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Hegel, Marx, Lenin y la Revolución en el pensamiento y la pasión de Raya Dunayevskaya

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“Hegel, Marx, Lenin y la Revolución en el pensamiento y la pasión de Raya Dunayevskaya: ¿cuál es su relevancia para la América Latina del siglo xxi?” Eugene Gogol

Este año se celebra el centenario del natalicio de Raya Dunayevskaya (1910 – 1987). Los tiempos actuales, a finales de la primera década del siglo xxi, son muy diferentes de aquellos que Raya Dunayevskaya enfrentó en la primera mitad del siglo xx. Ya ha colapsado el imperio ‘capitalista de estado’ soviético, que había surgido con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, desafiando a los Estados Unidos durante cuatro décadas en el dominio hegemónico del mundo. Ya no estamos más en presencia del mundo bipolar que Dunayevskaya constantemente estudió, sino en un mundo unipolar regido por una superpotencia hegemónica. Se ha disipado la posibilidad de la subjetividad revolucionaria, como fue expresada en los movimientos sociales y revoluciones de izquierda, vibrantes en las décadas del cincuenta, sesenta y setenta, mientras que muchos movimientos religiosos fundamentalistas están en auge. A diferencia de la época en la cual las ideas del marxismo eran debatidas abiertamente y con entusiasmo, mucho del pensamiento posmoderno refuta la idea de la revolución, censura cualquier cometido revolucionario del pensamiento dialéctico y se cuestiona la existencia de la subjetividad revolucionaria.

Si examinamos brevemente las tres dimensiones que caracterizan los tiempos actuales: 1) un desenfrenado capitalismo globalizado bajo la Pax Americana; 2) la amenaza de un oscurecimiento del pensamiento dialéctico y 3) la falta aparente de un concepto de la subjetividad revolucionaria, entonces el ‘nuevo comienzo’ que Dunayevskaya estuvo forzada a buscar seis décadas atrás, parece ser necesario para estos tiempos.

El capitalismo globalizado bajo bandera neoliberal se ha mezclado con la Pax Americana en su más reciente manifestación: la guerra contra inhumano del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, la administración Bush —primero con el aniquilamiento de los Talibanes en Afganistán y luego con la invasión y la ocupación de Irak— completó el movimiento que a lo largo de una década pasó de “la guerra contra el comunismo” a “la guerra contra el terrorismo”, como principio organizativo para el establecimiento de un dominio incuestionable de los Estados Unidos en el exterior, mientras se socavan las libertades civiles en su propio país. El presidente Obama ha dado continuidad a la guerra contra el terrorismo, incrementando la guerra en Afganistán y nuevos ataques en Pakistán.

El capitalismo globalizado dirigido por los Estados Unidos es desenfrenado y constituye el centro del esfuerzo estadounidense por lograr el dominio único del mundo. La invasión económica en cada continente, en particular en los países tecnológicamente menos desarrollados y la forma neoliberal virulenta del capital imponen fuerzas privatizadoras de “libre” mercado sobre todas y cada una de las actividades de ellos. La mercantilización de todas las dimensiones de la vida y del trabajo humanos y de cada expresión de la diversidad de la naturaleza ha alcanzado una intensidad nunca antes imaginable.

En el “primer mundo”, una tecnología de orientación capitalista continuamente transforma la producción industrializada, automatizada y computarizada. El trabajador vivo cada día se convierte más en el otro, en un desecho del capital, ya sea despedido del trabajo, o atrapado en uno de tipo rutinario, fragmentario y alienado. La apariencia constantemente transformada del capital, unido este en matrimonio con la tecnología, enceguece a algunos teóricos en lo que a la esencia del capital se refiere, la extracción del valor y de la plusvalía del trabajo vivo del obrero. La así llamada “era de la información”, como opuesta a la era de la industrialización, o a la era de la automatización, ha intensificado la ilusión de que la creación de valores por parte de los obreros y su excedente ya no es el núcleo central de la acumulación de capitales. Y no solamente los pensadores burgueses, sino los pretendidos pensadores radicales y científicos sociales se han alejado del punto de vista de que son las condiciones materiales del trabajo y la producción las determinantes principales de nuestra existencia social. La gran recesión de 2008-10 ha dado muestras una vez más de la falsedad del capitalismo especulativo, perseguidor de dinero. No es de extrañar que incluso la burguesía ha vuelto a la lectura de Marx.

Artículo Completo

FuenteRevista Dialéctica nº 43

Tomado de marxismo critico: 19/12/2012

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