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"Me siento tan patriota de Latinoamérica"

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8 y 9 de octubre de 1967-2010: “Me siento tan patriota de Latinoamérica”

Elena Luz González Bazán (especial para ARGENPRESS.info)

 10-10-2010

Han pasado más de cuatro décadas del asesinato de Ernesto Che Guevara, la generación que nació por aquellos años no lo conoció, quienes vinieron después, tampoco, sin embargo, resulta una figura mundial que recorre con su mirada las injusticias del mundo.
Se han escrito cientos de biografías, miles de personas dan testimonio de su tránsito por la vida. Los hombres del Che, los que fueron compañeros de ese final descansan junto a él, y otros, simplemente, no hablan, han dejado que el tiempo agote las canillas de las interpretaciones que se han hecho…

Recientemente, Ciro Bustos, un hombre de confianza del Che, en su trabajo “El Che quiere verte”, devela aspectos de aquel final donde queda claro de las traiciones, pero esencialmente corre el velo de aquellos, luego de cuatro décadas de silencio militante y de soportar que todas las miradas fueran puestas sobre su actuación como el que traicionó, que sí le dieron la espalda al Che, como el francés embaucador y que fue responsable de hablar de más…

Pero en estos trabajos nuestra intención es trabajar sobre el pensamiento de Guevara, poco se ha escrito, por el contrario, hay una ignorancia importante sobre su discurso en Argelia, su disertación el 8 de agosto de 1961, cuando hablaba ante los delegados de los pueblos de América Latina, se estaba desarrollando la Quinta Sesión Plenaria del Consejo Interamericano Económico y Social, en Punta del Este, Uruguay.

Casi nada se sabe sobre su plan económico, el desarrollo industrial, el mercado interno. Salir de la economía del monocultivo. Se ignora la cantidad de intervenciones que hizo como Ministro de Industrias en Cuba, recorriendo cada rincón laboral donde logra llegar y llevar una propuesta.

Poco se habla, en los tiempos de la exaltación de un progresismo abyecto, sobre los estímulos morales y materiales, donde él privilegió la coherencia en el recorrido de la vida. 

Su identidad es diáfana y a pesar de que la historia oficial lo intentó transformar en un icono inalcanzable, muchos hombres y mujeres en un recorrido coherentes de sus vidas han sabido ser fieles a los mandatos éticos y de eterno compromiso con los valores populares. Aquellos y aquellas que no se doblegaron nunca y que no tienen prensa, ni están en los grandes medios, no recorren los canales televisivos, ni son convocadas a hablar del Che sin tener un ápice de sus principios. Los hay, están, siguen siendo las profundas reservas morales de un pueblo que silenciosamente homenajeará al Che Guevara teniendo en claro la identidad de los pueblos de Latinoamérica, levantará su figura para que pueda tener el brillo; no del bronce frío, de las imágenes y enorme cantidad de elementos que lucirán su rostro para un mercado que consumirá sin poder imitar; sino de los profundos sudores de los pueblos que siguen luchando por sus ideales.

Alguna vez dijo Ernesto Che Guevara: "He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, que en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie".

Es un testamento, es un legado, puede ser una cachetada a la enorme hipocresía que fluye desde las clases dominantes y de un progresismo pacato que sirve a los intereses de los dominadores. Las rivalidades que se adentran entre los espacios de la misma nacionalidad y en contraposición con otros hermanos de esta América golpeada por los mismos intereses antinacionales y anti latinoamericanos.

Su pueblo de nacimiento, su pueblo por adopción, la América que lo vio morir, la América que recorrió, donde observó y decidió pelear contra las injusticias.

En definitiva el amor a América Latina es un viejo paradigma de otros hombres y mujeres que también regaron de ideales la unidad de este continente conquistado y arrasado. Es complejo y difícil sentir amor por los otros. Las profundas confrontaciones que embarcaron a los pueblos de América unos contra otros son responsabilidad de las clases dominantes para beneficio más que económico, donde inmensos campos de batallas se cobraron miles de vidas sin que hayan sido reconocidos.

El 16 de agosto de 1961, en la 7ma Sesión plenaria de la reunión extraordinaria del CIES sostenía: “Para tomar de verdad un camino, habría que romper todas las estructuras, volcarse del lado de las masas, e iniciar una revolución completa”.

En otra parte de su disertación manifestaba, hablando sobre la Alianza para el Progreso: “Esta Alianza para el Progreso es un intento de buscar soluciones dentro de los marcos del imperialismo económico. Nosotros consideramos que en estas condiciones, será un fracaso”. Más abajo y poniendo en duda las cifras de supuestos préstamos para nuestros países, afirmaba: “Se ha establecido explícitamente que esos préstamos irán fundamentalmente a fomentar la libre empresa. Y como no se ha condenado en ninguna forma a los monopolios imperialistas asentados en cada uno de los países de América, en casi todos, es lógico suponer también que los créditos que se acuerden servirán para desarrollar los monopolios asentados en cada país”.

Casi medio siglo ha pasado de aquellas aseveraciones, el propio tiempo del imperialismo ha comprobado esas sentencias, disfrazando esa dominación imperial con una llamada “globalización”, que sólo ha beneficiado a los grandes trusts, carteles y monopolios internacionales, y ha condenado al hambre más brutal a nuestros pueblos, como denunciaba el Che.

Hoy, los gobernantes modernos de América Latina, salvo algunas excepciones se engolosan rindiendo pleitesías a los amos del mundo desarrollado, realizan viajes, hablan ante los magnates de las finanzas, tocan la campana en el santuario de Wall Street. Son la nueva cara de la Alianza para el Progreso. Por eso, el planteo de Ernesto Guevara resulta contemporáneo… por eso, cobran valor sus palabras cuando dice en la búsqueda de volcarse hacia las masas para la construcción de esa nueva sociedad, rompiendo todas las estructuras.

Claro, muchos pensarán que está fuera de tiempo, que en realidad no hay alternativas. Sencillamente, este próximo aniversario de la caída honrosa en combate del Che pasará con homenajes rimbombantes, pero a la hora de comprometerse torcerán la mirada y la acción quedará entrampada entre lo posible y lo ético…

Es tiempo de abrir caminos, limpiar los campos para sembrar el maíz, este es un instante para pensar en la unidad, en la acción y el compromiso por los grandes valores, por la liberación de los pueblos, por la dignidad y contra todas las injusticias: No hay opciones entre lo posible y lo ético. Esta confrontación de ideales y palabras debe quedar dilucidada en la práctica concreta.

Cuando hayamos desbrozado los ejidos, podremos homenajear dignamente ese tránsito bestial y doloroso de su muerte, la del Che… pero eso sí, revalorizando su vida, su alegría por la lucha, la misma alegría que sienten y sintieron tantos otros cuando lograron infligir una derrota a los poderosos.

 enviado por Argenpress a koepyahu

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