Avisar de contenido inadecuado

Nicaragua: El laberinto sandinista. Dossier

{
}

Nicaragua: El laberinto sandinista. Dossier
Victoriano Sánchez Jose Corea Olmedo Beluche 22/07/2018
 TAGS:undefined

La relación del FSLN con las masas ha cambiado: Los problemas apenas comienzan

Victoriano Sánchez

Después de 90 días de intensa lucha, vale la pena detenerse un momento para evaluar lo que pasa actualmente en Nicaragua. Atrás ha quedado el periodo de ascenso revolucionario. El gobierno Ortega-Murillo ha contenido a las masas estudiantiles y populares a punta de bala, utilizando no solo a las tropas especiales de la Policía Nacional, sino que, en el último periodo, a recurrido a la acción criminal de grupos paramilitares que han sembrado el terror, matando a jóvenes, haciendo detenciones ilegales, y recuperando territorios de manera sistemática.

La última gran conquista militar, contra una insurrección desarmada, ha sido la destrucción de barricadas en el heroico barrio de Monimbó, departamento de Masaya, el pasado 17 de Julio. Los milicianos populares debieron replegarse a las montañas de la Laguna de Apoyo, ante la superioridad militar de más de 1500 paramilitares. De esta manera la dictadura orteguista limpió el terreno, recuperó los territorios liberados, aparentando resurgir como el ave fénix

La condena simbólica a Nicaragua en la OEA

El mismo día en que los paramilitares, apoyados por la Policía Nacional, entraban victoriosos al barrio Monimbó, bailando con los perros y celebrando un combate que realmente no se produjo, se reunió el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), para conocer finalmente el proyecto de resolución de condena contra el gobierno de Nicaragua, por la sistemática violación a los derechos humanos.

Los revolucionarios jamás podemos confiar en la OEA, pero en las condiciones actuales cualquier acto de condena contra la dictadura orteguista, es bien recibida por la mayoría del pueblo y ayuda a elevar la moral en momentos en que los paramilitares parecen haber derrotado la insurrección desarmada.

Insistimos en que no podemos confiar en la OEA, porque la resolución de condena propuesta por Estados Unidos, Canadá, Argentina y Colombia, y finalmente adoptada por 21 cancilleres a favor, 3 en contra (Nicaragua, Venezuela y Bolivia), 3 ausentes y 7 abstenciones (El Salvador y pequeños países del Caribe), refleja algunos cambios de posiciones que debemos analizar.

La resolución aprobada el 18 de Julio contiene tres elementos centrales. El primer punto resolutivo, los 21 cancilleres reiteraron “su enérgica condena y su grave preocupación por todos los actos de violencia, represión, violaciones de derechos humanos y abusos, incluyendo aquellos cometidos por la policía, grupos parapoliciales y otros actores contra el pueblo de Nicaragua, según lo documentado por la CIDH, y alentar a que se proceda a identificar a los responsables, a través de los procedimientos legales correspondientes y exigir el desmantelamiento de los grupos parapoliciales”.

En este primer punto hay una condena a “todos los actos de violencia” en general, no hay una condena tajante y específica contra el gobierno de Nicaragua. Se condenan a moros y cristianos por igual. No es lo mismo el miliciano de Monimbó que defiende a su barrio del ataque de un ejército irregular de paramilitares, que al policía o el paramilitar que llega a asesinar a quienes se levantan contra el gobierno dictatorial. Y por eso condena la violación de derechos humanos en general, y hasta después incluye los actos cometidos por la “policía y grupos parapoliciales”. El informe de la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) es categórico en señalar que el principal violador de los derechos humanos en Nicaragua, es el Estado, es decir, es el gobierno Ortega-Murillo. Sin embargo, la resolución del 18 de abril diluyó las responsabilidades del gobierno asesino.

En el tercer punto resolutivo, los 21 cancilleres urgieron al gobierno de Nicaragua “y a todas las partes a que participen activamente y de buena fe en el Diálogo Nacional, como un mecanismo para generar soluciones pacíficas y sostenibles a la situación que se registra en Nicaragua y el fortalecimiento de la democracia en ese país”.

Estados Unidos y los cancilleres de la OEA consideran que el Dialogo Nacional es la instancia que puede generar soluciones pacíficas, cuando en realidad ha sido utilizado por la dictadura para recuperar el aliento, ganar tiempo y asestar golpes mortales a la lucha democrática. Mientras la OEA invoca el lenguaje diplomático, Ortega-Murillo patean y queman la mesa de negociaciones.

Pero es en el cuarto punto resolutivo donde nos quieren dar a beber la cicuta. Los 21 cancilleres resolvieron “exhortar al Gobierno de Nicaragua a que considere todas las opciones para lograr este objetivo, que colabore para la efectiva implementación de los esfuerzos tendientes a fortalecer las instituciones democráticas en Nicaragua a través de la implementación de las recomendaciones de la Misión de Observación Electoral de la OEA, y que apoye un calendario electoral acordado conjuntamente en el contexto del proceso de Diálogo Nacional”.

El cambio sustancial consiste en que ni siquiera hablaron de “elecciones anticipadas”, como lo había dicho voceros del departamento de Estado unas horas antes de la reunión del Consejo Permanente de la OEA, sino que un Dialogo Nacional fracasado implemente las recomendaciones de la misión de Observación Electoral de la OEA (que fueron evacuadas en enero del 2017 y que suponía que serían aplicadas en el 2021) y que apoye un calendario electoral acordado conjuntamente.

Quien relea los dos párrafos anteriores, se dará cuenta que los cancilleres de la OEA han retrocedido y se han acomodado un poco a la posición original de Daniel Ortega, quien ha insistido en que la democratización de Nicaragua estaba contemplada en el Memorándum de Entendimiento (MOU, por sus siglas en inglés), negociado secretamente entre Ortega Nicaragua y Luis Almagro en diciembre de 2017.

Hace pocas semanas Almagro había hecho una propuesta de que las elecciones generales se adelantaran para marzo del 2019, pero Ortega se envalentonó con algunos triunfos y el propio Almagro reconoció que “(…) Hoy el Gobierno cree tener controlada la situación de fuerza que se aplicó para derrocarlo y por lo tanto no tiene interés (de elecciones anticipadas)”. (La Prensa 12/07/2018).

Pues bien, todo parece indicar que los cancilleres de la OEA han adoptado la posición de Ortega de volver a los acuerdos de enero del 2017, o que cualquier negociación se realice con base a ese acuerdo. De ser así, es un triunfo diplomático de Ortega y lo deja en mejores condiciones para una futura negociación de fechas de elecciones anticipadas.

La revolución en la encrucijada

La revolución democrática en curso ha sufrido algunos reveses, por la ofensiva militar contra el pueblo desarmado, pero todavia no ha sido derrotada, ni aplastada. Las continuas masacres obligan a retroceder en términos reales, aunque se mantenga el espíritu de lucha contra la dictadura.

En las actuales condiciones, solo hay dos posibles salidas: La primera opción, la vía del triunfo revolucionario como el 19 de julio de 1979, se produciría si el pueblo logra derrocar al gobierno asesino, sea por la ruta de la renuncia de la pareja presidencial, o por los efectos de la insurrección de masas. Esta opción parece alejarse por el momento. TAGS:undefined

Entonces, por los triunfos relativos de Ortega, esta cobrando fuerza la segunda opción, que es una salida negociada para desmantelar el régimen dinástico y dictatorial. Pero Ortega no piensa negociar al primer susto, sino hasta que las condiciones y las presiones realmente lo obliguen.

Mientras la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) se movía con el falso esquema de una rápida renuncia o rendición de la pareja presidencial, Ortega-Murillo trabajaron en el esquema inverso, ganando tiempo, y recomponiendo sus fuerzas para pasar a la ofensiva, al grado de encarcelar por falsas acusaciones a Medardo Mairena, dirigente campesino en el Dialogo Nacional. De continuar las cosas así, un día de estos tendremos la noticia que todos los miembros de la ACJD han sido encarcelados.

Las victorias pírricas de Ortega le están permitiendo desencadenar una cacería de brujas y un selectivo proceso de judicialización penal contra los dirigentes estudiantiles y luchadores populares.

La resolución de la OEA es una reafirmación de que Estados Unidos y sus aliados en la OEA trabajan arduamente por una salida negociada (nada nuevo) pero el retroceso consiste en que esta negociación se hará bajos las exigencias impuestas por Ortega, a raíz de la ofensiva criminal que ya suma más de 300 muertos, 260 desaparecidos y más de 2,000 heridos.

Para superar esta situación desventajosa, se requiere tener claridad de lo que ocurre.

El acto del 19 de julio

Después de las masacres perpetradas, la relación del FSLN con el movimiento de masas ha sufrido un cambio abrupto. Este es un hecho cualitativo. La relación clientelar, producto de los petrodólares de Venezuela, también influye en este distanciamiento de las masas con el FSLN.

Este año no hubo acto nacional inmenso, sino un modesto acto en Managua y algo similar en los departamentos. Incluso, los buses que acarreaban gente para los actos en las cabeceras departamentales, se apreciaban vacíos.

En Managua se concentra un tercio de la población del país, alrededor de dos millones de personas. A duras penas, con todos los recursos del aparato del Estado, el FSLN logró reunir unas 25,000 personas, menos del 2% de la población de esa zona. Habían espacios vacíos que fueron llenados con banderas ondeantes que creaban el espejismo de una plaza casi llena, pero jamás comparada con los años anteriores.

El problema no es llenar la plaza, porque en el periodo 1990-2006, en los años más duros para el FSLN, siempre llenó la plaza, apelando a las tradiciones revolucionarias del 19 de julio de 1979. El problema que tiene el FSLN bajo la conducción orteguista es que ese discurso se ha agotado y su relación con el movimiento de masas ha cambiado. Por eso afirmamos, sin temor a equivocarnos, que los problemas de la dictadura apenas comienzan. Los reveses serán superados en la medida que se imponga la claridad, y que producto de una discusión democrática, sepamos enrumbar nuevamente la revolución democrática.

https://www.elsoca.org/index.php/america-central/nicara/4772-nicaragua-l...

 

El 19 de Julio de 1979 renació el 19 de abril del 2018

José Corea

El 19 de julio del año 1979 triunfa la revolución nicaragüense. El dictador, Anastasio Somoza, huye para Miami el 17 de julio de ese mismo año. El ejército sanguinario conocido como guardia nacional fue destruido, así como el Estado burgués. Ahora, 39 años después de la victoriosa y grandiosa insurrección del año 1979, en el mes de abril del año 2018 se inició un proceso revolucionario que poco a poco se transformó en una insurrección desarmada. Igual que en el año 1979 en el 2018 el proceso es masivo, incluso me atrevo a decir mucho más grandiosamente masivo. Las gigantescas movilizaciones y marchas que se han realizado en el año 2018 nunca se produjeron en el año 1979.

Sin embargo, las diferencias históricas son bien marcadas. La revolución e insurrección del 79 fueron violentas, violentísimas, bombardeos con bombas de 500 libras por aire y por tierra con tanques y tanquetas por parte de la guardia nacional, pero las fuerzas revolucionarias, acaudilladas por el FSLN, tenían armamento para enfrentar la ofensiva militar del régimen somocistas, armamento donado por Venezuela, Panamá, México, por Pepe Figueres de Costa Rica, países europeos, Cuba y armamento comprado por ellos mismos. Al final, la insurrección triunfa y derrota al ejército y régimen somocista. Ahora el proceso revolucionario e insurreccional ha sido pacífico y desarmado.

Otra diferencia determinante entre ambas revoluciones e insurrecciones ha sido la conducción política. En el 79, el FSLN dirigió ambos procesos y tuvo siempre como consigna y objetivo el derrocamiento militar de la dictadura somocista, hasta lograrlo con apoyo masivo. Hoy, no existe una dirección revolucionaria al frente de esa revolución e insurrección pacíficas, más bien sucede lo contrario. En el terreno del combate físico, detrás de las barricadas, llamadas tranques, cientos de jóvenes combaten con piedras, ondas y armas artesanales, construidas por ellos mismos, a las fuerzas policiales y paramilitares que portan armas de guerra, lo cual constituyen un combate totalmente desigual. En las tomas de universidades participan los estudiantes universitarios y así sucesivamente. Empero, a nivel superestructural han terminado capitalizando ese proceso fuerzas vacilantes en representación de los estudiantes, así como los empresarios, la iglesia católica y otras fuerzas de derecha que, en la realidad, no representan ni responden ni controlan a las fuerzas en combate callejero y físico. Esto está conduciendo a este proceso actual a un eventual impasse, repliegue e incluso a una eventual derrota temporal por parte de la dictadura de Ortega.

La otra novedad de este proceso revolucionario pacífico es que la conducción política y militar de la revolución del año 79, el FSLN, es la organización que juega el papel de contrarrevolucionario. El FSLN y el gobierno de este partido, encabezado por Ortega, juega ahora el rol del dictador Somoza de aquella época, es decir, masacrando y asesinando a los luchadores. Es como una ironía de la historia. A los que antes asesinaba la dictadura de Somoza se han convertidos en los asesinos que masacran a los nuevos luchadores.

A pesar de que temporalmente, de cara al 19 de julio, la nueva dictadura de Ortega ha logrado destruir con 1500 policías y paramilitares, armados hasta los dientes, el último bastión y tranque de resistencia que quedaba en el glorioso, valiente y heroico pueblo de Monimbó, el régimen de Ortega está herido de muerte: odiado masivamente por la mayoría aplastante de la población nicaragüense, reconocido como un genocida, con crisis económica que tiende a profundizarse, aislado internacionalmente e incluso, debilitado internamente en su partido.

Se hace necesario y urgente la construcción de una organización revolucionaria que oriente y acaudille la nueva oleada revolucionaria que se avecina para los próximos días o meses. Asimismo, es necesario enfrentar la maniobra de distintas fuerzas de derecha, empresarios, iglesia, el imperialismo yanqui y personalidades políticas de otros países, tales como Oscar Arias, de Costa Rica que plantean el “adelanto de las elecciones” en Nicaragua, porque a Ortega no se le puede decir “… ´váyase ya´, porque, sí, ´váyase ya´, pero ahí queda el caos”. (La Nación, 18 de julio de 2018). Hay que plantear la salida inmediata de Ortega y su reemplazo por un gobierno provisional de los luchadores, de los que combaten en el terreno, no de las cúpulas que quieren usufructuar la lucha y la muerte de cientos de combatientes revolucionarios populares.

https://www.elsoca.org/index.php/america-central/nicara/4771-nicaragua-e...

 

¿Dónde está la Revolución Sandinista?

Olmedo Beluche

El 19 de julio de 1979 un sentimiento de euforia conmovía los corazones de la juventud latinoamericana de aquél entonces. Un grupo de jóvenes revolucionarios, organizados en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) tomaban Managua, de donde hacía poco había huido el dictador Somoza.

La conmoción causada por el asesinato del opositor a la dictadura somocista, Pedro Joaquín Chamorro, en enero de 1978, así como la insurrección popular de Masaya y Monimbó, unos meses después, despertaron un movimiento de solidaridad continental y mundial con el pueblo de Nicaragua, en especial con su juventud revolucionaria agrupada en el FSLN.

Se organizaron brigadas de solidaridad para combatir en la patria de Sandino: por un lado, en Panamá, el gobierno socialdemócrata de Omar Torrijos promovió la Brigada Victoriano Lorenzo; por otro lado, el movimiento trotskista latinoamericano organizó la Brigada Simón Bolívar. Creo que desde la Guerra Civil Española no se veía algo así.

Veinte años después del triunfo de la Revolución Cubana, que había galvanizado las conciencias de la juventud en su momento, una nueva victoria popular llenaba de esperanza a nuestra generación, que soñaba con ver la construcción de un mundo sin opresión, ni explotación, fase inicial del socialismo.

La Revolución Nicaragüense del 79, a su vez, dio impulso a los procesos revolucionarios abiertos en El Salvador y Guatemala. Todos soñábamos con una Centroamérica unida y socialista, que hiciera realidad el sueño liberador de Bolívar. Las organizaciones revolucionarias, incluso en Panamá, se llenaron de jóvenes que luchaban con ahínco por esos sueños.

Los hechos a su vez empujaban el debate político: ¿Qué tipo de revolución había que hacer? ¿Qué medidas económicas debían tomarse? ¿Revolución por etapas o Revolución Permanente? ¿Hasta adónde debían llegar los movimientos de liberación nacional, quedarse en los límites de la democracia burguesa o expropiar a los capitalistas? ¿Lucha armada o sólo política?

La revolución que se congeló y retrocedió

Las respuestas a esas preguntas llegaron en pocas semanas y quedaron simbolizadas en el arresto y la expulsión de la Brigada Simón Bolívar, que se había propuesto impulsar la organización de sindicatos y la expropiación del gran capital. Al entregar detenidos a los dirigentes de esta brigada a las fuerzas represivas del régimen militar panameño quedó sentenciado el objetivo del gobierno de “reconstrucción” de no pasar los límites del capitalismo.

Poco después, cuando los revolucionarios soñaban aún con una Nicaragua socialista siguiendo el modelo cubano, Fidel Castro les aconsejó que “no sea otra Cuba”. Frase que algunos ilusos interpretaron como que “las revoluciones no se exportan”, lo que es cierto, pero que, en el debate de entonces, tenía un claro significado en el sentido de que NO se expropiara a la burguesía, como se hizo en la isla, que Nicaragua se quedara en los límites del sistema capitalista.

Este consejo, y su cumplimiento por parte de la dirección sandinista, implicó un bumerang contra Cuba, pues a la larga la Revolución Nicaragüense se congeló y empezó a retroceder, con lo cual el aislamiento cubano se mantuvo, creció con la desaparición de la URSS y sólo se rompió con el proceso bolivariano dirigido por Hugo Chávez.

La burguesía se dio a la tarea de corromper a muchos de los comandantes sandinistas, convirtiendo a algunos, en especial a Daniel Ortega, en prósperos empresarios millonarios, con lo cual les cambió el signo de clase.

Lo demás es historia conocida: la derrota electoral de 1990; los pactos (“tácticos”, a decir de Atilio Borón) posteriores con Arnoldo Alemán y el COSEP; la reconciliación con el archi reaccionario obispo Obando y Bravo; las rupturas por derecha e izquierda del FSLN; el cuestionado tratado sobre el Canal Interoceánico, etc. Ni hablar de las denuncias de violación de su hijastra Zoila América.

Además de otros “detalles”, como que fue el primer gobierno de la región en reconocer al régimen fraudulento y dictatorial de Juan Orlando Hernández de Honduras. Su afán por salvarse de la ofensiva de la derecha y sostenerse en el poder ha sido más fuerte que ningún compromiso “progresista”. Decir, “socialista” sería un chiste de mal gusto.

Pese a ello, Daniel Ortega hizo un gobierno “progresista” aparentemente equilibrado, con base al modelo de las ayudas sociales (transferencias) que sostenía uno de los países menos desiguales de Centroamérica, aunque con una pobreza generalizada. No hay duda de que hasta hace unos meses mantenía una fuerte base social.

Pero de pronto, la crisis capitalista mundial, de la que la crisis de los gobiernos progresistas latinoamericanos es una de sus manifestaciones, lo llevó a la aplicación de reformas neoliberales a las pensiones aconsejadas por el FMI.

¿Quién expresa la continuidad de la Revolución de 1979, Ortega o los jóvenes de las barricadas?

Hoy, cuarenta años después de aquella heroica Revolución Sandinista que tanto nos entusiasmó tenemos que preguntarnos qué ha pasado. ¿Dónde está la Revolución Sandinista que apoyamos entusiastas entonces? ¿Daniel Ortega y su gobierno, aparte de las siglas del FSLN, representan la continuidad de aquellos acontecimientos? ¿O Daniel Ortega es el sepulturero de aquella revolución de 1979?

¿Quién expresa mejor los ideales democráticos de aquella generación revolucionaria fundada por Carlos Fonseca a mediados de los años 50, el régimen de Ortega o los estudiantes universitarios y los jóvenes de los barrios pobres que luchan en las barricadas, como los de Masaya de 2018?

Responder estas preguntas requiere responder previamente a los siguientes criterios metodológicos: ¿Socialmente hablando quién es Ortega y quienes son los estudiantes? ¿Cuáles son los objetivos del gobierno del FSLN y cuáles los de los estudiantes y el pueblo nica?

Las respuestas son simples y evidentes: Mientras Ortega es un millonario cuyo gobierno pretendía imponer a sangre y fuego una reforma a las jubilaciones ordenada por el Fondo Monetario Internacional, incluyendo una rebaja del 5% de las jubilaciones; por otro lado, los que pelean en las barricadas son jóvenes de los barrios pauperizados de Nicaragua, la mayoría de ellos sin empleos que luchan contra un paquete neoliberal.

Una disyuntiva política pero también moral

Por más cínicos o ignorantes que sean quienes a estas alturas siguen sosteniendo que el gobierno Ortega – Murillo representa en algo a aquella heroica Revolución de 1979, seguro que sienten cierta incomodidad moral, acompañada de encogimiento de hombros, ante los crímenes atroces que está cometiendo ese gobierno contra la juventud nicaragüense de 2018.

Hay que tener una costra moral muy endurecida para no sentir repugnancia por un gobierno que saca a punta de tiros a los estudiantes de una universidad y que luego los ametralla cuando se refugian en una iglesia o ver cómo se quema viva a una familia por no prestar su casa a los francotiradores del gobierno.

Los marxistas para valorar un hecho no nos guiamos por criterios morales “eternos”, “bajados de los cielos” o que responden a una “esencia humana” inmutable. Hay una dialéctica entre los medios y los fines que es la que nos permite orientarnos en cada situación. Como decía Trotsky: “El medio solo puede ser justificado por el fin. Pero éste, a su vez, debe ser justificado” (Su moral y la nuestra, 1938).

El argumento de la dirección sandinista para “justificar” estos crímenes es que se trata de una “conspiración reaccionaria” contra un supuesto gobierno “progresista”. Pero los hechos muestran que se trata de una sublevación popular y juvenil contra las medidas neoliberales de un gobierno capitalista. Y en esto no hay nada semejante a lo del intento golpista contra Maduro en 2017, por más que Ortega intente arroparse en esa manta. Lo de Venezuela amerita otra discusión aparte, también crítica.

Hablando de la ofensiva reaccionaria imperialista en los años 1930 y los métodos criminales del stalinismo en la URSS, León Trotsky decía, algo que le encaja bien al gobierno de Ortega-Murillo: “Desde el punto de vista del marxismo, que expresa los intereses históricos del proletariado, el fin está justificado si conduce al acrecentamiento del poder del hombre sobre la naturaleza y a la abolición del hombre sobre el hombre… Está permitido -…- todo lo que conduce realmente a la liberación de la humanidad… el gran fin revolucionario rechaza, en cuanto medios, todos los procedimientos y métodos indignos que alzan a una parte de la clase obrera contra las otras…”.

Los fines del gobierno de Daniel Ortega y sus métodos criminales son repudiables no solo para cualquier marxista consecuente, sino para cualquier demócrata. El futuro revolucionario y socialista de Nicaragua no saldrá de la dirección del FSLN, envilecida por estos crímenes y que negocia a trastiendas con el COSEP, sino de los jóvenes universitarios y barriales, quienes deberán construir un partido revolucionario que recupere el programa de transformaciones por el que cayeron los mártires de la Revolución de 1979.

www.sinpermiso.info, 18 de julio 2018

 

Victoriano Sánchez Corresponsal de El Socialista Centroamericano en Nicaragua.
Jose Corea Miembro del Partido Socialista Centroamericano en Nicaragua.
Olmedo Beluche sociólogo y analista político panameño, profesor de la Universidad de Panamá y militante del Partido Alternativa Popular.

{
}
{
}

Deja tu comentario Nicaragua: El laberinto sandinista. Dossier

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre