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Acerca de las opiniones de Iván Maiza sobre el caso Joaquín Pérez Becerra

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3/5/2011

Acerca de las opiniones de Iván Maiza sobre el caso Joaquín Pérez Becerra

por Narciso Isa Conde    

Lo que no imaginó Joaquín es que la degradación de la política exterior Venezolana en relación con Colombia y otros temas, pudiera llegar a estos extremos

No conozco a Iván Maiza, no se quien es, ni cuales funciones tiene o no tiene en el gobierno de Chávez, en el proceso venezolano o en los medios oficiales.

Leí su articulo en Telesur y creo que ese medio hizo muy bien en publicarlo, solo que debería también hacer lo mismo con las opiniones de quienes hemos criticado la decisión del Ministerio de Información, de la Cancillería y del propio presidente Chávez de colaborar con el carnicero Juan Manuel Santos y su equipo cívico-militar en la detención ilegal y posterior extradición del camarada Joaquín Pérez Becerra.

Maiza está permanente y prejuiciadamente “asombrado” por la capacidad que según él tiene la izquierda latinoamericana -y yo le agrego y caribeña- para “ir hacia delante sin mirar a los lados, sin planes a largo plazo”. Su blanco de ataque en este caso no es la izquierda dogmática, sino más bien la revolucionaria y partidaria de la creación heroica escondiéndola en un rótulo general para tratar confundir a los menos duchos.

No se debería, sin embargo, hablar de “la” izquierda latinoamericana, sino de “las” izquierdas, dada su diversidad y seguro de que las generalizaciones son dañinas e inconsistentes, empleadas además para salirse del paquete cuando se pretende una política “Light” o agradable a la reacción.

Sucede además que el autor del artículo titulado “Acerca de Joaquín Pérez Becerra” no se ha percatado –o se resiste a hacerlo- de que también existe una izquierda que dice mirar a los lados y hacia el horizonte estratégico para desmontarse del tren, renegar, conciliar con el enemigo y entrar en la “lógica” del pragmatismo y del posibilismo reformista o seudo-reformista.

El apresamiento ilegal de un revolucionario consecuente, perseguido a muerte, sujeto de tortura, jamás podría ser considerada “necesidad” de un proceso revolucionario, si el mismo anda bien. Su extradición a manos del enemigo, violando derechos universalmente consagrados, pasándole por encima a su nacionalidad sueca, jamás podría considerarse ser “cuestión vital” para la defensa de una revolución verdadera ni componente esencial de su “estrategia” de supervivencia.

Esto más bien podría ser parte de una ruta de concesiones que bien podría desembocar en la muerte o degradación de la revolución emprendida.

Maiza califica de “triste y lamentable, doloroso y bochornoso” el hecho comentado y condenado, pero al mismo tiempo se decide por “no culpar en lo mas mínimo” a los camaradas que “tuvieron que realizar esa abominable” medida y opta entonces por expresar su solidaridad no con la víctima y sus familiares, sino con los victimarios; declarando a la vez, en típico gesto de alcahuetería, que “de seguro el comandante Chávez debe haber sufrido mucho” por esa situación.

Presenta, en consecuencia, un Chávez débil, tonto y pendejón (contrario a lo que ha sido su trayectoria); y sugiere un proceso bolivariano tan indefenso -y pusilánime- que no puede ni siquiera contrariar al presidente malandro y guerrerista del país vecino en un pedido canalla y de baja categoría y, por demás, violatorio de normas internacionales, derechos consagrados y principios de humanidad.

Si tomamos en serio ese criterio de Iván Maiza, quien tiene capacidad de mando en Venezuela ya no es el comandante Chávez sino el truhán Juan Manuel Santos (con Obama detrás). En su opinión la “amistad” entre ambos países habría quedado maltrecha si el Comandante se hubiera negado a hacer lo indebido, con graves perjuicios para la parte venezolana.

Por eso entre “detenerlo” y “no detenerlo” (a Joaquín), Chávez prefirió –según Maiza- lo primero; dado que en su opinión (repetida ahora por no pocos acólitos) al gobierno bolivariano le convenía mas que le cayera encima una izquierda que “va palante” sin ver a los lados, que optar por “joderse con un vecino malandro, belicoso y apoyao”.

Equiparaciones inaceptables e indecentes

Eso es lo que piensa este señor y puede que lo haga resistiéndose a ser “obtuso” como supone es la izquierda que critica, inclinándose entonces por usar argumentos estúpidos, indecentes y perversos para justificar lo injustificable.

Pienso que al Comandante, en el fondo de su alma, no le debe agradar que lo minimicen de esa manera. Esa –en la lógica del alabardero- es otra forma de hacerlo sufrir, y mucho.

Pienso además que se ofende la inteligencia colectiva del pueblo bolivariano cuando se afirma que deteniendo a Joaquín “se perdía” y que no deteniéndolo “se perdía” también, equiparando ambas decisiones como pura “mierda”.

Mierda si sí y mierda si no. Mierda como quiera, porque solo eso podía generar que a Joaquín “lo montaran” en un avión rumbo a Caracas

Quizás no sea “obtuso” decir todo esto, pero si es mentiroso, tramposo y pérfido sustentar tales argumentos sin empacho en trastocar desvergonzadamente y sin rubores la escala de valores humanos y la ética revolucionaria.

Deteniéndolo y entregándolo se cedió soberanía.

Se violaron principios humanitarios.

Se aceptó y compartió el estigma, la calumnia y el recurso “falso positivo” de Uribe y de Santos.

Se violó no solo el principio de solidaridad latino-caribeña e internacionalista de toda la revolución de verdad, sino incluso la neutralidad del Estado Venezolano frente al conflicto interno colombiano.

Se entregó al sufrimiento, a la tortura, a un revolucionario ejemplar, solidario con Chávez y la Revolución Bolivariana desde su quehacer independiente, colombiano, auto-determinado. Igual se agredió a sus seres queridos

Se afectó gravemente la confianza de aliados estratégicos del proceso venezolano (a quienes hoy se nos llama “ultraizquierdistas” y se nos compara con bandidos de la derecha), para complacer a un enemigo jurado de esa revolución, hoy camuflado de amigo

Esa es la gran mierda, no otra.

No entregarlo era dignidad, decoro, la firmeza; sin que negarse a ese pedido perverso -cargado de ilegalidad y abuso- pudiera ser argumento sólido para poner en riesgo la coexistencia pacífica entre los dos estados y los dos gobiernos como falsamente se pregona.

Porque de ser así habría que arribar a la conclusión de que para evitar esos designios de guerra Chávez tendría que ceder a todo lo que Santos le pida, hasta rendirse vergonzosamente.

Más allá de la superficie

¿O es que hay cosas ocultas, debilidades mayores que no se dicen y que no tienen que ver puntualmente con el tema de la seguridad, la insurgencia y el caso Joaquín?

¿A qué viene el paralelismo que hace Iván Maiza con las negociaciones con el Lobo de Honduras con mediación de Santos?

¿A qué viene lo de tal Makled, narco-delincuente en vía de ser extraditado de Colombia a Venezuela?

¿Valdrán la pena todas esas concesiones políticas por este caso ya interferido por las autoridades estadounidenses, quienes ya lo interrogaran previo a su dilatada ex-profeso salida de Colombia?

¿No podrían ser éstas señales de un entrampamiento que se quiere presentar como una “gran estrategia” dentro de una flexible sabiduría táctica?

¿Es el simple caso Joaquín que según Maiza tiene “preso” al Comandante?

¿O es que no se decide a despojarse de lastres y escorias muy costosas aunque aparentemente leales?

Hay muchas sinuosidades en esta forma de defender lo indefendible. Pero donde lo pérfido rompe récords mundiales es cuando el “justificador” de esta criminal extradición le atribuye al viaje de Joaquín a Caracas el carácter de una estratagemas para joder a Chávez y al gobierno bolivariano y se pregunta varias veces “quien lo montó en el avión”, para luego insinuar “infiltración y conexión con el DAS” colombiano y sus padrinos imperiales, inducción de la inteligencia enemiga y/o, en el mejor de los casos, provocación meditada ex profeso para dañarle el plan estratégico a la alta dirección del proceso bolivariano.

Idea falsa y machacona

En el discurso de Maiza se machaca la idea de que Joaquín estaba tranquilo en Suecia haciendo su periódico y que por tanto la decisión de salir hacia Venezuela solo se le pudo ocurrir a quienes tenían intención de hacerle daño a la revolución de ese país, como forma de sembrar desconfianza respecto a una decisión y un derecho que han ejercido muchos/as revolucionarios/as del mundo con documentación legal, precisamente por la confianza y garantías que ha ofrecido la revolución bolivariana a lo largo de su existencia

Ejercer la libertad de transito, visitar un territorio liberado de América, asistir a un encuentro de revolucionarios, ser invitado o decidir viajar por cuenta propia a la tierra natal de Bolívar, ahora en tren de cambios sociales y de contribución a la segunda independencia, es el pecado capital que le atribuye Maiza al comunicador sueco-colombiano y a sus anfitriones.

Sobre todo porque se trata de un perseguido a muerte por el oprobioso régimen colombiano, la CIA y el MOSSAD. Porque es uno de los criminalizados por los fantasiosos datos extraídos de las computadoras del comandante Raúl Reyes (FARC).

Ese es también mi caso y el de otras/os revolucionarias/os solidarios con la resistencia popular, con la causa de la libertad y con la sufrida oposición colombiana. Es el caso del propio Chávez por su pasado rol en el tema del intercambio humanitario y del reconocimiento a las FARC y al ELN como fuerza beligerante.

Joaquín no es un mequetrefe. Tiene cabeza, pensamiento y capacidad de decisión propias, independientemente de sus legítimos compromisos políticos de toda una vida y a riesgo de su existencia como ser humano.

Nadie lo “monto en un avión”. Nadie puede manipular un comunicador, un cuadro político de esa trayectoria, independientemente de que lo invitaran o no a ir a Caracas, de que conviniera o no su viaje y su estancia y labores en ese país hermano con otros actores del movimiento popular.

Joaquín, como todos los criminalizados por ese régimen asesino y por EEUU, sabe los riegos que implica desplazarse de un país a otro e incluso hacer una vida normal en nuestro lugares de de residencia.

Lo que no imaginó Joaquín es que la degradación de la política exterior Venezolana en relación con Colombia y otros temas, pudiera llegar a estos extremos. Quizás pensó que a lo mas grave que podía llegarse era a entregar guerrilleros, pero de seguro que para él, como para todo el mundo, era inimaginable que el gobierno bolivariano, su Cancillería, su servicios de inteligencia, su presidente… se pudieran prestar a capturarlo en el aeropuerto y enviarlo a la cueva de las hienas. Nadie pensó que las cosas pudieran llegar a esos extremos. Nadie.

Yo nunca pensé que se podría correr ese riesgo a nivel oficial-institucional en la Venezuela de Chávez. Por eso en condiciones parecidas a la de Joaquín, después de limitar limite mis viajes al exterior, seguí visitando a Venezuela en vuelos directos, cumpliendo compromisos derivados de invitaciones de partidos hermanos, movimientos sociales, alcaldías y eventos oficiales.

Ahora todo mundo me dice: “no se te ocurra ir por ahí”. Y es que son claras ya las evidencias de que el gobierno Venezolano dejó de ser neutro y se parcializó en el conflicto a favor de ese engendro contrarrevolucionario que preside ahora Juan Manuel Santos.

El propio Ministro de Defensa de Colombia, Rodrigo Rivera ha declarado que en el caso Joaquín “de forma resuelta, sin vacilaciones, el gobierno de Venezuela, en un tema coordinado con el presidente Chávez directamente, nos ha respondido enviándolo a Colombia. Y nos han dicho que frente a cualquier información como esta que les demos, ellos van a responder de la misma manera" (Aporrea 01-05-11)

¿Insólito? Lo fuera si no se estuviera produciendo en Venezuela una usurpación del proceso hacia la revolución por una elite partidocratica, tecno-burocrática que controla resortes fundamentales del poder estatal.

Engaña-bobos

Las explicaciones que Iván Maiza ofrece sobre lo que podría haber pasado si Chávez no satisface la demanda de Santos respecto a Joaquín son propios de la familia de los “engaños- bobos”.

Las elecciones –según él- se perderían por falta de toallas, pañales, papel higiénico, materiales de construcción, alimentos…Complacer a Santos –agrega- es la garantía para que no haya guerra, para evitar, un aumento en el gasto militar y para detener la “casería vicarial” de líderes populares.

Nada tienen que ver la corrupción, la ineficiencia burocrática, los privilegios escandalosos, la incapacidad para superar la economía rentista petrolera, la distancia entre el discurso socialista y el curso capitalista de la sociedad... en el desgaste electoral y político que afecta el proceso.

Nada tienen que ver las postergaciones de las expropiaciones de los grandes intereses financieros, mediáticos, agropecuarios, comerciales e industriales en poder de la burguesía dependiente.

“La sociedad Venezolana no avanza -según Maiza- hacia el socialismo al ritmo deseado” porque “la economía rentista se niega a dejar de serlo”. Al parecer hilos invisibles lo impiden sin que exista responsabilidad de los gobernantes.

No se quiere reconocer la extensa inconformidad en una parte de la pobrecía bolivariana y de los partidarios de la revolución cansados de inconsecuencias, despreciada por las privilegiadas elites burocráticas, hastiada de la impunidad y las simulaciones practicadas por farsantes vestidos de socialistas.

Y se insiste en actuar con “cautela” contra la contrarrevolución encubierta y abierta, interna y externa. La “cautela” que ha permitido a la derecha política recuperarse. Lo que le ha posibilitado al para-militarismo colombiano penetrar en Venezuela.

¿Quienes sabotean?

Sabotea al que puede, el que tiene poder para hacerlo, no a Joaquín ni sus amigos en Venezuela, todos aliados fieles de la revolución. En todo caso las ordenes del DAS y su padrino la reciben y cumplen los que se empeñan en restarle popularidad al proceso haciendo a nombre de las izquierdas lo que hace las derechas, actuando peor que los social-demócratas mas atrasados.

Se habla de salvar la revolución con una estrategia que cede por las buenas lo que el enemigo se le ha hecho difícil conquistar por otros medios.

En verdad solo la firmeza puede disuadir al agresor. Solo el alto costo de la agresión puede detenerla. Mientras más se le cede al enemigo por la vía suave mas habrá de reclamar: primero el dedo, luego la mano y el brazo... hasta pedirnos la cabeza.

Para atrás, hacia lo profundo de la noche, no hay amanecer posible. Y muy mañana será tarde hasta el propio Maiza, si definitivamente no se pasa a tiempo y plenamente a las huestes de Santos y Obama.

2 de mayo, 2011, Santo Domingo RD.
La Haine

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