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EL MICRO FASCISMO DEL MACRO FASCISTA

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EL MICRO FASCISMO DEL MACRO FASCISTA

Los autoritarios dicen que escuchan la voz del otro, -pero el otro que el escucha es la voz de su locura interior que simula para que no tome dominio de él y sea imposible ocultar a la realidad concreta de la crisis social, que el asume como tarea -el de lograr la solución-.

Es la voz del otro que le resulta la perversión de su capacidad de disolver en su mente la mutación del yo al otro para seguir siendo in eternun, el YO, de la locura y del micro fascismo, que se instala en las mentes de las masas, que superviven en sociedades atrasadas y que tienen su cultura totalmente vaciado por experiencias de autoritarismo-fascismo, que marcaron con fuego la mente del sujeto social. TAGS:undefined

Atado a sus vivencias micro fascistas, que recibe el estímulo del fascista burgués de turno, que aparece en la escena socio política, como el salvador, el artillero de la verdad-mentira, arropada por los escándalos del verbo y el aplauso vacío de la masa sin pienso, que como borregos, asumen en su mente de micro fascistas el abuso de su mesías.

El Mesías, autoritario-fascista, no escucha al otro, es la contradicción del otro, pero su vida y vigencia como mesías depende del otro, este otro tiene que seguir en su confusión micro fascista dándole al yo, del fascista burgués, que prevalece en su burbuja mesiánica, las armas para continuar en su nube autoritaria.

De repente se convierte en “tormenta que lleva… todo por delante”, pero el resultado final siempre es lo mismo, no hay transformación, para el micro-fascista explotado, por el burgués fascista y que tiene a su mesías fascista, que en cada momento, precisa demostrar lo “milagroso” que es, ser mesías, y fascistas de los últimos tiempos, de la decadencia senil de un modelo que ha fracasado en el mundo como historia favorable a la humanidad.

En la memoria genética del hombre esta su comportamiento primitivo que con el adecuado incentivo sale a flote, dando su expresión en hechos que en la razonabilidad y la coherencia del individuo no se daría, no lo haría.

Esta forma de entender al humano y al individuo nos lleva a encontrar un motivo o las circunstancias evolutivas del humano en su forma en que sale a flote lo mejor y lo peor del yo.

El yo en su interioridad guarda una psicología del placer, de someter al resto a su locura.

Esto se concreta cuando accede a grupos de menos desarrollo cultural o en la multitud donde la razón queda relegada y aflora el primitivismo, produciendo hechos que normalmente no se daría.

El intelectual que acude a un estadio de futbol, cuando el aullido de la masa apasionada apoyando a su equipo, lo lleva a ser parte del mismo, rompiendo su razonabilidad y su ética, del yo comedido en el yo-colectivo-primitivo. “Las multitudes llegan rápidamente a lo extremo. La sospecha enunciada se transforma ipso facto en indiscutible evidencia. Un principio de antipatía pasa a constituir, en segundos, un odio feroz”. (Sigmund Freud, Psicología de las masas y análisis del Yo).

Naturalmente inclinada a todos los excesos, la multitud no reacciona sino a estímulos muy intensos. Para influir sobre ella, es inútil argumentar lógicamente. En cambio, será preciso presentar imágenes de vivos colores y repetir una y otra vez las mismas cosas.
“Nuestros actos conscientes derivan de un sustrato inconsciente creado en lo fundamental por influencias hereditarias”, (Gustavo Le Bon en su descripción del alma de las masas); esa memoria genética que puede manifestarse en algún momento, de las circunstancias de la convivencia social, estimuladas de alguna forma en situaciones extremas.

Las condiciones objetivas y subjetivas son la forma en que encaramos nuestra influencia en el contexto socio-psico-económico y nos lleva a situaciones muchas veces de quiebre con el acomodo micro fascista, que intenta en su primitivismo impedir que las comunidades se eleven culturalmente y por ende revolucionar la sociedad.
Es necesaria la acción de la educación que nos permita llevar al hombre a un nivel cultural superior para romper el dominio del hombre sobre el hombre, es necesario pasar a la solidaridad entre el hombre-mujer y el hombre-mujer.

Es la forma en que podemos llegar a la ética como medio de relación social, impidiendo que el mesías micro fascista pueda operar en su insana tarea de impedir que las comunidades revolucionen culturalmente.

El monopolio que practica el micro fascista se complementa con la burocracia autoritaria y corrupta. Apropiándose de las palabras identitarias como revolución, libertad, socialismo, y lo usan en el contexto del abuso de poder y su decadencia cultural.

Así podemos recurrir a los antecedentes históricos de justificación de la perdida de libertades y la implantación de la dictadura como medio para lograr lo que en el accionar de la democracia liberal no se pudo, es lo que expresan los integrantes del partido liberal en su reunión del directorio de 1940, cuando se aprestaban a apoyar el micro-fascismo de Estigarribia, para llevarlo al macro-fascismo del país: “Las Dictaduras no son funestas ni repudiables –escriben justificándolo- cuando están en manos de hombres como Don Carlos Antonio López y no hay que temerlas cuando solo importan la supresión momentánea del juego de la democracia, cuando ella no ha de ser definitiva, sino que ha de constituir solo una transacción ante un momento de confusión y una era de prosperidad, concordia y de paz”.

Siguen justificando el rompimiento del principio ideológico “El General Estigarribia ha dado pruebas suficientes de haber querido restaurar la democracia -como si alguna vez hubo democracia en el país-. A todos consta que todos sus esfuerzos han sido infructuosos. Luego hay que suspender las actividades partidarias para entrar en un período de franco reajuste institucional. Por otro lado, es cierto que nosotros mismos no hemos podido conciliar dos realidades a las cuales se ha hecho mención en más de una oportunidad en este Directorio: el Ejército y el Partido. Luego es indispensable que una de ellas se llame a silencio para encarar con alguna serenidad los grandes problemas a que estamos abocados”. (Sesión extraordinaria del Partido Liberal, del 16 de febrero de 1940).

La revolución, la burocracia micro-fascista

La revolución se trueca en un fetiche que por arte de “magia” se convierte en el cambio desde el poder cuando este poder, no tiene nada que ver con el avance cultural del pueblo en su razón revolucionaria.

Los autoritarios se enredan en el recuerdo de la masa, y la memoria histórica queda relegada en algún rincón del cerebro.

La revolución no vendría desde abajo sino “desde arriba”, y las masas no la protagonizarían, sino que “se sumarían a ella”, “se incorporarían”, “participarían”, “serían convocadas”, o, como se dice ahora, la “acompañarían”.

Las revoluciones son obras de las masas, y son ellas las protagonistas, no pueden ser meros espectadores que asisten a un espectáculo político revolucionario, para aplaudir y retornar a sus casas esperando el resultado que la burocracia autoritaria tome.
No, es la tarea de los trabajadores la revolución, y son ellos, lo que deben dirigir aquello, caso contrario es una letanía de la retórica de la mentira y la acción en favor de las minorías privilegiadas.

Ortega y Gasset escribe -en su obra la rebelión de las masas- refiriéndose a la "híper democracia", cuestionando la ascensión de la clase baja en el escenario electoral, como parte de la democracia, señalando que esto no debe ser así de esta forma, que la democracia reduce su contenido de calidad con la irrupción de las masas que él –Ortega y Gasset- denomina la rebelión de las masas. Pero es una visión elitista del relacionamiento social y del papel de la democracia en la sociedad. Es la característica de la ideología liberal, la elite en la dirección política y económica, pues las masas deben ser solo eso, masas, sin criterio, que aporta su voto, sin entender para qué sirve el voto.

El concepto liberal del micro fascista vigente en la sociedad es del “hombre mercancía” (Marx), que se inserta en el mundo de la oferta y la demanda en su incesante condición de ser mercancía que se instala en el mercado y que puede ser y es objeto de todo tipo de manipulación, hasta lograr que se alinee a un esquema que niega toda posibilidad de revolucionar la sociedad, pues al hombre-mercancía, lo controlan desde su acción de destructor de la cultura y potenciador del instinto primitivo.
Rebeldía y resentimiento
“El resentimiento resulta muy bien definido por Scheler como una autointoxicación, la secreción nefasta, estancada, de una impotencia prolongada. La rebeldía, en cambio, fractura al ser y lo ayuda a desbordarse. Libera chorros que, estancados se vuelven furiosos”. (Albert Camus, el hombre rebelde).

Las fieras, los rayos, la lluvia, el trueno, acechaban a los primitivos; y los depredadores de saco y corbata, constituyen la muerte en persona que acechan a la masa comunitaria que sobrevive como pueden en la modernidad del sistema capitalista.
Los primeros humanos reunidos en las cavernas -alrededor de la fogata- con el espanto a cuestas, buscaban resolver la situación que no asimilaban en su real sentido y valor e incidencia en su supervivencia, formando parte de la cadena alimenticia de las fieras y los monstruos mentales que le atormentaba diariamente.

Muchas veces se confunde la rebeldía con el resentimiento; el resentido es alguien que no puede dimensionar la situación socio económica en que está inmerso, algunos hechos de la circunstancia del existir lo lleva acumular un resentimiento, que, y trata de alguna forma usar para vengarse de los causantes de su resentimiento.

El resentimiento es una expresión de la impotencia, esta impotencia lleva a cometer hechos que no condicen con la lucha revolucionaria. En las acciones políticas de la lucha por el cambio del sistema aparecen personajes con estas características, que envenenan la conciencia del sujeto social que logra romper medianamente su atadura, llevándolo hacia la destrucción del hecho histórico de generar condicionantes que avizore la rebelión social en la búsqueda de la tierra sin mal.

Los “gurúes revolucionarios” son -en si- resentidos desclasados que perturban el avance cultural de la clase obrera y campesina por el sendero de la revolución, dificultando acelerar el proceso, son muy útiles al sistema que en su mayoría están muy bien remunerados para desempeñar el papel de revolucionarios-contra-revolucionarios resentidos consigo mismo.

La Ilusión de la soberanía popular

La soberanía popular es una ilusión en el contexto del manejo autoritario de la lucha y de las sociedades vigentes en el modelo de explotación. En la sociedad industrial, en nuestro caso pre-industrial, la soberanía popular es un elixir mágico, totalmente controlada por la elite dominante, que disponen de articulaciones contrarios a lo que verdaderamente representa y debe ser la soberanía popular, encerrándolo en una ficción donde la masa, -el pueblo- es usado para sostener a sus verdugos.
La sociedad será libre y racional cuando el sujeto histórico pueda anular el adoctrinamiento, el individualismo, el consumismo, la propaganda y pueda organizarse en base a principios que defiendan sus intereses de clase.

En este sentido la lucha por obtener la liberación de la opresión, -de una sociedad industrial-financiera- de los trabajadores urbanos y campesinos, la dialéctica es fundamental, esta es irrefutable, pero, necesita que el sujeto histórico se construya culturalmente en su base social, sin esta premisa el resultado continuara favoreciendo a la sociedad autoritaria neo fascista, neoliberal controlada por la elite.

La agresividad y la estupidez son dos formas de expresión en la heteronomía social del sujeto sujetado al mando del poderoso sistema de producción capitalista y su complemento cultural.

Estos dos rasgos son características del mesías autoritario, o del cacique, del iluminado de turno, que atrofia la lucha de clases y son meros agentes de la heteronomía social.

Epilogo

Es necesaria una sociedad horizontal que practique la solidaridad, como expresión del avance cultural y del razonamiento de la razón, en la dialéctica de la transformación revolucionaria.

La praxis del sujeto histórico es fundamental para lograr cambiar el autoritarismo por el socialismo, donde la razón sea el método de accionar, el interés de la mayoría del pueblo sea siempre la fuente de acción para derrotar la corrupción y a los hombres que se embadurnan con la misma, en su exasperante demostración de ignorancia y brutalidad cultural.

La revolución es imperativa, es una necesidad urgente, a fin de impedir que los vampiros sigan sangrando las venas abiertas del Paraguay.

Miguel Ríos
escrito: 2 de septiembre de 2019

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