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La guerra de las palabras y de las imágenes

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Siria
La guerra de las palabras y de las imágenes
www.michelcollon.info
 
Sin duda no lo sabíais. Y con razón. En ese país, han habido 250.000 desapariciones forzadas en 20 años, de las cuales 34.467 entre 2005 y 2010. En una sola fosa común situada cerca de una caserna militar, han sido encontrados no menos de 2000 cuerpos. Los oponentes políticos se echan como pasto para los caimanes, los rebeldes se arrojan vivos en hornos crematorios, los sindicalistas se eliminan a miles, los pueblos se bombardean por la aviación, los jóvenes se recogen en la calle, se llevan al bosque, se ejecutan y luego se visten como combatientes por sus asesinos para hacer creer que fueron asesinados durante enfrentamientos militares, los militantes de derechos humanos que denuncian la barbarie se eliminan en plena calle, los verdugos del pueblo se benefician de la impunidad, cerca de 600.000 personas han sido desplazadas entre 2010 y 2011. Tenemos aquí todas las características de una dictadura que asesina a su pueblo. Y sin embargo, a ese régimen nunca se le describe como tal por nuestros medios. Normal, es el Estado colombiano, niño mimado de Washington, Paris y Tel Aviv. En resumen, es un régimen amigo… 

Para saber si nuestros medios son realmente libres como lo pretenden, no hay nada mejor como comparar el tratamiento mediático de los conflictos que desgarran a Colombia, Estado alineado al «mundo libre» y a Siria, patito feo del eje del Mal.

Cuando los medios occidentales hablan de Siria, la palabra «chabbiha», para designar a las fuerzas civiles lealistas, aparece una y otra vez. Los chabbiha son acusados de crímenes bárbaros a cuenta de Damasco.

Pero, ¿habéis oído siquiera hablar de las Autodefensas unidas (AUC), de los «Bacrim» o de la Fuerza Omega que hacen estragos de manera cotidiana en Colombia?

En los medios occidentales, está prohibido hablar de «revolución» y de insurrección popular en Colombia.

En cambio, los cirujanos estéticos de las cadenas TF1, RTL o France 24 trabajan a destajo para transformar el look de los yihadistas que actúan en Siria, en zapatistas floridos.

En Colombia, los centenares de miles de campesinos pobres, de indígenas que están implicados a diversos niveles en la resistencia armada no tendrían nada que ver con el pueblo.

En cambio, la insurrección anti-baasista seria la «revolución» de «todo un pueblo» y eso, a pesar de la existencia de millones de ciudadanos sirios que expresan una hostilidad salvaje hacia la oposición y una lealtad infalible hacia el gobierno.

Nuestra prensa califica la revolución colombiana de «terrorismo», de «gang», de «maffia», o aun de «narco-guerrilla». Sin embargo es más emancipada y menos depravada que la pretendida «revolución siria», esa infeliz cortesana encerrada en el harem de los reyes del Golfo.

Marie Delcas, corresponsal del diario Le Monde (30 mayo 2012) titulaba «La amenaza de las FARC todavía ronda».

¿Podríais imaginar aunque fuera sólo por un instante que el Ejército sirio libre fuera considerado como una amenaza?

Cuando la dictadura colombiana comete crímenes, siempre se le perdona. En el caso del régimen terrorista de Bogotá, no hay ni indignación, ni sanción, ni resolución del Consejo de seguridad de la ONU, ni amenaza de intervención militar, ni campaña de sensibilización a favor de las víctimas de la dictadura, ni discusión sobre armar a los rebeldes, ni aprovisionamiento de «material no letal».

Sobre todo no os arriesguéis defendiendo a las Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (FARC), principal movimiento de resistencia contra el régimen de Bogotá, terminareis detrás de los barrotes por apología del terrorismo, y peor todavía, excomulgados por la Inquisición de la burguesía bohemia, por blasfemia ideológica o por herejía estaliniana.

Al contrario, defender a los que cortan el cuello, a los que despedazan, a los saqueadores, a los genocidas de Al Nosra o del ESL que masacran al pueblo sirio con la ayuda de la CIA, a las monarquías oscurantistas del Golfo y a los gobiernos europeos que no tienen más estima por sus propios pueblos que por el pueblo sirio, eso sí que es humanista.

Si habláis de resolución política del conflicto en Colombia, se os sospechará de simpatía hacia las FARC porque «no se negocia con terroristas». Y si habláis de resolución política del conflicto en Siria, se os sospechará de simpatía hacia el presidente Assad porque «no se negocia con dictadores».

Por último, pero no menos importante, las víctimas de la represión del régimen sirio tienen derecho a todas las lágrimas que se derraman, y eso es legítimo. Pero jamás las víctimas del régimen colombiano. Esas no tienen ni voz, ni sueños, ni rostro.

¿Habéis dicho condicionamiento ideológico?

¿Habéis dicho indignación selectiva?

Fuente : www.michelcollon.info (Investig’Action)

Traducción : Collectif Investig’Action

Tomado de rebelion.org

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