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Interpretando la filtración de Wikileaks

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Interpretando la filtración de Wikileaks

Marcos Roitman Rosenmann   

El motivo implícito es tratar de rearmar una derecha beligerante en EE.UU. con aliados internacionales, donde China e Irán son los enemigos a batir.

Algo huele a podrido. El contenido de los documentos redactados por funcionarios de las embajadas de Estados Unidos emplazas en el mundo no puede dejarnos indiferentes. En primer lugar podemos constatar el bajo perfil y la mediocridad de quienes redactaban dichos memorandos. Ahora bien, la ingenuidad política no existe. Por este motivo cabe preguntarse, sin ánimo de incordiar: ¿cuál ha sido la razón por la cual Wikileaks dio la exclusiva a cinco empresas privadas de la comunicación? Lo que en principio debía ser acto de democracia informativa se transforma en un show mediático. Cuesta digerir la decisión de Wikileaks, más aún cuando los cinco medios elegidos: Le Monde, The Guardian, The New York Times, Der Spiegel y El País, optaron por actuar al unísono y poner en conocimiento del Departamento de Estado estadounidense su contenido, antes de lanzarlo al público. Así comienza la adulteración. ¿Tal vez Wikileaks pensó en proteger a los informantes y de paso evitar un linchamiento a sus principales directivos? Un quid pro quo.

En cualquier caso, en medio de las campañas para desprestigiar, silenciar, ahogar económicamente y pedir la cabeza de Julian Assange, fundador y editor jefe de Wikileaks, lo cierto es que son cinco trasnacionales de la comunicación las encargadas de seleccionar los documentos que salen a la luz pública. Como si se tratara de una telenovela, cada entrega desvela protagonistas cuyas miserias, fantasmas e interioridades no dejan de impresionarnos. Así, se descubren dirigentes megalómanos con delirios de persecución, siempre pidiendo a Estados Unidos que solucione sus problemas y ponga orden en el mundo, y de paso les dé una manita para seguir con sus reaccionarias políticas domésticas. Pocos se escapan. En países europeos, asiáticos, latinoamericanos y africanos emergen los perritos falderos. México, Colombia, Arabia Saudita, Pakistán, España o Italia. Pero lo dicho no es una sorpresa, forma parte del seguidismo de dirigentes de poca talla política e intelectual que hoy gobiernan el mundo, productos del marketing electoral y cuyos méritos consisten en plegarse a los designios de las trasnacionales y el capital financiero.

En cuanto al contenido de las filtraciones estamos aludiendo a las cloacas del poder. No son documentos oficiales desclasificados, cuyo valor histórico sobrepasa la coyuntura y facilita comprender las decisiones de Estados Unidos en golpes de Estado, procesos desestabilizadores o crisis internacionales. Por tanto, la filtración de más 250 mil documentos facilitados por Wikileaks, a mi modo de entender, conlleva hacer públicas las dos caras de un proceso de oligarquización del poder donde se ha perdido el referente ético del bien común como una parte constituyente del quehacer político. En esta lógica, asistimos a una pérdida del control ciudadano sobre quienes tienen la representación del poder en las instituciones públicas y lo han delegado a los poderes fácticos que actúan tras bambalinas y mueven los hilos de cuanto polichinela se presta a sus intereses. Los nuevos amos del mundo tienen una doble personalidad. Son el doctor Jekyll y mister Hyde. Por la mañana mantienen los modales, las buenas maneras, llenándose la boca con discursos sobre los derechos civiles, el estado del bienestar y la justicia social, pero nada más anochecer sufren una mutación que les convierte en verdaderos déspotas, tiranos y asesinos de las libertades civiles y los derechos ciudadanos.

No tienen escrúpulos y son capaces de todo. Nada los detiene con tal de lograr sus objetivos. Si se trata de comprar voluntades basta con corromper, untar con dinero, traficar con mujeres, apoyarse en la mafia, la camorra, el crimen organizado y convertirse en mecenas. Regalan joyas, financian campañas electorales o simplemente les ofrecen vacaciones de lujuria, donde no falta nada. El paquete es completo. Se ha cruzado la línea y no hay vuelta atrás. Las reglas del juego democrático ceden su lugar al juego de todo vale. El verdadero alcance de la filtración de Wikileaks es poner el dedo en la llaga del poder. Me refiero a la razón de Estado, el auténtico tabú sobre el cual se fundamenta el ejercicio del poder en actuales sistemas políticos donde la democracia representativa cede su lugar a una plutocracia que la prostituye en su propio beneficio.

Seguramente quienes han filtrado los documentos sean funcionarios de la CIA, el Pentágono, el Departamento de Estado o la Casa Blanca, todos comprometidos con una estrategia común, cuyo objetivo no consiste en sacar las vergüenzas de Hillary Clinton, el servicio exterior o el presidente Obama, sino tiene más altos vuelos. Poner al descubierto conversaciones, opiniones, chascarrillos y comentarios poco acertados no explica la filtración. Mucho de lo expuesto son verdades particularmente evidentes y lugares comunes, sin desmerecer. Pocos dudaban del apoyo prestado por Estados Unidos al golpe de Estado en Honduras, de sus políticas desestabilizadoras en Venezuela, Bolivia o Ecuador, ni cuestionaban la complicidad de España y Zapatero autorizando los vuelos de la CIA. Y si damos un vistazo a los epítetos sobre Berlusconi, Sarkozy, Moratinos, la presidenta de Argentina, Cristina Kichner, tampoco se alejan del guión. Creo que el motivo implícito es tratar de rearmar una derecha beligerante en Estados Unidos con aliados internacionales comprometidos con un nuevo orden mundial en el cual China e Irán son los enemigos a batir. Un escenario de guerra nada utópico.

La Jornada - Tomado de la Haine

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