48 horas, acompañada de manifestaciones masivas para demostrar en la calle la fuerza de la clase trabajadora.

Al mismo tiempo, hay que romper con la dinámica de aislamiento de las luchas a nivel nacional, planteando una movilización a escala europea. Los ataques son similares sino iguales en la mayoría de los países. Los motivos son los mismos y además, el Banco Central Europeo está jugando un papel central en la imposición de estos planes de ajuste.

Por otra parte es importante que en estas movilizaciones, la izquierda portuguesa adopte un programa que haga hincapié en la idea de que estos ataques son la consecuencia de la crisis del sistema capitalista y que por lo tanto es necesario un programa auténticamente socialista para combatirlos. No son tiempos de plantear medidas como por ejemplo, la creación de una banca pública. Realmente, esta banca sería un apéndice financiero de los estados burgueses, y como esos estados, vulnerable a los chantajes del capital internacional. Hace falta plantear la consigna de nacionalización del sistema bancario, como paso complementario al freno de los recortes.

La izquierda portuguesa, forjada en importantes movilizaciones y con poderosos altavoces en el parlamento, tiene la opción real de frenar la oleada de ataques que ha emprendido la burguesía europea, con la complicidad de la parasitaria burguesía lusa. Esta movilización del 24-N ha servido para que la clase obrera se haya hecho consciente de su fuerza y del papel que puede desarrollar en el futuro en alianza con la clase obrera europea, levantando de nuevo la bandera del 25 de Abril y sus tradiciones revolucionarias para, como decía la canción de Zeca Afonso: “esganar a burguesía” (aplastar a la burguesía).

recibido en koepyahu

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