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Colombia. Marcha Patriótica: Vuelve Bolívar

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Colombia. Marcha Patriótica: Vuelve Bolívar

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11.May.12 

Entre los días 21, 22 y 23 de abril se llevó a cabo en Bogotá el lanzamiento del nuevo movimiento político Marcha Patriótica por la Segunda y Definitiva Independencia, su éxito retumbará durante mucho tiempo. Un movimiento fundamentado por un multitudinario Consejo Patriótico Nacional, gestor y depositario de poder popular que ya ha provocado “el temblor de las charreteras del militarismo”, como tan magníficamente lo describiera un comunicador popular colombiano.

Más de cien mil personas entre campesinos, obreros, indígenas, estudiantes, sindicalistas, desempleados, vivienditas, artistas, más de mil quinientas organizaciones populares y cien delegados internacionales, dieron un golpe contundente al brutal régimen colombiano que sobrevive entre fuertes contradicciones, violencia y malabarismos demagógicos. La dimensión del triunfo de la Marcha Patriótica es enorme, en razón a que se da en un país en guerra, con un régimen que no ha dudado nunca en masacrar de las formas más viles a miles de compatriotas con el fin de vaciar la tierra y entregársela al capital extranjero. Por eso el gobierno de Juan Manuel Santos, continuidad solapada del de Álvaro Uribe y al igual que este, una fase más de la estrategia del capital mundial, solo genera repulsión (a pesar de las fabricadas encuestas) de un pueblo que ha tomado la decisión de culminar lo postergado, lo que se pretendió extinguido, lo que se creyó bajo tierra, pero que refulge en las calles y campos de Colombia y en los vientos que recorren un continente entero.

Días antes las FARC – EP hacían entrega unilateral de los últimos diez retenidos (soldados y policías) a pesar de los intentos del gobierno por sabotear a toda costa dicho gesto de paz. La liberación se dio precedida de una de las más alteradas fabulaciones de la oligarquía colombiana, acostumbrada ésta a negar la historia y el conflicto, sentenció también que en Colombia “No hay prisioneros políticos”. Esta frase fluyó por las cárceles colombianas abarrotadas de insurgentes y líderes de movimientos sociales y populares, muchos hechos prisioneros a través de falsos positivos judiciales y sumidos en las peores condiciones de hacinamiento, tortura, amenaza, negación de medicamentos para aquellos que sufren de enfermedades terminales y entorpecimiento para el acompañamiento de familiares y amigos, en clara violación al DIH. La situación es tan grave, que se han presentado suicidios de prisioneros políticos como último recurso para apaciguar la tortura. Los medios de comunicación masivos han silenciado esta realidad reconocida incluso por organismos internacionales de derechos humanos y denunciados a través de huelgas de hambre por los mismos prisioneros.

El Estado pretende desconocer la existencia de presos políticos porque de hecho continua negando el conflicto social y armado, lo que no le impide militarizar una ciudad entera, que en medio de una Cumbre de los Pueblos aglutinante que declaró a Obama persona no grata-, le permitiera vigilar, reprimir y garantizar de esta manera la indecorosa llamada Cumbre de las Américas. Piedad Córdoba la caracterizó acertadamente como “una Cumbre de negocios”. Por otra parte su objetivo político era que Colombia jugara un papel de intermediario entre los E-U y el ALBA para desde allí amparar de la fatiga a la OEA; lo anterior fue un rotundo fracaso. No fue una Cumbre sin consenso sino una “con consenso sin Washington” como lo afirmó Fidel Castro, en una de las reflexiones que publicamos en esta edición. De hecho hubo consenso entre la mayoría de los presidentes asistentes y no asistentes en cuanto al derecho soberano de Argentina sobre las Islas Malvinas y respecto a la necesidad inobjetable que Cuba participe de los encuentros continentales y que no habrá otra Cumbre de las Américas sin la participación de la Isla.

Todo esto sucede en momentos en que Juan Manuel Santos pregona prosperidad, optimismo y declara insistentemente que las llaves de la paz las tiene él, como si la paz, su búsqueda y construcción no fuera un deber y un derecho constitucional, como si la paz dependiera de la decisión de la oligarquía que vive del conflicto armado y como si el pueblo colombiano que se ha sobrepuesto a la histórica ignominia y a la muerte en serie (prospera industria del régimen), dependiera de una llave y no estuviera dispuesto a tumbar cualquier puerta que le impida continuar su camino de construcción de poder popular y paz con justicia social.

Feroz con el pueblo y dócil con las transnacionales, días después de la Cumbre de negocios (o aun en ella) el presidente Santos declaró: “Nosotros no expropiamos” se lo comunicó a los más belicosos expropiadores globales y en su consabida obediencia dejó claro con esto que su gobierno solo legitimará la expropiación y la legalización del despojo de las tierras de millones de campesinos colombianos, lo que delinea un contorno más de ese cuadro macabro pincelado con miles de asesinatos extrajudiciales, fosas comunes, desapariciones, desplazamiento forzado y represión contra el pueblo.

Colombia venía ya del circo de las elecciones presidenciales y regionales con la presentación de malabaristas, hombres bala, equilibristas y lanzallamas, donde el extravagante porcentaje de abstencionistas en un país que se jacta de ser la democracia más estable del continente, prefirió no entrar a ver la monótona y reiterativa función en la carpa desecha de la participación electoral. “¡ya no votarán los muertos a favor de los corruptos!” advirtió Santos en aquel entonces. Las preguntas acudieron a borbotones; ¿Y entonces por quién votarán los muertos en esta ocasión? ¿Por quién votaron en las elecciones presidenciales donde Santos fue el ganador?, ¿No habían usado ya más de un millón de cédulas de muertos a favor de Álvaro Uribe? ¿Fueron estas las cédulas de los miles de asesinados por el mismo régimen fascista usadas después como en un deliberado absurdo para legitimar el mismo régimen necrófilo que los torturó y asesinó?

Lo cierto es que en esta ocasión, la fiesta estuvo en los pueblos de Colombia, en doce departamentos se vivieron sublevaciones populares contra el fraude, el trasteo, la compra y venta de votos. El presidente solo atinó a afirmar, mientras se incendiaba medio país, que aquello eran motines ya controlados y que fueron “provocados por malos perdedores”, pero en realidad fue más que eso, fue la expresión de nuevas dinámicas de veeduría popular, de un nuevo activismo del histórico abstencionismo y de nuevas formas de participación del pueblo. Los fraudes se anunciaron días antes, el gobierno militarizó los municipios donde se preparaban y quedo claro para el país que las tropas llegaron para garantizar la ejecución de la estafa electoral y no para evitarla, de hecho este gobierno lo es en gran medida gracias al fraude cometido desde el Ministerio de Defensa Nacional y los computadores de la SIJIN en las pasadas elecciones presidenciales.

Miles de ciudadanos no aguantaron más la burla y por ello los blancos de las huestes populares fueron decenas de alcaldías, registradurías y residencias de políticos corruptos. La diana de la ira popular fue el Estado. El pueblo ilegitimó el régimen y su mecanismo principal de reproducción.

Hoy la gran encrucijada de Santos es, ¿Cómo legitimar la continuidad de una política fascista? ¿Cómo construir el régimen colombiano un “liderazgo” regional si hay un pueblo encendido que decididamente ha tomado el camino de la definitiva independencia? Quizás con la fabricación del mito de un nuevo tono y un aparente nuevo estilo, apartado de la algarabía Uberrima, pero cuyas diferencias no trascienden más allá que en la relativa reducción de sufragios ya que ahora se remiten a los lideres populares amenazas oscuramente elegantes, tales como la enviada a los coordinadores de la Marcha Patriótica en el dpto. del Atlántico el 18 de abril, en la cual se les sugiere abstenerse de desarrollar las actividades de movilización de lanzamiento del nuevo Movimiento Político, esgrimiendo: “No cree usted que se está poniendo en riesgo tanto su vida como la de las demás personas.. Le invito a la reflexión, debido a que con esta decisión se está poniendo en desasosiego la tranquilidad de cada uno de los padres y/o familiares que quedan a la expectativa de un feliz retorno.”

Mientras crecen las amenazas y asesinatos contra los líderes del pueblo y se atiborran las cárceles de miles de presos políticos y de conciencia, se ensalza a los verdugos. Porque en sobrecogedores momentos de crisis como los que vive Colombia, los opresores recurren a la política del absurdo. Ahora resulta que un prófugo de la justicia colombiana como Luis Carlos Restrepo, ex comisionado de paz, es una victima de la justicia. Ese mismo que fue cómplice de la jauría, el que pretendió en un país cubierto de fosas comunes exhumar a partir de falsas desmovilizaciones y quiméricos combatientes, la barbarie de la que ha sido más que un incauto testigo y declarar después la paz de los sepulcros. Es un evidente absurdo asemejar como lo hace José Obdulio Gaviria (seudológico del fascismo criollo que alucina con Rajoy) el cinismo delincuencial del ex – comisionado de paz con la defensa revolucionaria de Fidel Castro frente a la dictadura de Batista, para presentar un engañoso argumento que demuestre que en la historia muchos incluido aparentemente Restrepo no reconocen la jurisprudencia de un Estado y se revelan frente a ella. Ahora resulta que los prófugos del régimen colombiano no solo serán absueltos por la historia a pesar que hace poco la negaban siguiendo los sofismas de Fucuyama, sino que el ex comisionado según José Obdulio es un hombre dialéctico. Lo creeríamos si Uribe, Obdulio y el “Doctor Ternura” reconocerían el conflicto político, social y armado y la necesidad histórica de su superación dialéctica, es decir su propia declinación como clase y el reconocimiento de la crisis de su desconsolada ideología. Por el momento su dialéctica se limitará a ser el componente negativo de la misma.

Esta defensa al show de la paz del gobierno de Uribe se hace mágica cuando además William Ospina el mismo que escribió Ursúa y el País de la Canela, sale en defensa del ex comisionado, en su articulo de opinión titulado “Un gran hombre en peligro” publicado en El Espectador, según el cual el ex comisionado de paz Luis Carlos Restrepo es un hombre honorable, manipulado y traicionado. Es difícil creer esto y es chocante y hasta pecaminoso, percibir la coincidencia con la opinión del uribismo al respecto.

Pero más allá del circo de la política de la elite colombiana, se construye otra política, más real, histórica y portadora de futuro, que da forma a un proceso que desde el día 23 de abril del 2012 es movimiento social y político colombiano. Movimiento que expresa un acumulado histórico de luchas, en cuyo interior se desenvuelve una democracia que circula, la popular, horizontal, que emerge de lo local, se fortifica en lo departamental, regional, se hace fenómeno histórico nacional y se hace poder porque solo tiene razón de ser en su origen, en el constituyente primario. La Marcha Patriótica es, construye y articula poder popular, y al hacerlo es poder político de facto. De allí que su fuerza sea la expresión de la lucha permanente de múltiples sectores sociales, de esa Colombia mutilada, ocultada y silenciada, que resiste avanzando, que resiste desde la ofensiva, que no es que haya despertado porque nunca estuvo dormida, sino que se organizaba en medio de la muerte. La solución política al conflicto social y armado, soberanía nacional, la dignificación y humanización del trabajo, la integración latinoamericana, el internacionalismo, reformas agraria y urbana integrales, reparación integral a las víctimas de la violencia estatal y paramilitar, son extensores vertebrales de su plataforma.

Sin embargo la Marcha Patriótica convoca toda la solidaridad de los pueblos de Nuestramérica y el mundo, porque las charreteras del régimen colombiano se estremecen pero violentamente. En una semana el balance es alarmante: Dos dirigentes regionales desaparecidos y un escolta de uno de los líderes del Movimiento Nacional de Víctimas y de la Asociación Nacional de Desplazados asesinado. Esta claro sin embargo que el pueblo de Colombia apresura el paso audaz, anuncia Paro Cívico Nacional para el mes de octubre, sabe que no tiene nada que perder, excepto las cadenas que durante décadas lo han lacerado.

 tomado de la Rosa Blindada

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